Opinión

Los primeros cien años (parte II) / Debate electoral

 

Volumen principal es la acepción más próxima al español de “carta magna”, y se denominó así por primera vez a la Magna Charta Libertatum (Carta Magna de las Libertades), documento elaborado por la aristocracia inglesa en los albores del primer milenio, ante la opresión del rey normando John Lackland (mejor conocido como Juan sin Tierra).

El antecedente nos dice que los anglosajones, originarios propietarios de la tierra inglesa, eran oprimidos por los normandos simpatizantes del rey, por lo que su rebelión se materializó en un documento de poco más de sesenta artículos en los que se prevén derechos para los terratenientes frente al poder (casi) absoluto del monarca.

Un documento similar se presentó siete años después en Hungría, donde el rey Andrés signó lo que se conocería como “La Bula de Oro”, otorgando privilegios a la nobleza a costa de los de la monarquía.

Desde entonces se denomina así, Carta Magna, en una primera instancia, al documento que acota o limita el poder absoluto de un monarca, o incluso de un presidente, por un cuerpo colegiado, llámese congreso, cámara, parlamento, asamblea, dieta, consejo, etc. Ha pasado incluso, como la acepción “Ley Fundamental” a ser un sinónimo reconocido de “Constitución”, en el entendido de que define los derechos y libertades del ciudadano y limita a lo escrito el poder público de la organización política a la que da forma.

De nuestra Constitución hoy centenaria se ha dicho que es la primera, junto con la Declaración de derechos del pueblo trabajador y explotado, antecedente de la constitución soviética de 1918, la de la República de Weimar de 1919 y la española de 1931, que introduce la segunda generación de derechos, los llamados derechos sociales. Ya habiendo superado la libertad de expresión, el derecho a ser oído y vencido en juicio, la libertad de culto (con separación de Iglesia-Estado incluida) y el voto libre y secreto, la nueva generación de derechos elevado a rango constitucional fueron el derecho a ser empleado, condiciones laborales equitativas y satisfactorias, y los derechos a vivienda digna, agua, educación, medio ambiente, alimentación y salud, seguridad social y prestaciones por desempleo.

Hoy, a punto de celebrar sus primeros cien años, es buen momento para analizar su pertinencia y vislumbrar su futuro como disposición legal suprema.

En su historia como nación independiente, la primer Constitución aprobada es la Constitución de 1824, heredera de las Constituciones de Apatzingán (1814), Cádiz (1812), y en buena medida del Plan de Iguala de Agustín de Iturbide (1821) y de los Sentimientos de la Nación de José María Morelos (1813). Toda esta mezcla de ideas, idealismo, buenas propuestas, liberalismo, en un contexto en donde ni siquiera se había acordado la forma de gobierno que mejor convenía a los intereses del pueblo concluyó con el primer esbozo de la ley suprema mexicana.

Tras el triunfo del ala conservadora, en 1835 se promulgan las Siete Leyes Constitucionales, en medio de una era políticamente inestable. Los estados pasaron a denominarse departamentos y se creó un cuarto poder, Poder Conservador, adicional a los tres ya establecidos, encargado de vigilar el cumplimiento de la Constitución.

En 1842 se formula un proyecto de Constitución que se ve cristalizado, no con pocas vicisitudes en 1847, en donde muy liberalmente se establecen garantías individuales, elecciones directas y se establece el derecho de amparo.

En 1857 se promulga la Constitución que será, en principio, mejorada por la de 1917, y que al final el constituyente decide realizar, por su trascendencia, un nuevo documento.

De Aguascalientes, según la página conmemorativa alusiva al centenario, se destacan los nombres de los dos Constituyentes que, con su aportación, nos brindaron el texto que hoy nos rige: Daniel Cervantes, originario de San Juan de los Lagos, químico farmacéutico de profesión, fue diputado local, jefe político y gobernador interino. Catedrático de Química en el IACT, presidente de la Cámara de Comercio y secretario de la Cruz Roja. Carrancista, representaba al Primer Distrito del Estado. Al finalizar su encargo como constituyente fue jefe de Departamento de Almacenes Fabriles y Militares. Y Aurelio González, igualmente originario de San Juan de los Lagos, maderista y carrancista. Fue posteriormente gobernador.

¿Qué viene para nuestra Constitución? La mejor manera de conocer al pueblo, es mediante el estudio de su historia y sus instituciones. La Constitución condensa una buena parte de nuestra historia como nación, desde sus antecedentes, la lucha por ser independientes, la aspiración de ser un mejor país para sus habitantes, y se va adecuando con los tiempos. En estos cien años ha vivido triunfos y fracasos, pero sobre todo adecuaciones, transformaciones que la han hecho transitar por los caminos en los que lo hace el país. Se vislumbran, entonces, más reformas, lo que no es esencialmente malo, sino el reflejo de que lo único constante es el cambio.
/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

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