Opinión

Porque necesitamos de la ciencia, la ciencia nos necesita / Disenso

En su deliciosa TED Talk, Cuando las ideas tienen relaciones sexuales, el zoólogo Matt Ridley comienza diciendo que durante su etapa en la universidad se preveía un mundo desolador producto de la sobrepoblación, de la epidemia de cáncer debido a los “químicos en el ambiente”, de la lluvia ácida que barrería con las ciudades, del petróleo que se agotaba y que avecinaba un invierno nuclear. Nada de esto sucedió. En cambio, dice Ridley, durante su tiempo de vida, el ingreso per cápita en el planeta -ajustado por inflación- se triplicó, la esperanza de vida aumentó en un 30 por ciento, la mortalidad infantil se redujo en dos tercios, la producción de alimentos creció un tercio per cápita y todo ello, en un periodo en que la población se multiplicó. ¿Cómo nos convertimos en la única especie que se vuelve, de hecho, más próspera, conforme crece en cantidad? Es la última pregunta que deja en su introducción.

La charla posterior versa sobre la hibridación de las ideas, el encuentro e intercambio, la refinación de procedimientos que permiten que nuestra vida como especie haya ido consiguiendo serias mejorías. Un ejemplo contundente es que, en 1800 para conseguir una hora extra de luz a través de un mecanismo -digamos “artificial” para fines didácticos- se necesitaba trabajar 6 horas de paga promedio para pagar una vela; menos de un siglo después, apenas de 1880, tener esa hora de luz a través de la paga del queroseno equivalía a 15 minutos de trabajo; 70 años después con un foco de bulbo, 8 segundos de paga promedio, un foco contemporáneo da luz por una hora por un gasto equivalente a medio segundo de paga promedio.

Los datos sobre la mejoría en nuestras vidas -sin soslayar por supuesto el terrible nivel de desigualdad producto de la pésima repartición de riqueza (que tiene su origen en la política)- son en todos los casos contundentes. La ciencia, a pesar de la extrañísima -e inentendible para mí- sospecha que pueda generar en algunas personas, es la herramienta, no como piensan los apocalípticos, que nos llevará a la autodestrucción, sino la única forma realmente eficiente que pudiera evitarla. Los avances a nivel médico, prácticamente haber acabado con padecimientos atroces, las prótesis, la asistencia infantil, las telecomunicaciones, el conocimiento que tenemos del universo, son todas formas en que la ciencia se manifiesta.

Cuando en pleno despiste alguien señala “¡pero si la ciencia comúnmente se equivoca!” señala justo la mayor virtud de la ciencia: su revisionismo permanente. Eso, el haber saltado de la vela de cera al queroseno y luego al foco de halógeno, filamento de carbono y led, es el resultado natural de que la ciencia no se contente ni se detenga.

En los albores del siglo que verá el descifrado del ADN, el mapeo del cerebro, la regeneración de órganos, se ha dado el fenómeno de la “post-verdad” una tontería que lleva años en el ambiente y que lastimosamente el presidente Trump ha traído a la escena mundial. El día sábado se llevaron a cabo, por todo el mundo, marchas en defensa de la ciencia. Así como lo lee usted: se marchó en estos días para recordarnos que la tierra plana, el homúnculo de Paracelso y el agua como medicamento (además de “curar” la deshidratación) no son formas de la ciencia, porque se pone a prueba a sí misma más allá del contentillo de opinadores y gobernantes. Porque no se trata de lo que queramos que sea la realidad ¡ni siquiera de lo que “la ciencia” crea que es la realidad! Sino de lo que los criterios de demarcación, corroborativos o falsacionistas, deductivos, inductivos o abductivos, tengan para decirnos a partir de pronósticos medibles y contrastables.

Aunque suena casi ridículo que tengamos que recordárnoslo es importante cuando el hombre más poderoso del mundo desafía como si fuera una cuestión de volición la aplastante evidencia del calentamiento global, o cuando en México legisladoras y legisladores priistas intentan legitimar a los homeópatas como médicos, o cuando la casa de estudios más importante del país mantiene como académico a un subnormal que cita como hechos científicos el timo psicoanalista.

/Aguascalientesplural

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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