Opinión

El mxme del 2018 / Disenso

Dos temas relacionados con la bandera fueron tendencia en redes sociales esta semana. Por un lado, lo sucedido en el Campo Marte: en plena ceremonia conmemorativa, el lábaro patrio se atoró mientras era izado y terminó rasgándose ante la presencia del presidente Peña Nieto. La tendencia, por supuesto, fue un compendio de despropósitos que asistieron al hecho como si de un presagio, un augurio o hasta de una metáfora se tratara. Que el país está desgarrado, que nuestros gobiernos lo han despedazado. Que así se encuentra el país.

Por otro lado, se difundió una imagen de un acto conmemorativo también por el día de la bandera presidido por el gobernador de Oaxaca, presuntamente se habría escrito en la vestimenta del evento: “Día de la vandera”. La imagen no tardó en volverse viral. Se compartió una y otra vez la gran vergüenza. Muchos de estos repost incluían comentarios críticos sobre la Reforma Educativa. En el colmo de la ironía, un par de veces vi compartida una nota, con estos comentarios críticos, que al interior ya aclaraba que se trataba de un montaje para “trolear” al gobierno.

He escrito en varias ocasiones que no considero que el país esté al borde de la ingobernabilidad ni del colapso. No creo, de ninguna manera, que esto sea mérito de nuestros gobiernos en lo general. El país funciona con todos los yerros de la clase política, y a pesar de éstos. Porque ciudadanas y ciudadanos honestos y capacitados (incluidos por supuesto en parte de la clase política) salen a hacer su trabajo todos los días. Permitiendo que la salud del país, a pesar de todos los desaciertos, sea suficiente para mantenerlo en pie. También creo que cuando señalamos los errores de la clase política acostumbramos ser viscerales y perdemos muchas veces el punto más importante. Más allá del sesgo natural que supone la adscripción a una u otra ideología, solemos reaccionar con pura pasión a lo que requiere también racionalidad. Un caso que no dejaré de repetir es la crítica que se hizo a Peña Nieto en aquella feria del libro del 2012. Hoy podemos acordar todos que lo menos importante en este caso eran sus hábitos de lectura. Sin embargo, era una oportunidad para cebarnos superficialmente de un entonces candidato que tenía otras muchas debilidades evidentes y profundas: como no tener un equipo presto a preparar escenarios adversos ni a afrontarlos. La crítica sobre si leyó o no tres libros volvió la discusión superficial.

Hoy esparcimos una noticia falsa con la que quisiéramos captar todo el desapruebo que tenemos para ciertas políticas. Una clara: la Reforma Educativa. En primer lugar, pocas veces se señala que nunca hubo una Reforma Educativa en el sentido estricto. Llamamos así -unos y otros- a la reforma laboral para trabajadores de la educación. En segundo, cuando se presentó el camino -dos años después- para comenzar a discutir verdaderas políticas didácticas y pedagógicas que dieran paso a la verdadera reforma, el eco social fue más bien pobre.

Escogemos nuestras batallas con la velocidad que tiene un meme en internet, y también su vigencia. Normalizamos tanto el escándalo que no profundizamos en ninguno, volviéndolos todos sólo un mame más. Lo escribí con las infames calcetas a las que el presidente (en una movida inteligente) respondió públicamente con mayor presteza que a la “casa blanca”, por ejemplo.

Además, hemos mostrado a la clase política nuestra dispersa atención y la forma en que queremos que se nos comuniquen las cosas. Se trata más de lo que se pueda propagar en las redes que de la verdad. Los señalamientos que ha hecho Yunes en Veracruz, por ejemplo, tienen más repercusión que su verdad misma. Independientemente de si lo son o no. Orillamos a la clase política a seguir un modelo informativo de corto alcance. Usando frases pegajosas, trabajando con eslóganes y trivializando todo. Es más famoso el vídeo de Anaya con BB8 que su conferencia en Washington. Es más famoso el diario de la esposa de Duarte que la inoperatividad del Gobierno Federal para atraparlo o que el propio trabajo de Yunes como gobernador. Es más famoso el Bronco por sus dichos que el cambio -o su ausencia- de Nuevo León bajo su mandato. Es más famoso AMLO con sus ocurrencias de perseguir palomas o sus frases que ya forman parte de la cultura popular: “no lo tiene ni Obama”, “frijol con gorgojo”, saludan a la posteridad igual que el “hoy” de Fox; que por su plan económico para respaldar sus promesas. Trump es un triunfo capitalizado por las bravatas mediáticas. Recordemos que incluso muchas de sus acciones más polémicas existen sólo como tuits. Recibimos no lo que merecemos, sino lo que esperamos, lo que nosotras y nosotros mismos construimos.

Para el 2018, podemos anticipar una campaña de mame y meme, una contienda meramente viral, donde nuestros candidatos y candidatas compitan por la campaña más catchy, porque hemos demostrado ser un campo fértil para esa especie.
/aguascalientesplural

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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