Opinión

El médico joven ante difícil panorama / Análisis de lo cotidiano

Cuando yo o alguno de mis seres cercanos se enferma, es probable que acudamos a un médico general para que nos haga el primer diagnóstico y nos tranquilice. Si se trata de un padecimiento común que se resuelve rápidamente, pues bien, a tomar el medicamento y asunto arreglado. Pero qué ocurre cuando el facultativo nos indica que hay un problemita delicado en el corazón, de inmediato volamos a consultar al cardiólogo. Y lo mismo haremos con cualquier otra parte de nuestro cuerpo que se halle afectada, acudir al especialista, eso es lo aconsejable. Porque la medicina del Siglo XXI es una ciencia de alta minuciosidad. Ya no basta con tener pediatras, ahora contamos con cardiopediatras, neuropediatras, pediatras infectólogos, inmunólogos, endocrinólogos y muchos más. Y lo mismo ocurre con todas las áreas de la atención clínica que se han diversificado. Así que, cuando he de poner mi salud en las manos de un médico, buen cuidado tendré que sea el especialista más fino, el que atienda puntualmente aquel trastorno que me está afectando. Como es natural, esto ha llevado a los jóvenes recién egresados de la Escuela de Medicina a buscar su entrenamiento de posgrado en alguno de los hospitales o facultades más prestigiosas del país, para obtener el título de especialidad en alguna de las múltiples áreas de la ciencia curativa. Existen algo así como 60 campos de la medicina especializada. Solo que estos entusiastas, inteligentes y dinámicos muchachos se encontrarán con una seria dificultad: No hay lugar para ellos. El doctor José Narro, secretario de Salud, apenas en diciembre 2016 en una conferencia durante el congreso anual de hospitales privados informó que cada año se presentan a concursar por plazas de especialidad cincuenta mil médicos, de los cuales son admitidos cinco mil. El dato es escalofriante, cada año hay una población de cuarenta y cinco mil nuevos profesionistas que ven truncadas sus ilusiones de convertirse en profesionales de alto nivel.  Claro que se les brinda una opción, “No se desanimen muchachos, vuelvan a presentar el examen el año próximo.” Solo que al año siguiente se sumarán a los rechazados del año anterior y así sucesivamente el número de descartados sigue creciendo. ¿Qué hacen los nuevos profesionales ante este obstáculo? La mayoría de ellos buscarán un empleo en las instituciones de seguridad social y pondrán un consultorio de medicina general en su casa o en alguna clínica privada. Y a ejercer su vocación, solo que con un dejo de amargura por no haber logrado su meta de obtener un posgrado. En nuestro estado, existe la academia para formar especialistas en el Hospital Hidalgo, que resultan con excelente nivel, aunque de cualquier manera son insuficientes para todos los que aspiran a ingresar a sus aulas. ¿Qué es lo que sí podemos hacer? Ofrecerles desde el sector privado alguna opción. Ha costado mucho trabajo que los hospitales, clínicas y universidades privadas ocupen lugar en la formación de profesionistas con posgrados de especialidad, pero finalmente se ha logrado. En Guadalajara, Monterrey y Puebla las instituciones particulares ya forman especialistas. Nosotros en Aguascalientes, no podemos quedar atrás. Omeyocan Instituto de Psicoterapia y Universidad Británica de México ofrecen el Diplomado en Psicoterapia Médica, que brinda a los jóvenes médicos la oportunidad de adquirir un nuevo conocimiento, la capacidad para tratar los trastornos emocionales de sus pacientes, para manejar adecuadamente los conflictos psicológicos con estrategias y técnicas que no aprendieron en la Facultad, tales como la hipnosis, la Gestalt y el manejo de psicofármacos. No todo está perdido, hay una puerta abierta. Serán bienvenidos.
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Héctor Grijalva

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