Opinión

¿Satrapías o entidades federativas?

Satrapía es un término del griego antiguo, derivado a su vez de la lengua persa, que expresa el nombre que se dio a los gobernadores de las provincias de los antiguos imperios persa y Medo en oriente medio y luego a sus sucesores helenísticos (con la fragmentación del Imperio de Alejandro Magno). Contemporáneamente, el término ha pasado a utilizarse en sentido coloquial y peyorativo para decir que un sátrapa es una persona que gobierna despóticamente.

Y la pregunta que titula el presente texto es pertinente ante la evidencia del despotismo, la corrupción y la impunidad con la que la mayor parte de las entidades federativas del país, Aguascalientes incluido, naturalmente, han sido gobernadas, o mejor sería decir “desgobernadas” durante los pasados años.

Y no es que el fenómeno sea nuevo ni mucho menos, pero es que actualmente son por lo menos 22 las entidades con escándalos de corrupción en el país, donde el ya famoso “Javidú” no es más que la punta del iceberg de la monumental corrupción en México. Pero siendo la mayoría, no se piense que son solo los sátrapas de tres colores, pues hay de todos los demás también, baste recordar a Reynoso o Padrés del PAN, a Velasco del supuesto Verde, o a Ramírez Garrido del PRD. Es decir, que el problema es “sistémico”.

Tal parece que la corrupción de estos gobernadores no tiene precedentes, pues nunca antes habían podido documentarse desfalcos tan grandes en los gobiernos estatales. Y esto se debe principalmente a dos factores: el poder autócrata que detentaron sin contrapesos ni controles locales o nacionales con la llamada “alternancia” y la información pública que ha ido apareciendo de la mano de las diversas organizaciones de la sociedad civil y algunas investigaciones periodísticas.

En realidad ha habido siempre un pacto de impunidad entre la clase política, que algunos investigadores no dudan en calificar como una verdadera “omertá” o pacto de silencio mafioso. La evidencia disponible demuestra que esto es especialmente acusado en los gobiernos del PRI, pero en la medida en que se descentralizó el poder y surgió “el nuevo federalismo” y los gobernadores se convirtieron en pequeños sátrapas locales y pudieron saquear con absoluta libertad e impunidad sin ninguna vigilancia, ante una sociedad civil en lo general ausente o anómica. Adicionalmente, esto ha sido posible porque estos pequeños sátrapas controlan de manera evidente los congresos estatales y los sistemas de rendición de cuentas de sus respectivas entidades, lo que deja muy en entredicho aquello de la libertad y la soberanía estatal que suelen esgrimir con cinismo cada vez que alguien osa pedirles que rindan cuentas.

Es así que de 2010 a la fecha, al menos 11 gobernadores han sido señalados por actos de corrupción e investigados por desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito. Entre ellos, figuran los casos de Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo), Guillermo Padrés (Sonora), César Duarte (Chihuahua), Ángel Aguirre (Guerrero), Fausto Vallejo (Michoacán), Jorge Herrera Caldera (Durango), Miguel Alonso Reyes (Zacatecas), Rodrigo Medina (Nuevo León), Egidio Torre Cantú (Tamaulipas) y Rubén Moreira (Coahuila). Esto sin contar con gobernadores de años anteriores fueron investigados por casos de enriquecimiento ilícito y vínculos con el crimen organizado, entre los cuales se incluyen los nombres de Andrés Granier (Tabasco), Humberto Moreira (Coahuila), Juan Sabines (Chiapas), Emilio González (Jalisco), Fidel Herrera (Veracruz), Arturo Montiel (Estado de México), Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández (Tamaulipas), José Murat y Ulises Ruiz (Oaxaca).

Pero aún cuando la misma Auditoría Superior de la Federación ha reconocido que el tamaño del desfalco como el de Javier Duarte en Veracruz ha impuesto un nuevo récord desde el surgimiento del órgano fiscalizador, otros expertos consideran que, más allá de que ésta pueda ser considerada la generación de gobernadores más corruptos en la historia de México, lo que ha pasado en los últimos años es que la ciudadanía cuenta con más posibilidades de conocer las corruptelas de los mandatarios estatales gracias al trabajo de las organizaciones civiles y la prensa independiente.

La lista es tan larga que más de alguno quedará fuera: Vallejo, Alonso Reyes, Herrera Caldera, Torres Cantú, los inefables hermanitos Moreira, Aguirre, Medina, Padrés, Reynoso femat, Borge, más los que se acumulen, que siempre podrán ser treinta y uno.

¿Cuál de ellos ha sido el peor? Imposible precisarlo con exactitud. ¿Cuál es el tamaño del desfalco a las arcas públicas de la nación? Difícil saberlo con certeza, pero cifras conservadoras de diversas fuentes advierten de cantidades que rebasan por mucho los cien mil millones de pesos y contando. ¿Remedios? Ninguno por sí solo, sino más bien un conjunto de medidas que pasan por el empoderamiento de la sociedad civil, el final de los monopolio de los partidos en la representación política, la rendición de cuentas, la persecución de los delitos y el final de la impunidad sistémica. Y claro, la invaluable ayuda del aparato de justicia de los Estados Unidos de América, sin cuyo reputado celo jamás sabríamos de muchos casos hoy públicos.

Cola: Hoy casi 1 de mayo, conviene recordar al infaltable y necesario Eduardo Galeano: “El derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral; el lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría; en lugar de dictadura militar, se dice proceso; las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas; cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos; el saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito. Eduardo Galeano.

Post Scriptum. Una condolencia sincera a la familia González Ramírez por la irreparable pérdida sufrida recientemente. Descanse en paz, Felipe González Ramírez.


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Enrique F. Pasillas

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