Opinión

El grito de la ciencia / Piel curtida

Este 22 de abril, Día de la Tierra, se realizará en diferentes latitudes la Marcha por la Ciencia, una iniciativa que nació en Estados Unidos frente a los posicionamientos de Donald Trump contra varias políticas de conservación ambiental y que, gracias a la discusión plural, muestra la preocupación de estudiantes, profesionistas e investigadores por un posible retroceso social a causa de algunos grupos que buscan limitar la actuación de las ciencias que, desde sus trincheras y con sus claroscuros, han facilitado la vida cotidiana, impulsado el desarrollo democrático de la naciones, a visibilizar problemáticas, a recobrar la memoria y en especial: ofrecer alternativas para no cometer los errores del pasado.

En Estados Unidos, además del tema medioambiental, se ha hecho hincapié en los riesgos de un gobierno encabezado por una persona con una visión retrógrada que niega los problemas ya evidenciados de una perspectiva empresarial tirana, la industrialización desmesurada, del odio y el miedo a causa de la ignorancia. Por ejemplo, se advierte el posible cese del financiamiento estadounidense al Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas al especular que, dicho programa destinado a la planificación familiar y para apoyar a madres e hijos de más de 150 países, promueve el aborto coercitivo y la esterilización involuntaria; lo cual ratifica la urgencia de ampliar la divulgación de la ciencia hacia aquellas personas en rezago económico y social para que logren ampliar su visión sobre diversas situaciones y así evitar que se apropien de discursos maniqueos que utilizan sus temores y expectativas a modo.

En Francia, la urgencia por ampliar las investigaciones y la aplicación de protocolos para combatir la contaminación y el cambio climático parece mayor ante un periodo electoral donde se han presentado discursos ideológicos sin argumentos racionales, en los cuales se recurre a la melancolía de una ficticia época de prosperidad donde la violencia y la segregación revestidas como actos de corrección y saneamiento ocultaban las carencias más corrosivas de aquellas personas en la periferia de un desarrollo unilateral.

Durante el inicio de la convocatoria a la Marcha por la Ciencia en México, organizadores, académicos, estudiantes, activistas y usuarios de Internet habían manifestado la necesidad de ampliar el financiamiento a la investigación y al desarrollo tecnológico para impulsar una mayor productividad científica y la aplicación del conocimiento en acciones, modelos u objetos concretos; pero este clamor se acrecentó con los recientes ajustes a los apoyos para becarios Conacyt, colocando, nuevamente, en tela de juicio los mensajes políticamente correctos de funcionarios del Estado en todo el país.

Ya sea la Marcha por la Ciencia, la March for science o la Marche pour les sciences; la movilización de investigadores, catedráticos, estudiantes y técnicos de instituciones de educación superior y centros de investigación alrededor del mundo pone de manifiesto un periodo de conflicto donde la razón, que genera ideas críticas con el espíritu del continuo cuestionamiento y la curiosidad, se encuentra frente a un cerco conformado de miedo, errores, omisiones e ignorancia que ha optado por evitar la insurgencia de aquellas acciones que requieren nuestras sociedades para una mejor distribución de la riqueza, para ampliar el acceso a mejores condiciones de vida, vislumbrar los factores y alternativas que fortalezcan la convivencia, la paz, y posibiliten verdaderamente el desarrollo pleno de cada individuo.

La insaciable curiosidad, que se enarbola en los diversos comunicados de los comités nacionales y regionales de la Marcha por la Ciencia, es justamente la que ha permitido visibilizar las muertes a causa del lastre machista, la corrupción que tanto daño le ha causado a nuestro país, las oportunidades perdidas por una cultura cooptada por el desconocimiento y el odio entre sus semejantes sin reconocer que, quienes impulsan estas trágicas visiones les observan a distancia con ambición.

El pensamiento científico y el humanismo pueden ofrecer múltiples bondades, pero también requieren de la participación ciudadana para ello, por lo que este movimiento es un recordatorio de que la ciencia, a pesar de sus grandes alcances, no logrará transformar su entorno. Debido a esto, es urgente reconocer la trascendencia de la divulgación científica adecuada para los diferentes sectores de la sociedad, pues además de los contenidos masivos y digitales sobre curiosidades, política y el cotilleo de los espectáculos, la investigación debería tomar posición prioritaria en reconocimiento de sus beneficios.

Mientras en algunas naciones son noticia las hipótesis de que el universo es holográfico, invitando a la reflexión sobre lo inconmensurable de nuestro entorno; el hedor a muerte y miedo es la información más apremiante en México, a causa de nuestros males, los cuales podrían ser intervenidos de manera integral y multisectorial si se permitiera la amplia intervención de los científicos y la población, la cual vive diariamente los problemas que le son lejanos a unos cuantos que tienen bastante, y otros tantos en exceso. Así como se promociona el morbo, difundir la ciencia ampliará la visión de quienes cuentan con los recursos para impulsar cambios de manera más fácil, pero también la de aquellas personas que podrían identificar en otros espacios un poco de calma e incluso herramientas para su defensa.

La Revolución Francesa ha sido el gran referente de la ilustración, del llamado Siglo de las Luces, momento en el que diversas sociedades reconocieron que seguían patrones que les estaba costando su dignidad y la vida, cuando el pensamiento religioso tergiversado y envenenado por la ambición perdió el control de los sueños, el miedo y la ignorancia de humanos que no lograron experimentar plenamente la vida.

En vísperas de la Marcha por la Ciencia vale la pena retomar La Marseillaise: ¡marchemos!, el día de la gloria ha llegado; la tiranía está contra nosotros y el sangriento estandarte está elevado. Y si algún nacionalista me cuestionase por no recurrir al himno mexicano, sólo escribo: ¡cuidado!, que más allá de demarcaciones, somos humanos que perecemos sin reconocer que, al menos, podríamos hacer más apacible la muerte que inicia su caminar con la vida misma. Es tiempo de que la ciencia grite, y para ello requiere de nuestras voces.
[email protected] | @m_acevez


Vídeo Recomendado


The Author

Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

No Comment

¡Participa!