Opinión

Luis Squealer / De imágenes y textos

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Escribí por más de seis años guiones para un programa infantil llamado Disparejos, que produjo Cinemedia y que se transmitió en su momento por dos cadenas de televisión, se narraban las aventuras de dos niños, la niña mayor que su hermano, de apellido Juárez, quienes por cierto presumían ser tátara, tátara parientes del tío Benito, ellos tenían una conciencia, sólo una, que en lugar de orientarlos los hacía cometer pifias que desencadenaban aventuras, las cuales siempre cerraban haciendo alusión a un valor específico. Las historias se nutrían de la realidad, de las travesuras y aventuras que los niños de primaria me contaban. Retomando la frase que la realidad rebasa toda ficción, me sentaba en el suelo, escuchaba a los pequeños y escribía líneas guía que posteriormente me permitieran desarrollar el guión con base en mis personajes, Laura y Carlos Juárez, también Gordon, su conciencia.

¿Por qué les cuento esto?, pues porque nuestras realidades parecieran guiones, guiones ahora con finales predecibles; historias locales, nacionales y hasta internacionales. Reflexionemos de lo superfluo a lo trascendental. El 5 de febrero los aficionados al deporte de las tacleadas fuimos testigos de uno de los mejores guiones de la historia de la liga más organizada del planeta; la trama fue la misma que en aquel 2002 cuando los Patriots vencieron a los Rams por un gol de campo, el contexto, septiembre 11, atentados contra el WTC de Nueva York, el pueblo norteamericano necesitaba exaltar su patriotismo, la unión, la solidaridad, y qué mejor que con herramientas mediático-sociales como el deporte más popular en los Estados Unidos de Norteamérica, con un equipo que no era el favorito para ganar el Súper Tazón; los Rams estaban arriba en las apuestas por 14 puntos, y con sólo 7 segundos en el reloj los Patriots que representaban a toda la nación se alzaron con el triunfo 20 a 17. Este año el contexto de alguna manera era el mismo, nuevamente la sociedad norteamericana necesita unidad, solidaridad, y a falta de Avengers, los Patriots, estos últimos de carne y hueso. La historia ya la conoce, la remontada más grande en la historia de los deportes de la Unión Americana, el primer Súper Tazón que se fue a tiempo extra y los héroes sacando la casta por América, como ellos le mal llaman a su país. Nuevamente los Patriots, siempre cuando más se les necesita, listos para darle a su sociedad la esperanza perdida, el amor por el azul blanco y rojo.

Estimado lector, le comenté líneas arriba que la reflexión iría de lo superfluo a lo trascendental, aunque aclaro que lo primero no demerita lo bien estructurado que debe ser el mensaje para que los públicos sin sentirse manipulados lo acepten.

Ese espectáculo que presenciamos tuvo uno de los mejores guiones que se han escrito para una final deportiva, sin duda alguna. Mientras que en otras latitudes los escritores pareciera que retoman a los clásicos para darle vida a las historias que debemos consumir.

George Orwell, de los más célebres escritores del siglo pasado, nos deja dos obras dignas de ser analizadas con detenimiento, una de ellas es su clásico 1984 y la otra es Rebelión en la granja, esta última pareciera que Andrés Manuel hizo referencia en uno de sus anuncios radiofónicos, sin fundamento claro está, mi mujer diría que más bien vio Pollitos en fuga y de ahí sacó su superflua idea de la granja, en fin, el caso no es Andrés Manuel, sino cómo los estrategas políticos o los asesores en comunicación de masas desarrollan no sólo la idea sino hasta los personajes exactos para que nosotros, la sociedad entendamos lo que ellos quieres imponer como verdad.

Squealer es un cerdo que sirve a los dos líderes de la rebelión en la granja, es el vocero de ambos, de Napoleón y de Snowball, su función es atender al resto de los animales cuando terminan los discursos dominicales de Snowball, es decir, bajar a la sociedad y persuadirlos de que las decisiones de los líderes son las correctas y no hay por qué cuestionarlas, explicarles coloquialmente lo que se pretende hacer, pero, sobre todo, mantenerlos tranquilos, aletargados, quietos.

Es como ahora en nuestra granja, los animales estamos inquietos porque los cerdos que están al frente han cometido una serie de errores que nos han llevado a situaciones que ya no podemos reparar. La granja de al lado amenaza la soberanía de la nuestra y Luis Squealer quien siempre ha jugado un papel importante en la administración de los cerdos no atina una para suavizar la relación.

Pareciera que él y su jefe son los menos interesados en resolver el conflicto, las universidades ya alzaron la mano, las organizaciones civiles, los empresarios, hasta los deportistas fijaron su postura. El fin de semana dos grupos significativos marcharon en contra del dueño de la granja vecina, y nuestros cerdos ¿qué están esperando, qué postura asumen? Squealer pareciera que trata de suavizar los discursos, pero no de nuestro cerdo, sino del porcino del otro lado, ¿trabaja para él o existen acuerdos debajo de la mesa que nosotros los animales comunes de la granja no conocemos? Uno de nuestros empresarios ya se los dijo, “si te ve débil te destroza, si te ve fuerte, negocia”

Lea Rebelión en la granja y después revise su adaptación al guión por parte de los asesores del gobierno y verá que la película no será como el libro, siempre pasa ya sabe, Squealer es el personaje a seguir, va a terminar traicionando, no solo al cerdo líder, sino a todos los animales de la granja. Voy a mandar mi CV, ojalá que me dejen escribir, aunque sea una parte del guión para mandar a Squealer y su jefe cerdo al exilio.

ericazocar@hotmail.com | @ericazocar

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