Opinión

La era de la posverdad / PolíticaForDummies

En días pasados, un colectivo de ciudadanos y periodistas decidieron fiscalizar el discurso del gobernador de Jalisco con motivo de su cuarto informe de gobierno, encontraron que el 20% de lo que dijo fue verdad, el 17% mentira y el 50% fue engañosos o difícil de comprobar.

Este ejercicio se replicó con los discursos de los alcaldes de Guadalajara, Zapopan, Toluca, Aguascalientes y lo realiza el medio digital Animal Político a frases de los miembros del gabinete en el ámbito federal. Los resultados son similares: la mayoría de las veces la información es engañosa o difícil de comprobar.

Y es que es más fácil decir algo políticamente correcto y mediáticamente exitoso que confrontar la verdad, es más fácil prometer que asumir las consecuencias de los actos o hablar de temas atractivos mediáticamente que luchar por decir algo cierto. Y esto habla de una crisis internacional de la verdad.

El informe Bajo Lupa y las acciones de Animal Político no son más que una lucha ciudadana por la verdad, no debemos permitir que la mentira reine, mucho menos en los que dirigen la política económica y social de la nación. No se trata de un golpeteo político y de desprestigiar a la política llamándolos todo el tiempo mentirosos; se trata de hacer pedagogía política para que decir mentiras salga caro, para que la sociedad tenga el poder de reconocer cuando un funcionario miente o quiere engañarnos y completando este círculo pedagógico, para que el político deje de mentir y afronte la verdad.

Uno de los principales enemigos de la verdad es la “posverdad” que “denota circunstancias en que la realidad influye menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal” por eso hoy los políticos mienten más que nunca, porque los medios, la farándula, los likes y el rating así se los exigen, por eso explicamos a un personaje como Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, que llegó desafiando lo racional y la verdad a cambio de alimentar emociones y odios personales.

El primero que utilizó el término “posverdad” fue David Roberts, y lo utilizó alrededor del tema ecológico, pues afirmó en un artículo en 2010 que los políticos se negaban a aceptar el cambio climático pese a toda la evidencia científica. The Economist advirtió: se está utilizando la mentira en la política de una manera más intensa y con mayor penetración que nunca. Los políticos y periodistas mienten sin que nadie se oponga.

El New York Times inició una batalla en contra de la posverdad decidiendo no publicar dos versiones de un hecho sino simplemente declarar a Donald Trump mentiroso, afirmaron que no se trata de manipular a los ciudadanos sino de evidenciar a los mentirosos. En México una iniciativa del diputado Jorge Álvarez busca que los legisladores hagan iniciativas con evidencia y no concurrencias: otra batalla en busca de eliminar la posverdad.

En Inglaterra los promotores del Brexit mintieron sobre datos económicos, Donald Trump lo hizo con la relación del tratado de libre comercio con México, los efectos de los migrantes, con Hillary, con Rusia, con los medios y descalifica a todos los que lo contradicen llamándolos Fake News (Noticias falsas). En México los legisladores César Camacho y Gil Zuarth buscan impulsar una iniciativa que legalice la seguridad interior y garantice que los soldados tengan atribuciones de policía civil lo que no es una medida eficaz contra el narcotráfico, demostrado por cifras, científicos y académicos como Alejandro Madrazo del CIDE.

El País explica que no ha habido suficiente oposición a la posverdad porque los científicos han pecado de soberbia y las instituciones han sido cooptadas por poderes fácticos y económicos que las hacen poco confiables. Sin duda, estamos frente al momento más complejo de la verdad. Una declaración fácil, sin argumentos, sin fundamento científico y sin datos reales pero sí con efectos emocionales y declaraciones mediáticamente correctas que ganan likes y shares en Facebook es más exitoso que la verdad.

Algunas empresas de comunicación, medios, periodistas y de comunicación política han abonado a que la posverdad reine: se privilegian mensajes falsos que la verdad, por el simple hecho de que la verdad puede ser aburrida y poco atractiva a la audiencia, votante o a los seguidores en Twitter. Sí, los políticos mienten más que nunca.

Una solución a este problema es la Estrategia Nacional de Cultura Cívica, en México, que establece como un eje fundamental para que vivamos en una sociedad con convivencia cívica y pacífica: la verdad. Busca socializar de la manera más amplia posible información necesaria para contribuir a que las y los ciudadanos tengan una idea más precisa y a la vez más completa tanto de su entorno local como nacional, esa información permitirá confrontar a políticos mentirosos, identificar a medios que falsean la información y separar contenido que manipule a un contenido verdadero.

Debemos migrar a una sociedad que ponga la verdad en el centro y que todo el tiempo la exija. De lo contrario nos encontraremos que países que se separen de la Unión Europea sin argumentos racionales y científicos, presidentes electos sin proyectos de nación serios, gobernantes que ignoren el cambio climático porque es un invento de los hippies o políticos que ignoren la transparencia porque es una herramienta de la oposición para golpear; dejar que la posverdad siga existiendo pone en riesgo a la humanidad.

Este es un objetivo que se aplica a los políticos pero también debe exigirse a los medios de comunicación, a los académicos, las organizaciones de la sociedad civil y a los ciudadanos en general: perseguir, fomentar y educar en la verdad para que nadie abuse de la mentira y se erradique el concepto tan escalofriante de posverdad.  

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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