Opinión

Anhelos de nobleza/1 / Análisis de lo cotidiano

El sistema de gobierno preferido por toda la humanidad es la monarquía. Seguramente en este momento algunas personas saltarán indignadas y dirán “¿Cómo es posible que digas semejante disparate?” El mejor gobierno ha probado ser la democracia, por eso nosotros y la mayoría de las naciones del planeta tienen regímenes democráticos. Lamento decirle que no es así, los reyes y emperadores son lo que mandan aquí y en China (nunca mejor dicho) y asimismo en todo el orbe. Veamos el asunto desde su inicio. La primera civilización fue la egipcia y los registros más antiguos demuestran que el primer faraón existió tres mil años antes de cristo o sea que tenemos cinco mil años de existencia de reyes. La verdad es que la historia es corta. Desde que los hombres comenzaron a organizarse para vivir juntos y ayudarse unos a otros, se dieron cuenta de que necesitaban a uno que los dirigiera. Y con esto revelaron una carencia que es inherente a todas las sociedades, el miedo a la responsabilidad. Al grueso del grupo le da miedo o pereza conducir, tomar decisiones y organizar. Entonces se elige a un líder, o simplemente se le deja al más fuerte que tome la dirección de la tribu, el clan o el pueblo. Y así nacieron las grandes naciones de la Era Antigua, Asiria, Babilonia, Egipto, Fenicia, Persia, Judea, India y todas tuvieron reyes. También los griegos iniciaron su mundo teniendo reyes, hasta que en el año 500 A.C. Clístenes, un hombre respetado y conocedor de las costumbres inventó el sistema de elección de gobernantes llamado democracia. La idea era muy simple en su concepto, cualquiera de nosotros puede gobernar, vamos a elegirlo por votación. Sólo que, en el fondo, la intención era que las familias que tenían el mando y se lo pasaban de padres a hijos, igual que en todas las monarquías, dejaran ya de ser los únicos. No hay que olvidar, que las votaciones permitían elegir a cualquiera que fuera popular, aunque quedaban fuera las mujeres, los esclavos, los inmigrantes y las familias que ya habían gobernado, conocidas como los nobles. O sea que, desde el comienzo, la democracia no fue democrática. Además, la recién nacida forma de gobierno no duró ni un siglo, ya que setenta años después de haberse elegido los primeros gobernantes mediante el voto popular, la Guerra del Peloponeso terminó con el sistema y se regresó a la monarquía. Y desde entonces a la fecha la democracia reaparece y vuelve a desaparecer una y otra vez. Lo único que persiste es la adoración por los reyes, el anhelo de nobleza. Esto lo podemos ver en todo el comportamiento de una sociedad, dejando de un lado la política. Veamos lo que hacemos nosotros mismos a diario. Si yo inicio un negocio de taquería, en vez de nombrarla como “El Mejor Taco” prefiero bautizarla como “El Rey del Taco” ¿Por qué, si en nuestro país no existen los reyes? ¿O sí? Así tenemos negocios que se llaman “El Rey del Duro”, “El Rey del Zapato” y muchos más. Pero el anhelo de nobleza también abarca al resto de la corte por ello tenemos empresas que se denominan “La Reina”. “La Princesa” en todos los niveles, giros y categorías de comercios. Eulalio González, El Piporro, filmó en 1963 la cinta El Rey del Tomate, un humilde granjero vendedor de tomates, se convierte en adinerado líder de un mercado y se autonombra El Rey, no se le ocurrió ningún otro nombre. Años después un zacatecano emigró a Houston, Texas, y se dedicó primero a cosechar y después a cultivar y vender tomate, se enriqueció y por supuesto se hizo llamar El Rey del Tomate. Y como un auténtico monarca hizo lo que quiso, presidente municipal de Jerez en dos ocasiones, una por el PAN y otra por el PRD, se vestía como ranchero de lujo y murió siendo diputado federal. Sobra decir que se dio vida de rey. ¿Por qué la humanidad a lo largo de cinco mil años sigue viviendo con anhelos de nobleza? ¿Por qué seguimos teniendo reyes? Porque no hemos resuelto nuestra carencia existencial, el miedo a la responsabilidad.
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Héctor Grijalva

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