Opinión

La calle, protagonista de la historia / Opciones y decisiones

La protesta callejera es tan antigua como la aspiración a la democracia, pues no se entiende la una sin la otra. Las grandes marchas de los pueblos por la vía o la plaza pública son en esencia el apoderamiento apasionado de una opción histórica intencionadamente clausurada. Así nacieron las manifestaciones obreras contra el desempleo y los bajos salarios, en plena revolución industrial. Así acaecieron las protestas civiles en el mercado contra el encarecimiento de los alimentos básicos ante los comerciantes. Así marcharon los profesionistas de las clases medias en el Siglo XX para exigir mejores condiciones laborales. Así se enfrenta un pueblo vulnerado y reprimido ante un poder despótico. Y, hoy, así marchan las mujeres contra todo tipo de violencias machistas.

En Aguascalientes, el 24 de abril se agrupó un contingente en contra de las violencias machistas, en conjunción con el resto de las movilizaciones que ocurrieron en todo el país con este mismo objetivo, que constó de cerca de 50 mujeres que irrumpieron por la vía pública iniciando su cita en la esquina de las calles Carranza y Galeana para avanzar por algunas de las principales zonas de la Feria Nacional de San Marcos. (Crónica. LJA. Sociedad y Justicia. Mujeres marchan en contra de las violencias machistas. Carlos Olvera | 25/04/2017). Allí están consignados los pormenores de la marcha.

La oradora principal fue Angélica Contreras. Cuyo pronunciamiento es contundente: “Estamos cansadas, estamos hartas de que nos estén violentando, de los feminicidios; a recordar: a Katia, a Andrea, a Aurora, a todas las mujeres que han sido víctimas de feminicidios que siguen impunes”.

La peculiaridad de esta marcha, consiste en denunciar todas las clases de violencias. “Violencia económica, política, familiar, acoso callejero, feminicidios”. Y el objeto de sus consignas: Jueces y fiscales también son responsables, Denuncia archivada, mujer asesinada y La calle y la noche también son nuestras.

Su fundamento racional remite a la infaltable numeralia: “Según datos del Organización de las Naciones Unidas (ONU), en México siete mujeres son víctimas de feminicidio al día y el 98 por ciento de los casos de violencia contra mujeres no se resuelve, mientras que en Aguascalientes, el Observatorio de Violencia Social y de Género, reportó cinco feminicidios en 2016. Este año ya se reportó uno más.

La interpretación semiótica del evento queda a cargo de Tania Magallanes. Quien sintetiza con objetividad la dimensión de su contingente. “Play. 50 mujeres en la marcha #24A 2017. Sólo una mujer trans en representación del grupo LGBT, por ahí algunos hombres que se animaron a participar. Por momentos parecía que había más policías que marchistas”. (LJA. OPINIÓN. Todas somos Valeria. Tania Magallanes | 25/04/2017).

Afronta el hecho de la escasa afluencia: “En medio de la marcha de 50 mujeres invisibilizadas, entre el estruendo de la tambora que ahogó las consignas”.

Luego, razona por el descorazonador monto de participantes: “La posición neutral siempre apoya al opresor. Menos de 50 personas participamos en la marcha contra las violencias machistas. No hay punto de comparación con la marcha del año pasado, donde más de 500 se movilizaron y las organizaciones civiles se dejaron ver. En esta ocasión no. Desde el principio la difusión en redes no tuvo vuelo y pocas personas respondieron. Despreciada, la marcha funcionó despacio”.

El nudo en la garganta se traba en un flojo nudo de concurrentes: “No faltó quién comentara al final todas las desavenencias que las feministas tenemos entre nosotras, que si los colectivos, que si los grupos, que si las que se juntan con fulana no toleran a perengana, de cómo unas son más que otras y que, al final, somos unas dejabajo”.  

Secuencia que remite a un metasignificado: “Chismes de lavadero. Estereotipo. Esto le va a dar de comer a los ‘feministos’ que comenten el tema, esos que en esta ocasión no participaron en la marcha porque ya no era necesaria para brillar en su carrera política o puesto del gobierno. Los que antes salieron a escribir ‘hoy salimos a marchar’ no se aparecieron”. Ausencias muy significativas que enfatizan el oportunismo y/o protagonismo histriónico de una comedia de enredos; llamando al pan, pan y al vino, vino este silencio presencial hace explotar en la cara, la falta de solidaridad, pura y llana.

Y surge una deseable anticipación de relecturas que no sean fuego amigo: “Habrá quien desmenuce la poca participación y nos hable como buen ciudadano del mundo de nuestra falta de sororidad y de cómo entre mujeres siempre nos abandonamos”. Conclusión que anhela y predice la ocurrencia de un antisemema que alivie o ayude a restaurar la herida, al menos, ¡carajo!

Voy a atravesar un interludio, para recoger este guante al aire. Evidentemente, no me siento ni pretendo ser uno de esos “feministos” a los que alude Tania. Sin embargo, sí tengo memoria de otro evento histórico que para mi gusto dejó marcas indelebles. Me refiero al movimiento civil del sindicato de costureras emergente al punto del sismo en la Ciudad de México, aquel aciago 19 de septiembre de 1985. A los pocos días de ocurrido, me tocó en suerte acudir a aquella zona urbana desolada de San Antonio Abad y Tlalpan, en el Centro Histórico. Fui en carácter de administrador de un fondo de ayuda de la Comunidad Mexicana de Quebec que apoderó al padre Miguel Concha Malo, O.P. -cofundador de La Jornada– como responsable de su manejo y destino. Ambos trabamos contacto con ese valiente contingente de mujeres obreras, solidarias con sus compañeras damnificadas o muertas. Logramos establecer objetivos conjuntos para aliviar o incluso reeditar su situación hacia un fin benéfico, efectivo, eficaz. A lo que siguió una secuela de acciones prácticas buscando una mejora real de su situación como colectivo de mujeres, decididas a surgir literalmente de las cenizas a una nueva opción vital.

Logramos establecer consensos con ellas para realizar intervenciones constructivas en pro de su organización; en cuya instrumentación descubrimos algunos puntos divergentes que supuestamente provenían de liderazgos muy visibles de grupos feministas que arroparon las causas de este sindicato de costureras. Las acciones se diferían y se tornaba más compleja su implementación. De pronto, nos comunicaron que habían logrado una entrevista excepcional. Se trataba de un encuentro en lo alto de la Secretaría de Programación y Presupuesto con nada menos que el entonces secretario Carlos Salinas de Gortari. El fruto de la reunión no se hizo esperar: se les dotaba con toda la maquinaria requerida para instalar un taller completo de costura, ellas mismas levantaron el inventario del equipamiento necesario y donado bajo palabra y gracia del proactivo secretario.

Emocionadas por el cuantioso monto de la inversión en capital de trabajo, se aprestaron a constituir una cooperativa de producción, Ixcabet si mal no recuerdo fue su nombre. Hasta donde pude percibir, las consejeras y asesoras del movimiento fueron conspicuas líderes de grupos feministas, de cuyas intervenciones pudieran dar mejor cuenta personajes como Elena Poniatowska o militantes de cuerpo entero como Marta Lamas. El fondo Quebec apoyó en parte el proceso de organización interna. Y luego, la historia.

El Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, que tuvo origen apenas un mes después del terremoto, fue disuelto por falta de agremiados en 2006. Algunas costureras formaron en su sitio una asociación civil que brinda talleres, tanto de confección como de derecho laboral. Otras decidieron rehacer al sindicato y consiguieron una nueva toma de nota por parte de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y lo integraron en el Frente Auténtico del Trabajo (FAT). (Linaloe R. Flores. Sin Embargo. septiembre 20, 2015. Las Costureras del 19 de Septiembre Sufren Olvido y Pobreza. Fuente: https://goo.gl/zr2zNP)

Su sino es tan ominoso como lacónico. Ya sea en la asociación o en el sindicato, no hay quien no lance la alerta de la sobrevivencia por inanición. Los números lo dicen también con su frialdad. En el primer año de vida del sindicato, había ocho mil agremiadas de 40 fábricas; en 1992, el número era de menos de 500; en 1994 -cuando la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN)- quedaban sólo 250. En esta fecha, según el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi), hay 300. (Las costureras del 19… O. Cit. Ibídem).

Tania remite al desenlace, que deja caer como una puntilla. “Recordé cómo el mes pasado muchas feministas y no feministas repudiaron a la escritora Valeria Luiselli porque se atrevió a decir en un texto: ‘Todas las mujeres brillantes que conozco han tenido que reemplazar el libre ejercicio del pensamiento complejo por el aburrido derecho a salir a la calle con cartulinas’”. (Ut supra. Todas somos Valeria. Ibídem).

Semema que rápido encuentra su antisemema, al final, es siempre la Historia la única que es capaz de refutar al pensamiento complejo y teórico, cuya resolución se hace de espacio y tiempo, en la calle.

P.S. Expreso mis más sentidas condolencias al sr. Felipe González González, colaborador de estas páginas, y a su apreciable familia.

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Francisco Javier Chávez Santillán

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