Opinión

Tensiones México-EUA: un recuento / Taktika

 

Washington D.C., Estados Unidos de América. 5 de febrero de 2017. Minutos antes de que comience el Súper Tazón LI, protagonizado por los Halcones de Atlanta y los Patriotas de Nueva Inglaterra, la cadena Fox Sports transmite la entrevista realizada por el presentador de televisión, Bill O’Reilly, al presidente de la Unión Americana, Donald Trump.

El conductor de las cejas arqueadas inquiere al magnate neoyorquino sobre su conversación telefónica con el licenciado Enrique Peña Nieto y le pregunta si es cierto que “si su Ejército no podía manejar a los cárteles de las droga, los soldados del Ejército estadounidense lo harían. ¿Usted dijo eso?” El desarrollador inmobiliario responde: “Tenemos que hacer algo respecto a los cárteles. Le hablé de eso. Quiero ayudarlo con eso. Creo que es un buen hombre. Tenemos una muy buena relación, como probablemente lo sabes”.

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O’Reilly pregunta a bocajarro: “¿Considera usted que México es un país corrupto?”. El mandatario norteamericano responde: “Nos llevamos muy bien. Pero ellos tienen problemas controlando aspectos de su país. No hay duda de eso, y yo diría que las drogas y los cárteles de la droga, son número uno”.

Las escenas arriba descritas se relacionan con el presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar los momentos de mayor tensión en la relación bilateral México-Estados Unidos desde el final de la Revolución Mexicana: la casi guerra de 1927 y el asunto Camarena Salazar.

Desde su nacimiento como nación independiente, México hubo de enfrentar los embates de la nación de las barras y las estrellas, la cual buscaba expandirse por el resto de la América septentrional. La Guerra de 1846-1848 se saldó desfavorablemente para nuestro país pues cedió Arizona, California y Nuevo México a cambio de 15 millones de dólares como indemnización en efectivo y la cancelación de los dos millones de dólares que adeudaba como parte de las reclamaciones yanquis. El magro consuelo para México fue: resistir las exigencias de ceder la península Baja California y otorgar derecho de libre tránsito a Estados Unidos por el istmo de Tehuantepec.

En 1853, Antonio López de Santa Anna vendió La Mesilla, un territorio de 80 mil kilómetros cuadrados de Chihuahua y Sonora. Desde entonces, México no ha perdido o vendido territorio ante los norteamericanos. Sin embargo, Benito Juárez, quien apremiado por “la bolsa vacía y la espada del Macabeo” (José Fuente Mares dixit) aceptó el Tratado McLane-Ocampo, y Porfirio Díaz hubieron de resistir los amagos estadounidenses de instalar una base naval en el quersoneso de Baja California.

Durante la Revolución Mexicana, el presidente Woodrow Wilson ordenó el 21 de abril de 1914, con el objetivo de impedir que el buque alemán Ypiranga descargara un cargamento de armas dirigidas a Victoriano Huerta, el desembarco en Veracruz. El pueblo y los cadetes de la Escuela Naval Militar defendieron su ciudad del invasor.

Con motivo de la incursión de Francisco Villa a Columbus, Nuevo México, el 15 de marzo de 1916, la Expedición Punitiva -12 mil soldados, incluyendo exploradores apaches, camiones y aeroplanos-, se internó en Chihuahua con la misión de capturar “vivo o muerto” a Villa. La resistencia del pueblo chihuahuense -cuyo ejemplo más excelso fue la heroína Elisa Griensen- y del Ejército Mexicano evitaron que los estadounidenses establecieran un protectorado en el norte de nuestro país.

Al triunfo de la Revolución Mexicana, el gobierno de Álvaro Obregón suscribió los Tratados de Bucareli, en los cuales, a cambio del reconocimiento diplomático de Washington, México no aplicaría retroactivamente el artículo 27 constitucional y se comprometía a indemnizar a los ciudadanos estadounidenses cuyas propiedades hubieran sufrido perjuicios durante la Revolución.

En diciembre de 1924, Plutarco Elías Calles asumió la presidencia de la República. Calles se propuso reglamentar el artículo 27 constitucional. Lo anterior molestó al secretario de Estado, Frank B. Kellogg, quien, junto con el embajador Sheffield, tenían ligas personales con las compañías petroleras. En una nota insultante, Kellogg amenazó el 12 de junio de 1925 a México: “Nuestras relaciones con el Gobierno de México son amistosas, pero no enteramente satisfactorias… este Gobierno continuará apoyando al de México solamente mientras protejas las vidas y los intereses norteamericanos y cumpla con sus compromisos y obligaciones internacionales”1.

Los años 1926 y 1927 presenciarán una tensión no vista entre Washington y ciudad de México desde los días de la invasión a Veracruz y de la Expedición Punitiva: el presidente Calvin Coolidge califica a nuestro de país de “Soviet México; México envía tropas a Nicaragua y apoya a Juan Sacasa y a Augusto César Sandino, quienes se oponen a los yanquis; la prensa norteamericana califica a México de ser una “cuña bolchevique entre los Estados unidos y el Canal de Panamá”2; los hombres del líder Luis Morones, incondicional de Calles, roban documentos “en las oficinas del agregado militar norteamericano en México, los que revelan la existencia de un plan de intervención militar”3.

Al final México y la Unión Americana ceden: Sheffield renunció y se envió a un nuevo embajador, Dwight Morrow, “delegado del capitalismo inmiscuido en asuntos locales” (José Vasconcelos dixit) y uno de los enviados norteamericanos más influyentes en la historia nacional, pues logró desactivar la casi guerra de 1927 y tuvo una participación vital en los arreglos de junio de 1929, con los cuales concluyó la rebelión cristera.

La expropiación petrolera de 1938, nuestra tercera independencia, no registró mayores fricciones debido a la actitud conciliadora del presidente Franklin D. Roosevelt y del embajador Josephus Daniels. Sin embargo, a partir de 1970 un nuevo factor habría de considerarse en la ecuación entre México y los Estados Unidos: el narcotráfico.

En febrero de 1985, oficiales de policía, dependientes del capo Miguel Ángel Félix Gallardo, secuestraron en Guadalajara, Jalisco y luego torturaron al agente de la DEA Enrique Kiki Camarena Salazar. Enfurecido, Ronald Reagan ordenó el cierre de la frontera. A los pocos días, el cuerpo torturado y sin vida de Camarena Salazar apareció en un rancho en Michoacán. El asunto Camarena Salazar saldría a relucir en los años 90, cuando el médico Humberto Álvarez Machain fue secuestrado por un grupo de caza-recompensas al servicio de la DEA.

A partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el discurso del Gobierno Federal hizo ver a los mexicanos que los EUA son nuestros “amigos, socios y vecinos”. No obstante el arribo de Donald Trump ha hecho renacer, paradójicamente, al nacionalismo mexicano, el cual había sido adormecido, tanto por los Gobiernos de la Revolución como por los del Cambio.

Aide-Mémoire.- Donald Trump sueña si piensa que va a fracturar el eje Beijing-Moscú y atacar a Irán.

 

  1. Meyer, Jean. La Cruzada por México. Tusquets Editores, México, D.F., 2008, p. 81-82
  2. – Boot, Max. The Savage Wars of Peace. Basic Books, New York, 2002, p. 233

3.- Meyer, Jean. La Cruzada por México. Tusquets Editores, México, D.F., 2008, p. 88

 

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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