Opinión

Aguascalentenses y japoneses. Podemos convivir juntos

By  | 

Ya casi 40 años de paridad entre aguascalentenses y japoneses. La ciudad se vinculó con la inversión japonesa al instalarse el proyecto del Despegue Industrial del Estado a inicios de los 80, en la administración de Rodolfo Landeros (https://goo.gl/mE8oAq, p. 138). Desde esa fecha, el número de nipones ha incrementado a tal manera que se considera un demográfico común, incluso hay más japoneses que estadounidenses; según datos del Instituto Nacional de Migración, en Aguascalientes residen mil 143 japoneses y, en promedio, arriban 65 más por año. (https://goo.gl/ilvSHT)

¿Y cómo ha sido la relación entre aguascalentenses y nipones? La investigadora de la UAA, María Rebeca Padilla, en el 2009 publicó un artículo sobre esta relación (El corazón japonés, https://goo.gl/N7bCCg). A esa fecha, se tenían 30 años de contacto entre ambas comunidades. Se destacan los siguientes puntos: “No aparece Aguascalientes en sus círculos de interés”, pues como empleados de empresas transnacionales, consideraban como destino a países europeos o ciudades de Estados Unidos; “Llegan con prejuicios de México”, pues el narcotráfico ha sido motivo para que el mundo reconociera al país como tierra de drogas y de cárteles; “Viven mejor aquí”, ya que tienen mejores condiciones de vida, mejores empleos y más solvencia económica; por último, “No han podido/querido integrarse”.

Este último punto me ha inquietado bastante. Según menciona la investigadora en su estudio, el interés por relacionarse con la ciudadanía de Aguascalientes era muy poca a inicios de 1990 y hasta el 2009. Las razones son, evidentemente, por cuestiones culturales, lingüísticas. Por ejemplo, señala la investigación, son conscientes de su situación de inmigrantes, son gaijins, que en su país tiene una connotación muy negativa; además, según la información adquirida en esas fechas, prefieren la discreción y se dedican exclusivamente a laborar.

El estudio concluye en que, además de estas barreras, es difícil crear lazos en profundidad debido a que el estudio del español es lento, por lo tanto, ya que su permanencia será pasajera, el interés se pierde. 

Repito que este poco o nulo interés de integración me ha sorprendido porque, desde mi perspectiva, a casi diez años de lo arrojado por este estudio, las cosas han cambiado bastante; y si bien es una percepción (que comparto con otros compañeros que, igual que yo, se dedican a la enseñanza del español como segunda lengua a japoneses), también haría mucha falta actualizar estos datos, indagar nuevamente cuál es la situación cultural entre aguascalentenses y nipones. 

 

Parejas de japoneses 

A pesar de que el estudio de Padilla no especifica cómo o cuántos japoneses aprendían español en esas fechas, es posible identificar el crecimiento de la comunidad interesada en aprender este idioma y, además, de integrarse al estado.

Patricia Molina, directora general del instituto de idiomas Cendics México, quien a lo largo de 24 años se ha dedicado a la enseñanza del español y a la mediación intercultural México-Japón, y que actualmente cuenta con cerca de 200 estudiantes japoneses, sostuvo una plática para La Jornada Aguascalientes en donde compartió varios apuntes sobre esta correlación entre aguascalentenses y japoneses.

La directora asiente en que el grueso de la población japonesa se debe a la industria y, por lo tanto, el principal motivo por el que estudian español se debe a que las empresas los inducen a aprenderlo; sin embargo, cerca del 90% de los estudiantes mantienen sus estudios durante toda su estancia, que oscila entre los 2 y 4 años; en donde los más comprometidos con el aprendizaje suelen ser los mismos directivos de las empresas.

Un caso común es que los familiares del trabajador nipón viajen y se instalen en la ciudad, sobre todo cuando es una pareja joven y los hijos son aún menores. Por lo regular, debido a que las esposas no tienen permiso para laborar en el país, se dedican al hogar, a asistir el estudio de sus hijos y a buscar actividades artísticas (https://goo.gl/N7bCCg p. 142). Es común que muchas de ellas estudien también el español.

Según señala Patricia Molina, los estudiantes del español en su escuela mantienen paridad en cuanto al género. En promedio, suele ser la misma cantidad de hombres y de mujeres estudiando el idioma, aunque en los últimos años la cantidad de infantes que se suscriben al instituto ha ido en aumento a pesar de que en el Instituto Japonés considera en el plan de estudios el Español.

Para la directora, es importante tener en cuenta que las parejas que llegan al país son distintas y que esto es un factor indispensable para su integración a la ciudad pues no es lo mismo un matrimonio que ha viajado mucho (regularmente directivos) y que sus experiencias en otros países los han hecho mostrar más apertura al instalarse a la ciudad, que una pareja joven que se instalan por primera vez en otro país. Ellos, señala, suelen ser más introvertidos y guardan más precauciones. 

Niños y jóvenes japoneses

Los primeros infantes nipones que arribaron la ciudad a mediados de los 80, tuvieron dificultades para realizar sus estudios. Se habla de que en 1998 (año en que se inauguró la Escuela Japonesa) apenas se atendían a 6 niños para el nivel básico, ya sea escuela primaria o secundaria (https://goo.gl/N7bCCg pp. 142,143). Para 2009, en el estudio que elaboró Rebeca Padilla, se mencionan cerca de 30 estudiantes. 

Actualmente, apunta Patricia Molina, casi todos los niños japoneses de preescolar están inscritos en institutos mexicanos, no necesariamente en el instituto nipón. Además, en la Escuela Japonesa, se tiene información de 130 infantes que actualmente cursan la educación básica, lo cual refleja un alto crecimiento que puede deberse a que un tiempo se pensó cerrar la escuela debido a su baja planilla de alumnado y a la apertura de nuevas plantas en la industria automotriz.  

–¿Qué hacen los estudiantes luego de concluir su educación básica?

–La mayoría de ellos vuelve a Japón, esto provoca que las familias se tengan que desunir, normalmente las madres regresan con sus hijos y los padres continúan con sus labores pues, para ellos, el trabajo es primero.

Son muy pocos los casos de jóvenes que continúan sus estudios en el estado. La razón es que Aguascalientes no cuenta con infraestructura académica de excelencia, al menos no la deseada por los extranjeros. Patricia Molina compartió el caso extraordinario de un alumno nipón que logró titular su educación media superior en un conocido colegio privado hace apenas unas semanas, un logro difícil de obtener debido a que el alumno no tuvo buena recepción por parte de sus compañeros e incluso de sus profesores, “Las autoridades escolares deberían tener más conocimiento sobre cómo tratar a este tipo de alumnos”. Además de él, se tiene conocimiento de acaso dos alumnos más en lograr el mismo título. 

 

¿Cómo son ellos? (El desconocimiento del otro es mutuo)

La directora del instituto acepta que la mayoría de los japoneses llega a la ciudad con muchos prejuicios, las empresas no informan a los próximos trabajadores sobre las situaciones reales de la ciudad y, a pesar de la globalización, muchos japoneses aún creen en el estereotipo que medios extranjeros le han atribuido a México. 

Sin embargo, menciona, luego de poco tiempo, la mayoría se desmiente y toma con otra perspectiva al estado. Esto se debe principalmente al trato que reciben de parte de los aguascalentenses, desde sus renteros hasta las personas que los atienden en negocios o tiendas. Incluso, la directora asegura que más de la mitad de los nipones que regresan a su país lamentan dejar México y muestran interés por volver al estado, “Muchos de ellos incluso me han comentado que ‘están dejando el paraíso’”.

La directora señala que es necesario aceptar que los aguascalentenses también tienen muchos prejuicios sobre los nipones y su cultura, “muchos mexicanos creemos que son fríos, altaneros, que siempre andan en kimono; pocos sabemos que son muy tímidos, introvertidos. Tienen temor de hablar si no dominan bien el idioma. Muchos mexicanos creen que incluso saben hablar muy bien inglés, cosa que no es así”.

Comentó que muchos aguascalentenses consideran que, debido a que son adinerados, tienen una vida holgada y los hace sentirse superior a los mexicanos, cosa que para nada es cierto pues, si bien tienen mejores condiciones de vida, ellos no muestran una postura clasista, algo que es más bien común en los mexicanos.

Para la directora, no es cierto que haya poca integración de los japoneses debido a su condición de extranjeros. A pesar de ser cierto que durante mucho tiempo Japón se mostró reticente con los extranjeros, luego de la Segunda Guerra Mundial, se ha mostrado más apertura a través de redes de comercio y alianzas académicas. Para ella, esto se debe principalmente a la cautela con la que actúan con las personas.

Además, hace años, señala, experiencias fatales orillaron a las empresas a limitar las salidas de los trabajadores nipones a centros de diversión, por lo tanto, su poca presencia en bares o zonas de entretenimiento no se debe a su desinterés por la convivencia.

Otra cosa que es frecuente escuchar entre las personas que conviven con japoneses o que se dedican a la industria automotriz en Aguascalientes, ya sean operarios o directivos, es que los japoneses vienen a la ciudad a tomar los mejores puestos. Se rumora que desde la apertura de las fábricas ya se tienen destinadas las mejores plazas para sus connacionales y no para mexicanos, algo que, a decir de la directora, no es por completo cierto pues los altos directivos del grupo GEJA buscan las mejores opciones para los puestos que se ofrecen, en donde la mayoría de ocasiones los mexicanos no logran cumplir con las aptitudes requeridas, “hay que reconocer que se necesita más preparación por parte de los mexicanos”.

Patricia Molina concluye la plática rescatando las siguientes observaciones: Hace falta conocer más a la cultura japonesa, pero también hace falta que ellos nos conozcan más. Siempre se tiene la incertidumbre de saber si se puede confiar en los mexicanos. Es necesario que nosotros como mexicanos, también nos apartemos de los prejuicios hacia la comunidad extranjera y no reflejemos en los otros la falta de nuestra preparación. Aún hace falta mucho más camino para lograr una mayor integración entre ambas culturas, pero es posible convivir juntos.

¡Participa!