Opinión

Realismo mágico / Debate electoral

Hablar de democracia hoy en día, de partidos políticos locales en Aguascalientes, de la renovación del Consejo General del INE, de la posibilidad de segundas vueltas, alternancia o la violencia política hacia las mujeres, es el fruto de un camino que se ha trazado desde hace muchos años, y que tuvo como uno de sus principales antecedentes los movimientos sociales de los años 60 del siglo XX en Latinoamérica y otras partes del mundo.

Hablar de los 60 en México, en el contexto general, es hablar de los juegos de la decimonovena olimpiada celebrados en octubre de 1968 en la Ciudad de México. En ese mismo octubre en donde ocurre una matanza de estudiantes en Tlatelolco en la misma capital. Es hablar de guerra fría, crisis de los misiles, Kennedy y Kruschev, Fidel y el Che, Vietnam, Primavera de Praga, Mayo Francés, carrera espacial, psicodelia, rock and roll y una nueva filosofía de pensamiento amparada en el trabajo de jóvenes novelistas latinoamericanos cuyo trabajo se distribuye en América, Europa y en todo el mundo prácticamente, desafiando el concepto que tenía la literatura de esta parte del mundo.

Jóvenes que experimentan, en todo el sentido que da la palabra. Se ven politizados, en el mejor sentido del término. Todo es política, o se vuelve política, o terminará siéndolo, de manera inevitable. La Revolución Cubana como evento primordial en la zona, probablemente marque los límites entre los apacibles años 50 y los explosivos 60, y coinciden ambos eventos, el boom y la revolución, en el espacio-tiempo, en la fama y en la esencia: el boom defiende la acción política y social, el ambiente está politizado y hay que tomar partido.

El boom latinoamericano propició que fuera un semillero de artistas que se consagraron, incluso mundialmente, en las décadas posteriores de los 70 a los 90, en las que el país vivió curiosamente entre crisis económicas. Esos jóvenes idealistas y apasionados, fueron los posteriores legisladores de las reformas que nos condujeron al punto en que nos encontramos.

Hay que conceder que, evidentemente, las condiciones sociales no eran similares a las que tenemos hoy en día. En plena guerra fría, Estados Unidos requería aliados para enfrentar la amenaza soviética, a la par en que Castro tomaba Cuba, el vecino del norte tuvo la obligación de voltear sus ojos a Latinoamérica, contribuyendo con ello a la inclusión y reconocimiento de centro y Sudamérica por parte del resto del mundo.

Las obras del boom tienen por esencia la vanguardia. No son fáciles de leer, puesto que en muchas ocasiones son relatos no lineales, suelen utilizar diferentes puntos de vista y perspectivas. Rompen la barrera entre lo fantástico y lo cotidiano y de esa mezcla sale una nueva realidad.

Quizá el principal exponente del realismo mágico, dentro del boom latinoamericano sea Gabriel García Márquez. Obtuvo proyección internacional hasta su novela Cien Años de Soledad, quizá la obra cumbre del realismo mágico. Recibió el Premio Nobel de Literatura de 1982 principalmente por sus libros El Otoño del Patriarca y El Coronel No Tiene Quien le Escriba.

En ese realismo mágico, medio realidad, medio fantasía, en donde se desarrollan los personajes a los que da vida García Márquez, salen de sus obras para tornarse reales en nuestra sociedad. García Márquez, desde los 60 y hasta los primeros años del siglo XXI nos ha permitido conocer que la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos, solamente contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. De ahí que el buen ciudadano de Macondo sea buen ciudadano porque sabe e interpreta su realidad desde dentro, desde la novela, desde el realismo mágico. Donde Macondo es más que una ubicación geográfica, es un estado de ánimo.

Así pues, las nuevas generaciones que basan su entendimiento en las obras que nos han dejado quienes nos antecedieron, es decir la definición más primigenia de cultura como producto factual del ser humano, son las que nos trazan los nuevos recorridos. Nuestra generación, producto de esa que conoció y vivió el boom latinoamericano, habrá de entender que nuestro México (más que un país, un estado de ánimo) vive en un realismo mágico.

El lunes 6 de marzo, si el gran Gabo viviera físicamente entre nosotros, estaría celebrando su cumpleaños número 90, junto a su Mercedes (Gaba) y bailando un vallenato. Como no puede ser así, mandamos nuestra felicitación hasta Macondo, Aracataca o donde quiera que se encuentre, con el compromiso de honrar lo logrado por él en el camino democrático.
/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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