Opinión

Oxxos, arte contemporáneo y cosas peores / Cinefilia con derecho

 

 

Es claro que los oxxos son un objeto cultural, pueblan el imaginario colectivo, son sujetos de burlas y memes, pero además, se han transformado en un pan nuestro de cada día; cuando se camina cualquier ciudad extranjera, frente a la necesidad asesina de un café, uno se pregunta por qué este invento mexicano no puebla el resto del mundo, nada tan fácil como ir a estas tiendas de conveniencia y comprar una verdadera infusión de grano, sin las complicaciones de cualquier cafetería trendy o de franquicia, simple y llanamente, un americano fresco. Esto, entre otras cosas, supongo que fue lo que llevó al Oroxxo, la última obra (¿o vacilada?) de Gabriel Orozco, quien se ha distinguido por piezas igual de contemporáneas (¿absurdas?) como Caja de zapatos vacía (una caja de zapatos vacía) o Mobile Matrix (un esqueleto de ballena colgando).

Confieso que no soy conocedor de arte, pero me gusta enterarme de las diferentes expresiones del ser humano, soy más bien el clásico, que de vez en cuando va a alguna exposición, pero que nunca se formaría horas para ver una de esas de moda tipo Kapoor (que generó inmensas filas en el MUAC el año pasado). El punto de acudir a un museo contemporáneo es que, lo mismo se topa uno, con expresiones que realmente hacen reflexionar e impresionan, que con tonterías del tipo “objetos comunes” que llaman a la hilaridad.

El primer capítulo de la aclamada Black mirror es una oda a este género poco entendible, si el icono inglés de este género es Daniel Hirst y su obra inefable como A Thousand Years, (una caja de cristal con gusanos y moscas alimentándose de una cabeza de vaca podrida) la futurista serie lo parodia, pero utilizando un happening como leit motiv de un thriller político titulado El himno nacional: mediante el secuestro de la popular y amada princesa, el captor exige como pago del rescate, que el primer ministro tenga sexo con un cerdo, en televisión abierta nacional. Alerta de spoiler: ante la presión de la opinión pública, el político tiene que ceder y el acto sexual se transforma en el programa más visto en la historia del Reino Unido, prácticamente las ciudades quedan desiertas para poder ver en directo este acto. Descubrimos en el cierre que, el autor del secuestro, es un artista ganador del Turner (máximo premio artístico en aquella nación) quien termina suicidándose, pues habría generado en la zoofilia televisada su mayor obra, efímera, pero de masas.

¿Qué es el arte? Cada que critico a mis amigos que les gusta el pop, la banda tipo MS o Julión, o que acuden en tropel a ver a Maná, vuelve a la discusión esa pregunta; y es que a todos nos gustan las expresiones del ser humano, y en esta medida todos queremos atesorar esas obras: unos coleccionan figuritas de Star Wars, otros las botellas de barrios de cerveza Indio, unos más, cuadros de artistas cotizados en miles de dólares. Creo que a esto es a lo que se refiere Orozco con su Oxxo.

Hace unas semanas leía en una revista local, que en el Museo Espacio se utilizó dinero público para un arte de las elites. Tiene razón, pero no por el caso concreto que mencionaba, sino porque en general es así, pensemos en lo que nos cuestan los museos, los estatales y nacionales, dividámoslo entre aquellos que van a presenciar las exposiciones y lo cierto es que en su mayoría el costo per cápita es altísimo, para las elites. Añadamos a ello, el presupuesto para becas, que terminan subsidiando productos que difícilmente llegarán más allá de un pequeño público y tendremos que este gravamen es una necesidad de la cultura.

Soy también de los que no captan del todo las corrientes contemporáneas, pero entiendo que en esta especie, la línea que separa lo que es arte de lo que no, a veces es un tanto imperceptible, si uno acude al George Pompidou de París, al contrastar obras tan absurdas, como el mingitorio de Duchamp o un video de Yoko Ono, con un Kandinsky o la sala con una hermosa colección de objetos de la Bauhaus, se nota la diferencia; parafraseando a San Agustín, si me preguntan cuál es, no sé, si no me preguntan, sí sé. Mutatis mutandis, cualquier museo nacional, como el MUAC o el Jumex.

La conservación de las expresiones culturales es una obligación del estado, en esta medida los recursos más que un subsidio de elite, son una necesidad para la conservación de la memoria; sin embargo, ante lo difícil que es definir el arte, tal vez es momento de que regulemos de una forma más estricta el uso de los recursos estatales destinados a ello, porque lo mismo se adquiere o subsidia una obra importante, como fantochadas propias de pseudointelectuales y críticos que, en la inflación del artista, ven millones para sus bolsillos.
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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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