Opinión

Contralorías de la verdad / Política For Dummies

 

El periódico The Times en Los Ángeles evidencia cómo los políticos, más hoy, mienten con facilidad, porque su ego se ve atentado o porque simplemente creen que viven en un mundo donde la realidad y la ficción no tienen diferencia. Así lo hace ver con el caso del presidente Donald Trump.

En tiempos electorales, la mentira se introduce en los candidatos, partidos políticos, medios de comunicación y ciudadanía de manera invisible. Es fácil confundirse entre la verdad y la mentira. Porque lo que importa en una campaña es ganar elecciones, algunos hacen promesas realmente inverosímiles o absurdas, como erradicar la inseguridad, reducir la desigualdad con universidades rosas y salarios rosas, exclusivos para las mujeres: discurso que incluso promueve la desigualdad. O hablar de que no habrá aumento de precio en los hidrocarburos y años después aceptar que era irreversible un aumento.

Es complejo reconocer las diferencias, entre la mentira y la verdad cuando de los políticos en la era de las redes sociales se trata, por eso es fundamental construir contralorías de la verdad aplicadas a personajes públicos y políticos. No solo para que mentir les salga caro, sino para que los ciudadanos tomen decisiones racionales construidas desde la verdad.

Una contraloría social se define como un conjunto de mecanismos de participación ciudadana para la rendición social de cuentas, según Felipe Hevia. Es un mecanismo efectivo que sirve para vigilar y controlar el uso efectivo de los recurso públicos, aplicación de programas sociales y la construcción de obra. En este caso ese mecanismo de rendición de cuentas busca confrontar los discursos y acciones de los actores políticos con argumentos, datos y estadísticas acerca de la verdad.  

Esta contraloría de la verdad debe aplicarse a los diputados que presentan iniciativas poco factibles financieramente o sin ninguna manera de controlar su efectividad, que son la mayoría en Jalisco, según reporta el Observatorio Legislativo del Iteso. O los que presentan iniciativas sin comprobar que ese problema que buscan erradicar en realidad es un problema público que requiere una solución urgente o simplemente es un tema coyuntural que el legislador desea aprovechar mediáticamente.

Pero también, esta contraloría de la verdad debe ir en contra de los candidatos que hacen propuestas basadas en locuras que solo pretenden atraer votos o en gobernantes que mienten porque su popularidad está en juego y usan la creatividad, sin importar las consecuencias, para aumentar su popularidad: algunas apelan a uno de los recursos más utilizados históricamente que es provocar una guerra para unir a una nación en el mismo sentido; así, gobernantes a lo largo de la historia han usado el pretexto bélico para convocar a la unidad nacional, convertirse en un héroe y aumentar la popularidad.

Pero mucho más importante, a los medios de comunicación que mienten porque no tienen como hábito la investigación periodística, la comprobación de fuentes o porque sus intereses son contrarios a los de la sociedad. Incluso algunos de los medios de comunicación, mienten porque no saben buscar o identificar la verdad, no de manera intencionada sino porque sus recursos, humanos y económicos los limitan a replicar mentiras. Para desgracia de la modernidad, esos medios de comunicación que buscan popularidad inmediata, tienen un impacto positivo ante la audiencia que en algunos casos ha preferido la mentira y la noticia simple, a la investigación y comprobación de hechos. La responsabilidad de los medios de comunicación es fundamental, porque vivimos en una sociedad teledirigida, como afirmaba Sartori, cuando hablaba de la importancia de los medios de comunicación para consolidar una educación democrática.

La televisión en México y en el mundo se convirtió en el principal propiciador de mentiras, motivadas por el sistema político y por una audiencia poco exigente. En la actualidad el sistema político está virando por uno que propicia la participación ciudadana y la transparencia y la audiencia, en gran medida gracias a la evolución de los medios de comunicación se está convirtiendo en una audiencia madura, capaz de identificar a los medios tendenciosos, oficialistas y carentes de rigor periodístico.

Personajes que contribuyan al desprecio de la verdad, no solamente le hacen daño a las instituciones públicas donde tienen su impacto, sino también a la sociedad moderna en general, una sociedad que aspira a encontrar la verdad como máximo estandarte.

Esta contraloría de la verdad debe construirse en honor de quienes mueren persiguiendo la verdad, como los cientos de periodistas asesinados alrededor del mundo y de Giovanni Sartori, recién fallecido, quién afirmaba: El único modo de resolver los problemas es conociéndolos, saber que existen. El simplismo los cancela y, así, los agrava. Y si no construimos una sociedad que busque la verdad, esa verdad que evidencie los verdaderos problemas de una nación o una comunidad es poco probable que se puedan conocer, incluso, no conocerlos o conocerlos erróneamente los desaparecen sin solución, porque nadie los observó, nadie volteó hacia el problema, sino hacia una versión falsa sobre él.

 

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

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