Opinión

Lo que leíamos de niños / Alegorías Cotidianas

Nuestras primeras lecturas siempre serán un reflejo de lo que les interesa a nuestros padres y profesores. Cuando somos pequeños tenemos un universo por descubrir, desde los colores, las figuras geométricas, números, palabras, todo lo que nos hace sociables y ser parte de un medio.

Después de todos los cuentos infantiles es importante conservar el recuerdo del primer libro que leímos entero, no los fragmentos de los libros de texto sino ese que, por placer, nos llevó a leerlo de principio a fin y nos convirtió en un lector.

Quizá, como adultos, no estemos conscientes de el cómo influimos en los jóvenes y del cómo aprenden a ver al mundo a través de nuestros ojos, no importa cuántas reformas educativas hagan, si los padres y profesores no leen, los estudiantes tampoco lo harán.

Como maestra universitaria, siempre invito a los chicos a leer, no importa la clase o el idioma trata de enamorarlos de los títulos y escritores esperando que algunos de ellos caigan y sigan el camino de la cultura. Al menos este año me propuse que lean un libro por semestre, si durante su formación nos topamos tres veces las mismas ocasiones habrán leído un libro entero.

La semana pasada un alumno me dijo que no le gustaba leer y por lo mismo no terminaba la lectura y los libros pasaban al olvido; sin embargo, con Los Periodistas de Leñero no le había ocurrido lo mismo y estaba asombrado de haberlo terminado en un santiamén además de quedarse con ganas de seguir conociendo a ese autor, y cómo no si la propuesta fue creada para ellos, para los principiantes de la carrera de comunicación quienes aprenden a escribir y descubrir si el periodismo es lo suyo.

Lo anterior me hace recordar que en algunas escuelas al castigar a los alumnos los envían a las bibliotecas, ahí empieza uno de los problemas de cómo es vista la lectura pues si se impone de una manera u otra será rechazada, aunque, si lo podemos comentar sarcásticamente, algunas bibliotecas de instituciones escolares son sumamente pobres y se usan como salas de retención o castigo, bodega, manualidades pues los directivos, administrativos y personal docente no se interesan en leer. En un sondeo sencillo de una institución educativa de Gobierno del Estado, de 50 docentes asignados a un área específica sólo tres son asiduos de la lectura.

Los profesores que no leen no son un problema único de las instituciones educativas públicas sino también de las privadas. En Aguascalientes pocos colegios ponen a leer a los estudiantes ya sea en español, francés o inglés (según sea el caso, claro está) y en algunos de ellos no llevan un registro de lo que leen los alumnos por mes y ni siquiera se percatan que cambian de libro cada clase pues lo piden prestado, tramposamente, a compañeros de otros grupos mientras el profesor, rascándose la panza cómodamente en su escritorio está entretenido con el iPad que le asignaron en lugar de poner el ejemplo y leer junto con los chicos o monitorear el grupo.

Naturalmente que poner a leer a los chicos conlleva mucho más trabajo no pagado, desde buscar la lectura adecuada, dar seguimiento personalizado y, sobre todo, leer un gran número de reportes.

Tal vez no todos los docentes lo vean así, sin embargo, si no reinventamos la literatura y su uso en la vida cotidiana muchos lectores se perderán, pues como individuos sólo necesitamos un empujoncito para hacer las cosas, después formar un hábito y finalmente, amarla.

En la actualidad, si preguntamos ¿cuál fue tu primer libro? La pregunta se torna a no, mejor pregúnteme cuál fue mi primer videojuego, tal vez de manera sentimental puede tener relevancia, mas no aporta nada a nuestra vidas que pueda nutrirnos y hacernos seguir adelante.

Como mexicanos ¿qué necesitamos para ser lectores? Dejando de lado el formar lectores sino SER con todas sus letras, para impulsar la literatura hispanoamericana, y continuar defendiendo nuestra lengua.

Antes se consideraba analfabetas a quienes no sabría leer y escribir, después pasaron a ser obsolescentes dinámicos quienes no saben emplear las computadoras y los gadgets, actualmente ¿cómo llamamos a quién no lee? Pues si no se alimenta el conocimiento no hay que compartir, cómo crear, cómo debatir, cómo ser.

Si volvemos a las Reformas Educativas, un profesor sin comprensión lectora poco podrá hacer para dar a entender a sus alumnos el punto clave del tema, por lo que su aprendizaje será insípido o nulo y si a eso le sumamos el que ya no “memorizarán”, entonces tendremos un pueblo más ignorante, más manipulable, más pobre.

Deberíamos aplicar una encuesta a los profesores de educación básica privada y pública de cuál fue su primer libro leído de pe a pa y a qué edad fue, quizá los resultados pueden ser sorprendentes y sin darnos cuenta podremos modificar la Reforma Educativa para que sea aplicada en los docentes y no en los educandos.

Siempre podremos encontrar lecturas adecuadas para nuestras materias o bien los momentos que se vivan en familia o en grupo, sin embargo, mientras no amemos la lectura poco se podrá hacer.

Varias asociaciones y algunos políticos preguntan ¿qué México le dejaremos a nuestros niños? La respuesta es muy sencilla, esos pequeños tendrán el país que nosotros cultivemos en casa, por ello es importante el hacer un ambiente donde el conocimiento, a través de la lectura, sea un espacio habitual, de regocijo y esparcimiento individual y colectivo.

Aún recuerdo, con mucho cariño, mi primer libro, era de mamá, me lo dio a leer y aunque no recuerdo cuanto tiempo tardé en terminarlo algunos pasajes están aún en mi memoria, tenía siete años, por eso hoy lo conservo como uno de mis tesoros. Y usted, querido lector ¿cuál fue su primer libro y cuántos años tenía al leerlo?

 

Laus Deo

@paulanajber

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Paula Nájera

Paula Nájera

1 Comment

  1. Eduardo
    04/04/2017 at 17:35 — Responder

    Gracias Paula Nájera su articulo no tiene desperdicio me conmovió profundamente, tengo 55 años, cuando a mis hijos en la primaria les preguntaron que quien de todo el grupo había visto leer a sus padres -los unicos que respondieron afirmamente fueron los mios… me asombro la respuesta , pero estoy orgulloso de ser lector.

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