Opinión

Los packs: el capital que vulnera a adolescentes / Piel curtida

Durante la adolescencia, el inicio de la vida sexual es un elemento de distinción altamente relacionado con la virilidad, por lo que aquel joven que manifestara haber llegado a “segunda” o “tercera base” y lograra obtener credibilidad ascendía en la jerarquía de su grupo; mientras que las jóvenes aunque podrían ser consideradas como más maduras entre sus pares femeninos, en ocasiones eran juzgadas injustamente por los hombres por haber ejercido su sexualidad. Sin embargo, con la existencia generalizada de cámaras fotográficas y de video en celulares y dispositivos móviles se ha desarrollado un fenómeno que debe ser atendido: los packs (paquetes).

Cada vez es más frecuente que los adolescentes hablen entre sí, dentro y fuera de los medios sociales, sobre el intercambio de packs: fotografías en ropa interior o de desnudo, propias o de terceras personas. Aunque ya se reconocía el envío de este tipo de material (nudes) durante chats, como parte del sexting: una práctica erótica o de cortejo; ahora parece haberse convertido en un tipo de moneda, de capital social, que le brinda un mayor estatus a quien acumule más, a quien obtenga los de aquellas personas más reservadas o codiciadas.

Ya era preocupante la exposición de los cuerpos de las y los jóvenes en material audiovisual, pues aunque se realizaba durante prácticas de aparente acuerdo mutuo, posteriormente podrían ser extorsionados u objetos de actos de venganza por diferentes razones; pero la modalidad de los packs es más peligrosa, pues el intercambio del material erótico se da más allá del actuante y el que captura o recibe directamente las imágenes, convirtiéndose en pornografía: en espectacularización de la sexualidad, en divertimento o moneda.

Aunque la práctica de los packs puede ser mencionada sólo como broma o una frase apelativa como “los packs de mi novio/a por las respuestas del examen” en vez de “mi reino por las respuestas del examen”, lo preocupante es la banalización de una problemática persistente: el cuerpo desnudo como un recurso mediante el cual se puede vulnerar a la dignidad de una persona, y no por la desnudez misma, sino por los tabúes y estigmas atribuidos que impulsan el escarnio y el vituperio. La pornovenganza está correlacionada directamente con un actor que tiene la intención de violentar a una víctima; mientras que los packs pueden aparecer y distribuirse a indiscreción, lo cual plantea un escenario de mayor inseguridad para las y los jóvenes.

A pesar de que una de las acciones de prevención a emprender es concientizar a las y los adolescentes sobre los riesgos de estas prácticas y continuar con los trabajos para secularizar la sexualidad para lograr analizarla, dimensionarla y practicarla en sus justas dimensiones desde una perspectiva científica, integral y laica; es preocupante que el elemento sustancial de los packs, los cuerpos sexualizados, sean transformados en objetos, en cosas; aún más después de que uno de “Los porkys”, los jóvenes implicados en la agresión sexual de una chica en Veracruz, obtuvo un amparo y se considerara su inocencia al hacer distinción entre tocamientos, roces y frotamientos con la cópula, argumentando una no intencionalidad de consumar un acto sexual; lo cual vuelve a transformar a una persona, a un sujeto con derechos, en simplemente carne sobre la cual se desea medir el nivel de intromisión de un agente extraño.

Dispositivos de información y comunicación han impulsado el desarrollo de prácticas emergentes que deben ser reflexionadas, investigadas y atendidas, evitando la satanización de la tecnología y el considerar a las generaciones más jóvenes con menos capacidades de análisis como chivos expiatorios de asignaturas pendientes pues, como sociedad, no hemos asumido la responsabilidad de capacitarnos para las dinámicas que pueda presentar el acelerado avance tecnológico, no se ha reconocido la sexualidad como un tema prioritario para el desarrollo integral de los individuos y aún no se han dimensionado el alcance benéfico de la perspectiva de género.

El conservadurismo busca fortalecerse como placebo para aquellas conciencias que prefieren creer que lo malo está en lo desconocido, en aquello que no logran comprender por incapacidad o no desean enfrentar para evitar el contacto con el otro, con el semejante; en vez de aceptar que el entorno es dinámico como la vida misma y que requiere no sólo de jueces, sino de personas que vean en su contraparte a otro ser humano inmerso en situaciones, condiciones y problemáticas de lastre por la misma comodidad de mirar hacia otro lado. La problemática de los packs no será resuelta con la aparente prohibición de los celulares, la tablet o el Internet en casa o en la escuela, sino hasta que se logre reconocer que la sexualidad, el cuerpo y los temas de género deben estar presentes en lo educativo, desde una visión científica (biológica, médica, social y cultural), holística y laica. ¿Estaremos dispuestos a hacer lo necesario? ¿Preferimos pensar en la juventud como un sinónimo de irresponsabilidad para negar la nuestra?
@m_acevez | [email protected]

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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