ENTREVISTAS

La cultura nunca es aséptica, tendemos a demonizar la cultura del entretenimiento / Entrevista a Marta Sanz sobre Farándula

 

 

  • Los escritores deberíamos resignificar y volver a darle sentido a palabras que poco a poco nos están robando

Farándula es una novela sobre el medio del espectáculo español. Esa sería su definición sencilla. Pero no basta con decir eso para hablar de lo que es en realidad la novela de la escritora española Marta Sanz con la que se hizo acreedora al Premio Herralde de Novela en el 2015 y en donde la autora de novelas como Los mejores tiempos (Premio Ojo Crítico del 2001), Susana y los viejos (Finalista del Premio Nadal 2006), Black, black, black, Un buen detective no se cansa jamás, Daniela Astor y la caja negra, nos demuestra la capacidad crítica que ha desarrollado para entender y escribir sobre la realidad política y social de su natal España.

La novela de Sanz es una novela compleja en su trama, en la construcción de sus personajes, pero también en la forma en la que se ve y se critica la sociedad capitalista y los valores que ha construido. Farándula es una novela construida a partir de las vidas cruzadas de actores de diferentes generaciones, lo cual termina por darnos una visión amplia y profunda de los conflictos y problemas que cruzan y le dan sentido a nuestra contemporaneidad: Daniel Valls es actor que ha tenido éxito internacional pero que sin embargo es detestado por la parte más conservadora de la sociedad española; Valeria Falcón es una actriz exitosa pero también incómoda porque no quiere dejar de lado sus posiciones críticas; Natalia de Miguel es una chica aparentemente inocente que intenta triunfar en ese mundo hipócrita y superficial y que acabará protagonizando un reality show en la tele con bastante éxito; Lorenzo Lucas es un actor que fue serio alguna vez y que ahora se ha convertido en un cínico y descreído, y Ana Urrutia, la gran dama del teatro, una mujer libre, dura, que sin embargo ha envejecido pobre y sin dinero, a pesar del respeto que tanto el público como los críticos de teatro le guardan, y cuya historia nos permite entrever el futuro de muchas personas que a pesar de ser exitosas y trabajadoras no tendrán un lugar dentro de esta sociedad cuando envejezcan.

A partir de estos personajes Sanz desmenuza la situación política de esa España sumida en la crisis económica del 2009 y va construyendo cuestionamientos sobre la posibilidad de tener una opinión crítica personal en medio de sociedades cada vez más mediatizadas y molestas por ser incapaces de alcanzar la prosperidad prometida por la política y los medios. Platicamos con la escritora sobre estas cuestiones que alimentan Farándula:

Javier Moro Hernández (JMH): Tu historia logra presentarnos un mosaico de la sociedad española, sobre la crisis económica, pero también de la sociedad global contemporánea, pero tomando como punto de partida el mundo del espectáculo, de la farándula.

Marta Sanz (MS): Me gusta la metáfora de la novela como un mural, como un fresco, en donde puedes tomar asuntos que podríamos considerar locales, pero que son al mismo tiempo globales, por eso escogí este mundo de los actores que tiene que ver con la crisis económica del 2009 en la cual los actores llegaron a tener un 90% de paro, fueron uno de los colectivos profesionales más golpeados, lo cual me parecía que nos habla del lugar que ocupaba la cultura en mi país, que es un papel secundario, prescindible, pero resulta que la cultura conforma nuestra mirada, nuestra visión del mundo y que está absolutamente imbricado con la educación, y ese maltrato que sufrieron los actores españoles inmediatamente se convierte en un tema global, porque nos concierne a todos, pero también este mundo me habla de la literatura, y Farándula intenta ser una novela en donde yo como escritora proyecto mis propios miedos e incertidumbres, y uno de las grandes dudas que me asaltan como escritora que pretende hablar de la política en ciertas ocasiones, que pretende intervenir modestamente en el espacio de lo real es ¿se puede ser crítico hacia el sistema que te está permitiendo escribir, que te está dando un lugar como escritora? Esa pregunta me lleva inmediatamente a reflejar contradicciones que me superan, como preguntarme si se puede ser altruista y estar comprometida políticamente y es a partir de mi pequeña pregunta que me doy cuenta de que los escritores deberíamos resignificar y volver a darle sentido a palabras que poco a poco nos están robando.

JMH: Daniel Valls, uno de los personajes que aparece en la novela, es un actor de renombre en el exterior que se compromete políticamente y firma un manifiesto de apoyo a movimientos sociales que lo hacen blanco de agresiones en las redes sociales, críticas por parte de políticos y de ciudadanos normales, lo que nos deja ver las contradicciones y miedos generados por una crisis económica tan aguda como la del 2009.

MS: La personalidad de Daniel Valls me dejó entrever otra duda que yo también tengo, que se relaciona con la posibilidad de ser crítico desde adentro del sistema y es que cuando una persona alcanza cierto éxito en el medio cultural lo primero que piensa es que se está equivocando de alguna manera, pero eso me parece muy perverso, porque eso significa que si una persona tiene una mirada crítica sobre la realidad en la que vive y logra, por no sé qué extraña combinación de factores, tener un pequeño megáfono, pareciera que estás incapacitado para decir algo crítico, porque pareciera que estuvieras mordiendo la mano que te da de comer, inmediatamente serás acusado de ser deshonesto y contradictorio, pareciera entonces que todas las personas que tienen una visión de izquierda tienen que vivir debajo de un puente y no abrir la boca para ser coherente, y ahí creo que hay una cuestión perversa en eso que se nos imputa como contradicción, es una manera de neutralizar la posibilidad de tu discurso político, callarte para dar pábulo a todos esos otros discursos airados, que no dan pie a la discusión, porque abruman con su violencia y que casi siempre son de ultraderecha. En el caso de los actores cuando se manifiestan como ciudadanos me parecía importante como material simbólico, porque los actores al estar sobreexpuestos los vuelve vulnerables, pero también esto me hacía replantearme el papel del estatus del público, preguntarme cómo ha cambiado eso que llamamos público, porque ha pasado de ser esa masa informe, que no se rebelaba ante nada y que aceptaba cualquier producto que se nos presentaba como cultura y ha pasado a convertirse en una masa individualizada en la que siempre todo el mundo tiene que hablar incluso de lo que no sabe, porque tienes que manifestar tu propia opinión confundiendo la democracia con la demagogia.

JMH: La farándula, el mundo del espectáculo puede ser visto como algo sin importancia, es entretenimiento, el cine, el teatro, la misma literatura puede ser visto como entretenimiento, pero al mismo tiempo, y como decías, crea una visión del mundo, tienen una importancia que va más allá del mero entretenimiento.

MS: En mis novelas anteriores le estaba dando vuelta a la idea de cómo se relacionan la realidad con sus representaciones, pero también porque creo que eso que llamamos las representaciones de la realidad nunca son inocuas, nunca son asépticas, eso que a veces llamamos baja cultura termina formando parte de tu forma de concebir el mundo, porque tú puedes tener interiorizado a Platón, a García Márquez, etc. Pero también tienes interiorizado a Televisa y sus productos, todo eso sirve para formar valores, la cultura nunca es aséptica, tendemos a demonizar la cultura del entretenimiento pero no nos damos cuenta de que esos productos que consideramos que no son políticos tienden a ser todo lo contrario, tienen mensajes súper políticos, todo el tiempo, parecen mero entretenimiento pero van más allá, forman valores, formas de ver el mundo, y luego está la espectacularización de las noticias y del periodismo, el hecho de que una noticia se tenga que convertir en una mercancía espectacular, entonces para contrarrestar ese peso los escritores tenemos que resignificar las palabras robadas, resignificar la capacidad de lo cultural de intervenir en la realidad y de educar sin soberbia, a partir del diálogo, conversar con la comunidad, proponer este punto de vista que es mío y he reflexionado y que quiero compartir para iniciar el diálogo.

JMH: Retomando la idea del mosaico, Farándula es una novela creada a partir de diversas voces, Valeria, Natalia, Daniel, Lorenzo, que además son personajes que provienen de mundos distintos, aunque convivan dentro del mundo del espectáculo, y eso nos da una visión, una posición ante los problemas sociales y culturales completamente distintas.

MS: Son personajes que son distintos, tienen psicologías distintas porque justo provienen de contextos completamente alejados, pero también comparten un caldo de cultivo, hay algo que une a todos estos personajes, el fondo del mosaico es común, aunque el fondo del mosaico es como una proyección que se va transformando vertiginosamente y que permite que haya personajes como Natalia que se van adaptando a estos cambios, que son personajes que son resilientes y en ese sentido que son personajes resistentes, pero hay otros personajes como Lorenzo y Valeria, que no son tan resistentes, y es justo así que es como empieza Farándula, así vemos a Valeria, parada en mitad de la plaza dándose de cuenta de todo lo que está cambiando a su alrededor, y de la necesidad que tenemos de detenernos, de parar, para poder entender y no dejarnos llevar, pero eso nos da cuenta de que hay personajes que no se adaptan con la misma velocidad, que tal vez son lúcidos ante los cambios y por eso mismo más críticos ante ellos, y por eso mismo son los que se la pasan peor, pero son personajes distintos pero comparten el fondo del mural y reaccionan de manera distinta.

JMH: Otra de las ideas, que ya has mencionado, que es la transformación del público, y que tiene que ver con el inicio de la obra que Natalia protagoniza. Sus compañeros se dan cuenta de que este no es el público tradicional, es gente que va con celulares a la función, los revisa, pero eso nos hace preguntarnos ¿qué es el público tradicional del teatro? ¿Cuál es el público tradicional de la literatura?

MS: A mí la idea del público me atrae mucho, pero es que en el fondo soy una persona que aún cree en las posibilidades revolucionarias del teatro burgués, porque creo que cuando el público es demasiado activo pierde sus capacidades de escucha, pierde su capacidad de atención y está muy pendiente de su propio mundo y entonces pierde de vista las propuestas de los demás, a mí me preocupa la pasividad del público, pero también me preocupa mucho ese otro público que cree que puede estar en todos lados y que solo escucha durante cinco minutos porque al final no se está enterado de nada, además creo que el concepto “público” está cada vez más mediatizado por la marca, por la idea del evento, estamos muy condicionados por él más que el contenido del evento, pero sin asuntos con lo que vivo cotidianamente.

JMH: La creación de personajes en Farándula es un proceso que en esta novela se encuentra íntimamente relacionada con el lenguaje, esta posibilidad de conocer y ver la cultura contemporánea pero a partir de personajes muy cincelados.

MS: Quería que cada uno de los personajes tuviera una voz propia que le permitiera al lector reconocerlos, diferenciarlos, lo que me permitía integrar por una parte psicologías que tuvieran sus singularidades que se pudieran engarzar con el tiempo en el que están viviendo, pero que también respondieran a ciertos elementos muy característicos de la tradición actoral, yo quería utilizar esas particularidades que son afines a todas las profesiones y darle a cada personaje darle su singularidad como ser humano, no quería que la novela se leyera como una novela en clave, sino que el lector les creyera a los personajes.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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