Opinión

Por amor a la música de Gustav Mahler / El banquete de los pordioseros

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Soy tres veces apátrida: bohemio entre los austríacos, austríaco entre los alemanes, judío en el mundo entero

Gustav Mahler

 

Yo estaba de verdad nervioso, me retorcía las manos, sudaba, no me quería mover en mi asiento, tenía mucho miedo de que pasara algo, que sonara un irresponsable celular, el lloriqueo de algún niño, una butaca rechinando, una tos inoportuna, no sé, el momento era verdaderamente mágico y yo tenía miedo de que algo, cualquier eventualidad echara a perder la magia de ese momento, momento evidentemente irrepetible.

Sí, lo viví intensamente, creo que muy pocas veces he vivido con esa misma intensidad una obra musical. Era la sinfonía novena de Gustav Mahler, estoy a punto de decir que es mi favorita de las nueve y media que este genio de la música escribió. En realidad no estoy seguro si la novena es mi favorita, pero insisto, casi estoy a punto de decir que sí, que la novena es la que más me guasta, pero…, no sé, recuerdo la sexta, la intensa Trágica y bien podría ser también mi favorita, o la primera, el Titán, o la segunda llamada La  Resurrección, o la muy conmovedora quinta o la imprescindible octava, La de los mil, la sinfonía séptima, conocida como La canción de la noche, en fin, creo que resulta muy arriesgado decir cuál de las nueve sinfonías completas que el maestro compuso es mi favorita, pero una cosa sí me queda clara, que la que más me sacudió al escucharla en vivo fue esta novena en re menor con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes. Por cierto, y sin duda vale la pena mencionarlo, nuestra sinfónica es una de las pocas orquestas que en México han interpretado íntegramente el complicado y exquisito corpus sinfónico de Gustav Mahler, y eso, de verdad, no es cualquier cosa. Si te gusta la buena música y entiendes al menos un poco de este asunto, entenderás con facilidad que tocar a Mahler es para gente grande.

¿Sabes? He querido dedicar el Banquete de hoy a Mahler porque ayer jueves 18 de mayo se cumplieron 106 años de su muerte. Falleció en la ciudad de Viena, curiosamente ninguno de los grandes músicos es vienés, si no me equivoco el único nacido ahí, o al menos muy cerca de Viena era Schubert, pero casi todos vivían ahí, muchos murieron ahí y varios están sepultados en la capital austríaca, y la proximidad de la fecha de su fallecimiento con la publicación de este Banquete me permite usarlo como pretexto para compartir contigo la irreprimible pasión que me despierta su música.

Gustav Mahler fue una persona atormentada, con profundas crisis religiosas, judío de nacimiento se convirtió al catolicismo porque no se permitían judíos en la dirección de la ópera de Viena y había sido invitado a asumir este cargo. Muchos comentaristas de música han señalado el hecho de que él se hizo católico por conveniencia, pero no, imposible, yo no lo creo, una persona como lo fue Gustav Mahler, apasionado de sus creencias, no podía cambiar de religión por algo tan, digamos… pueril, pero no quiero que se malinterprete, no estoy diciendo que la dirección de esta compañía de ópera no tuviera importancia para él o tuviera una importancia menor, no, claro que no, estoy diciendo que las cuestiones espirituales ocupaban en la jerarquía de valores del compositor un lugar de mucho mayor importancia y trascendencia, y que para Malher la religión está muy por encima de cualquier puesto laboral, aunque éste sea al dirección de una de las compañías de ópera más importantes del mundo.

Imposible pensar en conveniencia cuando desde mucho tiempo antes había escrito su segunda sinfonía, llamada De la resurrección, tomando los textos bíblicos que se refieren a este hecho, ¿te imaginas, un judío escribiendo una obra musical en la que se habla con incuestionable devoción de la resurrección de Cristo?, no, impensable, esto no es posible si no es por convicción, además su esposa Alma ya había mencionado esa irresistible atracción del maestro de entrar a un templo católico y quedarse ahí horas fascinado por el rito y sobre todo por la música litúrgica, no, no lo acepto, en Mahler no cabe esa mezquindad de hacer las cosas por conveniencia, no, definitivamente no, aquí es total y absoluta convicción, bueno, estamos hablando de Mahler.

Mahler compuso nueve sinfonías y dejó inconclusa la décima. Nos ha dejado también algunos deliciosos lieder o canciones, entre los que podemos citar La canción de la tierra, La canción del lamento, Canciones sobre Rückert, Las canciones de los niños muertos, Las canciones de juventud, Las canciones de un camarada errante, Las canciones sobre los poemas de Des Knaben wundernhorn y muy pocas obras para música de cámara, de hecho podemos decir que su producción es casi nula a no ser por el Cuarteto para piano en La menor y seguramente algunas otras cosas que por el momento huyen de mi memoria.

Sí, mi temor era atroz en ese final de la Novena sinfonía de Gustav Mahler tocado por la OSA; cuando el maestro Revueltas terminó de dirigir la obra, bajó las manos con su cabeza inclinada, y el teatro se  quedó en silencio, un silencio sepulcral, y de repente, como una reacción espontánea y yo diría, casi natural, el público, que casi llenó el Teatro Aguascalientes, estalló en una impresionante ovación, esa era la única sinfonía que faltaba para completar el ciclo de las nueve sinfonías de Mahler tocadas en vivo por la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, misión cumplida, maestro.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

 

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