Opinión

Programa ruso en el sexto concierto de temporada / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

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Generalmente solemos  relacionar a Rachmaninov con una o dos obras de su repertorio, así nos ha acostumbrado la mercadotecnia, a ubicar a un compositor o una obra con un fragmento de un fértil y generoso repertorio desechando, por quién sabe qué extraña regla, el resto de la producción; es como cuando compras un disco de 10 o 12 canciones y solamente escuchas una o dos y el resto del material no reciben la menor atención, ni por el consumidor ni por los medios de comunicación encargados de difundir los llamados singles o sencillos de una nueva producción discográfica.

Con Rachmaninov sucede algo así, no con el mismo énfasis que con Beethoven, ya sabes,  todo mundo lo relacione con los primeros compases del primer movimiento de la sinfonía quinta o con el cuarto movimiento, o fragmentos de él, de su novena sinfonía. Pasa lo mismo con el inicio y final de la cantata escénica Carmina Burana de Carl Orff, la Lacrimosa del Réquiem de Mozart o la Danza Húngara No.5 de Brahms ignorando el riquísimo contenido del resto de su producción, es una verdadera pena que suceda esto, por son las reglas no escritas de los mezquinos intereses comerciales que están muy por encima de una verdadera intención de promover, apoyar y difundir la gran música de concierto.

Te decía que Rachmaninov no está exento de esto aunque en proporciones menores que los casos arriba mencionados, pero invariablemente se suele definir el perfil  musical de Rachmaninov por el segundo movimiento de su concierto para piano No. 2 o por la variación 18 de la Rapsodia sobre un tema de Paganini y no deja de entristecer el hecho de que se ignore todo el impresionante contenido de su producción completa.

En este caso la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes nos ofreció la que para un servidor es la más bella y suculenta página orquestal de este compositor ruso, su Sinfonía No. 2, Op.22, una obra de gran formato cuya duración, dependiendo del tempo del director, llega hasta casi los sesenta minutos. Se trata de una obra de incuestionable belleza de una estructura no necesariamente convencional, inicia con un movimiento lento Largo Allegro moderato, aunque como el carácter del movimiento lo apunta, se intensifica en el transcurso del mismo, pero no deja de contradecir las reglas no escritas de que una sinfonía inicia generalmente con un movimiento rápido. Continúa con un Allegro molto y viene después el mejor momento de esta obra, el bellísimo Adagio que a mi entender debería ser considerado como uno de los momentos cumbres del sinfonismo en el siglo XX, la obra en cuestión se estrenó en 1908, y termina con un allegro vivace. El maestro Iván López Reynoso, encargado de dirigir el sexto concierto de temporada, hizo un trabajo excelso a lo largo de toda la sinfonía, pero con el adagio nos llevó hasta lugares inhóspitos de nuestra sensibilidad, créeme amigo melómano, en un breve respiro, que el curso de la sinfonía y menos del adagio, no te los permite, me tomé la libertad de voltear a mi costado izquierdo y vi a una persona llorando, limpiándose discretamente  una lágrima, pero yo creo que no hay que reprimirse, finalmente si eso es lo que estimula la música, simplemente hay que dejarlo fluir. Sí, en efecto, ese adagio que nos regaló el maestro López Reynoso de la Sinfonía No. 2, Op. 22 de Rachmaninov fue tan profundo, tan intenso tan sensible que a más de uno le hizo rodar las lágrimas. Este movimiento, por fortuna, no goza de la misma atención mediática que otros fragmentos de algunas de sus obras, y digo que por fortuna, porque de lo contrario corremos el riesgo de considerar su belleza como algo normal, y creo, quizás me equivoque, que perdería parte de su encanto. En lo personal, desde que vi anunciada esta sinfonía, me entusiasmé por ver de qué manera resolvería el maestro López Reynoso esa aduana que representa el adagio, no tanto por las dificultades técnicas que propone, sino por la intensidad que el compositor exige de los intérpretes y quedé plácidamente convencido de la respuesta que nos dio el director invitado para este concierto.

El sexto programa inició con una obra de repertorio, la Obertura Fantasía Romeo y Julieta de Chaikovski, poema sinfónico de intenso aroma romántico, como corresponde a este compositor ruso. Sentí un poco frío el inicio, como que al maestro López Reynoso le costó un poco de trabajo meter a la orquesta a su batuta, o será que a los maestros de la Sinfónica les costó un poco entender las intenciones del director, como sea, pero sentí el inicio, quizás no frío, tibio en todo caso, pero no tardó en darse la comunicación entre el director y la orquesta con el fin de transmitir toda esa sensibilidad hacia las butacas, que otra vez estuvieron muy pobladas, un triángulo virtuoso entre director, orquesta y auditorio.

La próxima semana termina la primera temporada del año 2107 de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes con un programa compuesto por la Obertura Leonora, Op. 138 de Ludwig van Beethoven, la Sinfonía 92 Oxford en sol mayor de Haydn y después del intermedio la Sinfonía No. 4, OP. 98 en mi menor de Johannes Brahms. El director para este concierto es el maestro Jörg Birhance. La cita con su majestad la música es el próximo viernes 24 de marzo a las 21:00 horas el en Teatro Aguascalientes,  todavía la casa de nuestra Orquesta Sinfónica. Por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario.

rodolfo_popoca@hotmail.com

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