Opinión

Los gobernadores y la ausencia de equilibrios / Política For Dummies

“El federalismo mexicano nunca ha funcionado. Fue y es un arreglo político que canjea lealtad política con el presidente por discrecionalidad en los estados. Usted, gobernador, recibe órdenes de la capital y mientras las siga al pie de la letra, nosotros respetamos que haga de su Estado lo que se le antoje” Así describe Enrique Toussaint, periodista jalisciense, el fracaso del federalismo en México, y desde esa hipótesis plantea el problema de la impunidad que reina en los gobernadores de los estados.

Por otro lado, Pablo Montes, en Letras Libres escribe: “Al contar con una gran cantidad de recursos públicos en sus manos, los gobernadores pueden permitirse la compra de lealtad e impunidad”. Ambos tienen una visión certera y con argumentos sólidos, pero difiero, el problema no es el federalismo; regresar a un sistema centralista, sería un retroceso sin precedentes. Tampoco el problema es que los gobernadores compren lealtad o impunidad, eso lo hace hasta un alcalde de un poblado muy pequeño, el problema fundamental es la ausencia de contrapesos locales.

Desde lo local, es fundamental construir oposición inteligente y contrapesos que en realidad funcionen como balanza en el desempeño de los gobernadores. Esos contrapesos están definidos legalmente pero no formalmente. Es decir, los gobernadores de los estados tienen contrapesos, en teoría, en la configuración de los organismos públicos autónomos, en los medios de comunicación, en la sociedad civil, pero principalmente en el Congreso estatal. El problema es que no funcionan.

Sería un error pensar que desde el centro con un Poder Ejecutivo federal superpoderoso la corrupción de los gobernadores y su virreinato local terminará. Eso es erróneo y lejano de la realidad. Los gobernadores tienen un poder sin topes, sin contrapesos, sin equilibrios y sin oposición, para que no se repitan casos de gobernadores autoritarios, con un tinte casi dictatorial y que compran lealtades e impunidad desde su posición y se enriquecen del erario público debe fortalecerse el federalismo, no desaparecerse.

Fortalecer al federalismo significa, fortalecer la autonomía de los Congresos estatales y sus facultades, delimitar facultades de los gobernadores, defender mecanismos que garanticen la autonomía de los organismos públicos autónomos: electorales, de transparencia y de derechos humanos. Desde la designación de los titulares, para blindar los procesos de cuotas partidistas, que terminan respondiendo al gobernador en turno.

Debe garantizarse la integración plural de los Congresos estatales y promover un nuevo modelo de los medios de comunicación donde puedan diversificar sus ingresos para no depender de los recursos que le otorgue el ejecutivo estatal. Los medios de comunicación empoderan a los gobernadores. Además se debe garantizar la plena autonomía de los organismos de auditoría y contraloría, para que no dependan tampoco de cuotas partidistas ni del gabinete y voluntad del gobernador.

La corrupción funciona en redes de silencio y complicidad, se debe atacar promoviendo contrapesos que evidencien esas redes, las rompan y las investiguen, los medios legales son los Congresos estatales, las auditorías y contralorías. Estas tres instituciones son altamente débiles en los países donde abunda la corrupción.

Con atino, Toussaint afirma que los estados son parcelas de poder para que los gobernadores en turno puedan explotarla en beneficio de su partido político, de él mismo o del presidente de la República o gabinete, con contrapesos eso no sería así. El gobernador debe ser el principal defensor de las necesidades de sus ciudadanos y tiene en los legisladores de su circunscripción y de su estado a los principales gestores de los recursos necesarios; los diputados a su vez deben representar los intereses de los ciudadanos que votaron por ellos, no los del gobernador.

Por lo tanto, no se trata de un problema de déficit en el federalismo y la solución no es reducirlo, sino fortalecerlo en sus tres pilares de un sistema que provoque equilibrio: congresos estatales, auditorías y contralorías. Se debe fortalecer a los partidos de oposición para que en legislaciones federales como la creación de sistemas estatales anticorrupción se construya un sistema que en realidad combata la corrupción. Se debe blindar la designación de cargos públicos para que funcionarios sean autónomos y promover el servicio civil de carrera, para profesionalizar la política y quitarle al gobernador la posibilidad de comprar lealtades con posiciones y recursos humanos. Además de fortalecer estos actores, otro sistema de contrapeso deficiente es la academia y sociedad civil que desde lo local debe actuar en las esferas públicas y políticas, para que con investigación, indicadores, foros y presión social, se delimite el poder a los gobernadores.

Es un cambio radical en la cultura política de un país donde la corrupción está ligada con el concepto de política, sin embargo es un cambio fundamental y necesario. Además de esas acciones concretas, los ciudadanos deben reconocer a los funcionarios corruptos que trabajaron en administraciones corruptas para no volverlos a elegir en ningún cargo de elección popular, el poder de sanción más efectivo es el de las urnas, los ciudadanos lo tienen. La corrupción y el virreinato de los gobernadores no se ataca encarcelando a algún rostro protagonista, se ataca fortaleciendo a la sociedad civil, a la academia, a los mecanismos de control y sanción estatales, no debilitándolos.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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