Opinión

Bombas / Cinefilia con derecho

Las bombas las odio, debe de morir la bomba de hidrógeno, 

la bomba atómica, la bomba lacrimógena, bombas…

nada más las yucatecas deben de existir

Tin Tan

 

Bombas, es obligado añadir, sólo deben de existir las de Calvillo, tradición que obliga, ir a ese Pueblo Mágico y pasar con Chuy, ver cómo prepara el elixir que ya trasciende fronteras: Bacardí blanco, Bacardí carta de oro, vodka Oso Negro, Blanco Madero, Vino tinto, Granadina, jugo de lima y refresco de toronja, antes Del Valle, pero la desaparición de este último obligó a mudar al Squirt, marcando, sin dudarlo, un cambio en el sabor de la exótica bebida, que algunos aún añoramos. ¿Cuántas onzas de cada licor? Lo que la mano del cantinero en turno decida, dando a cada bebida, una característica única, tan única como la cruda que cada quien se cargue o las necesidades alcohólicas propias de los parroquianos del día.

A Chuy Bombas lo conocí mientras despachaba en La Oficina, la mítica cantina donde inventó su bebida; después, cuando decidió emprender su bar en las orillas de Calvillo, decidí mudarme con él, no era tan famoso como hoy, uno podía estar en su taberna, con esa deliciosa parsimonia de antaño, platicando y emborrachándose como Dios manda, como un pecador estándar lo amerita. Hoy la cosa es diferente, si es día de fiesta, de esos que llenan de turismo los pueblos mágicos, he visto cómo prepara hasta cien o más bombas por hora; la tranquilidad de otra época, pasa a la fiesta, aquella parranda épica que en tantas películas mexicanas vemos, donde todos los asistentes somos amigos y se canta todo el repertorio cantinero.  

Contrario a lo anterior, el mundo ve el poder armamentístico de las grandes potencias, bombas que tienen por vocación cegar vidas, dejar huérfanos y viudas, destruir hogares y familias, en suma, a terminar con la existencia. Cosa más absurda la guerra, a los ciudadanos comunes nos preocupa la reciente escalada de amenazas y ataques, que parecen dirigirnos a otro gran conflicto internacional, es menester rechazarla, protestar en contra de ella, recordar una y otra vez, que la única arma válida, es la palabra; como lo demuestra, en una de sus tantas ficciones, Tin Tan, al responder a las acusaciones de cobarde de su progenitor, con una divertida cátedra sobre el pacifismo: “Yo no soy cobarde padre, yo soy pacifista, que no es lo mismo, odio el derramamiento de sangre inútil… y también el útil, si el mundo es muy ancho, es muy amplio, cabemos todos, no estamos en la luna que cuando está en cuarto menguante están todos apretados por eso yo, odio la guerra, la guerra fría, la guerra caliente y la guerra tibia”.

La cinta es La marca del zorrillo (1950) filmada y coescrita por Gilberto Martínez Solares, narra la historia de un gobernador que despoja de su hacienda y bienes a la familia de Tin Tan, éste es un joven miedoso que va regresando de Europa, y no se atreverá a enfrentar la violencia de los soldados del corrupto tirano, hasta que una bruja le regala un ungüento que lo transforma en un valiente espadachín. La película, una parodia de La marca del Zorro, es un clásico que sigue al pie de la letra, la fórmula del gran Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo: comedia ligera, diálogos ingeniosos, divertidos números musicales y la infaltable presencia de su carnal Marcelo (en el papel del opresor) vemos también a Silvia Pinal, a Tun Tun y hasta, en un extra sin mayor relevancia, a Don Ramón Valdés, el del Chavo del Ocho.  

Los diálogos contra la violencia, improvisados en la divertida cinta por Tin Tan, dan pie para recordar a Don Chuy, el emblemático personaje de Calvillo y de Aguascalientes, quien habita decenas de videos y cápsulas de Youtube; al amparo de la llamada Ruta del Artista, se elaboró un bien ejecutado mural donde podemos verlo preparando su fabulosa bebida; cada día, son más necesarios personajes de esta naturaleza, que rechacen la guerra y se dediquen a inventar bombas, artefactos que curen crudos y no que causen muerte.
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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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