Opinión

La marea rosa está por llegar a la costa / Piel curtida

 

A medias, a pasitos… pero durante estos días se lograron en Aguascalientes importantes avances en materia de Derechos Humanos al hacer valer los principios de identidad y voluntad, pues a pesar del estado de inconstitucionalidad en la entidad respecto a diversos derechos sexuales y reproductivos y de haber recurrido a un proceso diferenciado, se logró que el Estado reconociera como mujer a una chica trans mediante la reasignación para la concordancia sexo-género en su acta de nacimiento, y se realizó de manera pública el primer matrimonio de una mujer trans con su pareja, lo cual le hace destacar de otros casos como el de Athenas hace algunas décadas. Quienes pugnamos por una sociedad más justa, celebramos estos sucesos que demuestran los resultados del trabajo de la sociedad civil y vaticinan una nueva etapa en la lucha local por la igualdad: visibilizar las problemáticas y responder a las necesidades de las personas transgénero, transexuales, intersexuales y queer.

Existen familias conformadas fuera de los lineamientos de lo heterosexual sin el aval de un documento legal y algunos matrimonios, como el de Athenas, se han llegado a registrar gracias a la mediación de personas en sitios clave, pero es trascendental el caso de Grexzia pues es el primero que se reconoce de manera pública, lo cual representa un acto político en favor de los Derechos Humanos, a respetar la libertad que tiene todo individuo de forjar una familia, la cual debe ser protegida por el Estado de la misma forma que lo hace con las demás.

También, aunque existen otras personas originarias y residentes de Aguascalientes que han logrado hacer el cambio legal para la concordancia del sexo con su identidad de género, Eva simboliza el triunfo de la acción política desde lo civil al ganar un juicio contra el Registro Civil estatal y así posibilitar el cambio de otro tipo de documentación personal; lo cual demuestra nuevamente los vacíos, omisiones e irresponsabilidad de la jurisprudencia en la entidad que no ha logrado validar una multiplicidad de derechos que, a nivel internacional, se han identificado como indispensables para asegurar la libertad y el pleno desarrollo de los individuos.

Sí, en Aguascalientes se ha hecho historia; sí, es posible el matrimonio igualitario, la ratificación de identidad de género, y seguramente también es posible la adopción por parejas del mismo sexo; pero aún de manera diferenciada, desigual, a través de juicios, amparos, en suma: de un desgaste físico, emocional y económico. Sí, se han logrado avances, pero a medias… y no, no es suficiente.

Estos triunfos por la autonomía y los Derechos Humanos no deben ser considerados metas cumplidas, sino una evidencia del rezago social en el cual se ha mantenido Aguascalientes por diversas estructuras socioculturales y políticas que se mantienen por ciertos actores en el centro del poder, pero a la vez, esto ratifica la trascendencia de la sociedad civil organizada, de la resistencia, esa capacidad de encontrar alternativas para el desenvolvimiento integral de las personas en los diferentes ámbitos de la vida, aún sobre estereotipos, violencia y exclusión que en muchas ocasiones se legitima bajo discursos ambiguos de tolerancia.

Por otra parte, esto es un llamado para robustecer las acciones que apoyen a mejorar las circunstancias para las personas trans, quienes además de la violencia por cuestiones de género, requieren de apoyo psicológico y médico para que su transitar se realice en condiciones de salubridad, seguridad y en compañía, evitando que se les orille a incurrir en prácticas que ponen en riesgo su integridad, pues como expresa el personaje de Agrado en la película Todo sobre mi madre: “cuesta mucho ser auténtica […] y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma”.

El trato diferenciado debe ser empleado para subsanar las injusticias e igualar las circunstancias de desarrollo de las personas; pero cuando se recurre a amparos, juicios e incluso se lidia con cuestionamientos al hacer uso de servicios públicos y prestaciones de ley, sólo se exhibe de manera fehaciente la segregación social donde algunas personas parecen importar menos, exigiéndoles un mayor esfuerzo, una lucha constante y esperar mientras el resto camina sin obstáculos y sin mirar detrás.

En Aguascalientes se lograron avances, marcando pauta para un momento que debe ser histórico, en el cual la sociedad civil, la congruencia, la libertad y la justicia no deben mantenerse impávidos; por el contrario, se deben fortalecer vínculos y proyectos para impulsar la transformación que puede brindar paz, diálogo y concordia, evitando caer en la retórica que cuestiona si los demás, los violentos e ignorantes por decisión, están preparados. Es tiempo de la unificación, de la empatía, la alteridad y la autonomía pues ya se avista la marea rosa.
@m_acevez | [email protected]

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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