Opinión

Embates de la extrema derecha / Cinefilia con derecho

Las descaradas y claras intervenciones de los grupos de extrema derecha en la vida política del país tienen consecuencias graves: atentan en contra de su democracia. Es importante aclarar, esto no significa que no puedan manifestarse, por el contrario, se tiene que respetar el derecho de libertad de expresión, contenido en los artículos 6 y 8 de la Constitución, sino que, esas intrusiones se lleven a cabo dentro de los márgenes de la ley, luego, las restricciones son mínimas, pero concretas. Primero: no pueden pisar terrenos que les son vedados por la norma, como, por ejemplo, a la Iglesia participar, de forma directa o indirecta, en la lid electoral. Segundo: tampoco pueden buscar la limitación o prohibición de derechos humanos, reconocidos en la Carta Magna, los tratados internacionales, o el bloque de constitucionalidad.

Abundemos, primeramente, las leyes de nuestro país crean un marco de actuación para todas las autoridades y uno de reserva para los particulares, en esa medida, estos últimos deben ceñirse a ello, evitar utilizar argucias o mecanismos paralegales para lograr influir en las parcelas donde no deberían entremeterse. Más aún, tratándose de ONG, su legitimidad no deviene exclusivamente del marco legal, sino de su eminente esencia social, les obliga a cumplir desde la ética con esta obligación.

Por otra parte, es importarse preguntarse, al amparo de la libre manifestación de las ideas ¿Puede cualquier ciudadano declararse en contra de derechos humanos? La respuesta es no. El argumento absoluto, enfrascado en la frase célebre de Voltaire de que “Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero moriría por el derecho que tienes a decirlo” es una falacia en la medida de que no tiene acotaciones, la democracia no debe proteger conductas que tiendan a destruirla, a minar sus principios y, por esta misma razón y de forma particular, a manifestar ideas que discriminen.

Una libertad que tienda a totalizar ideologías de la mayoría, en perjuicio de los derechos de una minoría, que la denigren, es inconstitucional, como lo ha señalado la Suprema Corte de Justicia de la Nación al sostener en la tesis 1a. CXXXIII/2015 “…la representación de ‘normalidad’ con la cual una sociedad habla sobre algo o lo simboliza se le conoce como discurso dominante, mismo que se caracteriza por la construcción de un conjunto más o menos estructurado de creencias en relación a los miembros de un grupo, a lo cual se le denomina como estereotipo. Así, los estereotipos contienen explícita o implícitamente juicios de valor negativos sobre los integrantes de un grupo social determinado, ante lo cual se convierten en instrumentos para descalificar y, en última instancia, para justificar acciones y sucesos en su contra”.

Por lo anterior, las conductas que violenten aquellos límites de los que hemos hablado, tienen que ser, en la justa medida cada una, sancionadas; más que la punición, el estado debe encontrar mecanismos legales que permitan disuadirlas o impedirlas. Vemos algo parecido, en Historia Americana X (1998) la película sobre un joven neonazi que cursa su escuela con manifiestas ideas de odio, el director busca hacerlo reflexionar sobre los peligros y horrores de esa clase de ideología; a la par vemos la historia del hermano mayor, quien está en la cárcel por asesinar a dos negros que trataron de robar su vehículo, sin embargo, la dura vida en la prisión provoca que abandone al nazismo. La cinta, taquillera en aquellos años, es perturbadora y da parámetros sobre los peligros de corrientes totalitarias y generadoras de odio que no caben, bajo ninguna interpretación, dentro de los límites constitucionales del estado de derecho democrático de occidente.

La falta de castigo o ausencia de restricciones concretas y efectivas, empodera a las facciones y permite que su participación continúe, pero lo más grave, se robustezca, se prepare para nuevos ataques contra de prerrogativas fundamentales, ante la impasividad de la autoridad que se erige en un mero espectador, incluso la jurisdiccional. En próximos meses, veremos nuevos embates contra derechos de las minorías: el matrimonio igualitario, la adopción de parejas del mismo sexo, la libre disposición del cuerpo de la mujer (derecho al aborto) la creación de todo tipo de familias. Además, seremos testigos de una activa promoción electoral, que buscará castigar a los candidatos que impulsen estos temas, y premiar a los que los repriman. Es triste cerrar parafraseando a Marx: Un fantasma recorre México: el fantasma del fanatismo.

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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