Opinión

El amor violento: Merkel y Putin / Taktika

 

Sochi, Federación Rusa. 2 de mayo de 2017. El lenguaje corporal de los dos líderes es rígido. Ambos no se voltean a ver, ni siquiera de reojo. Responden las preguntas siguiendo el guión previamente ordenado. Súbitamente, la interrogación de un reportero germano parece romper el hielo: “¿Habrá interferencia rusa en las elecciones federales en Alemania?”.

La canciller Angela Merkel, vestida con un coordinado verde limón, responde: “No soy una persona temerosa de eso. Obviamente, la guerra híbrida tiene un cierto rol en la doctrina militar rusa. Pero estoy confiada que en Alemania sabremos conducir nuestra campaña por nosotros”. Su anfitrión, Vladimir Putin, muestra la sonrisa socarrona de un tigre siberiano, y agrega: “Hemos citado el ejemplo de los Estados Unidos el cual no tiene evidencia para probarlo. No es nada más que puros rumores de la lucha política doméstica en los EUA”.

La escena arriba descrita se relaciona con el presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué la relación personal entre Merkel y Putin es un “amor violento” y cuál fue el trasfondo de la reunión entre los líderes de Alemania y Rusia.

En 1983, el cantante e histrión Johnny Hallyday, la versión francesa de Elvis Presley, escribió la canción L’amour violent (“el amor violento”, en francés), en donde describe una relación en la cual el amor “es como un sol cegador, que quema los ojos”.

Esta metáfora se aplica perfectamente para describir la interacción entre Angela Merkel y Vladimir Putin y tiene su génesis en los inicios de ambos: Merkel nació en la Alemania Occidental pero, a las pocas semanas de nacida, su familia emigró a la causticamente llamada República Democrática de Alemania. Desde la adolescencia, Merkel aprendió el habla de Pushkin y Dostoyevski. Por ello, recibió premios por su pericia en el idioma ruso y en las matemáticas.

Para pagarse sus estudios de física en la Academia de Ciencias de Berlín, Merkel trabajaba en una “lavandería donde ella planchaba las camisas de los soldados rusos”. Asimismo, viajó por la Unión Soviética, lo cual hizo que germinara en ella un entusiasmo “por la lengua rusa y la cultura de la Unión Soviética”1.

Por su parte, Alemania ha sido un factor omnipresente en la vida de Vladimir Putin: su padre, Vladimir, combatió, durante la Segunda Guerra Mundial, contra los germanos en el sitio de Leningrado y su hermano, Víktor, murió en el asedio. Durante su adolescencia, Putin desarrolló dos grandes pasiones: las artes marciales y el estudio de “la cultura, historia y literatura alemanas”2.

Al ingresar a la policía secreta soviética, la temible KGB, Putin fue enviado a la ciudad de Dresde, en la Alemania Oriental, en donde pulió su dominio de la lengua de Goethe y Nietzsche hasta “el punto de que podía adoptar el dialecto sajón”.

A las historias personales de Merkel y Putin habría que agregar la añeja relación germano-rusa: la alianza entre Prusia y el Imperio ruso fue clave para destruir a Napoleón Bonaparte: el Tratado de Rapallo, signado entre la República de Weimar y la Rusia Soviética; el Pacto Molotov-Ribbentrop entre Adolf Hitler y Iósif Stalin; y la Ostpolitik de Willy Brandt todavía arrancan suspiros en los sectores germanos afines a Moscú.

¿Por qué viajó Angela Merkel a Rusia? Primero, este año hay elecciones federales en Alemania y Merkel prefiere que sus votantes la vean involucrada en su trabajo como canciller. Es decir como una diplomática de altos vuelos y gestora de crisis internacionales. Segundo, aunque el volumen de comercio entre ambos países ha decaído por las sanciones impuestas a Rusia por la anexión de Crimea en 2014, para las firmas teutonas “Rusia es un mercado de posibilidades sin límite”3, y muchas de las cinco mil empresas germanas que tienen interés en Rusia están ubicadas en zonas clave para la contienda electoral.

Putin se solaza en su rol de vórtice de la diplomacia: la semana pasada recibió al primer ministro del Japón, Shinzo Abe, con quien conversó sobre la posesión de las Islas Kuriles y la situación en la península coreana. Segundo, la señora Merkel conversó con Donald Trump en marzo y la semana anterior, Ivanka, visitó Berlín. Este último acontecimiento fue duramente criticado por el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, quien dijo que los Trump eran: “Una mezcla de política con la familia y los negocios que más bien nos recuerda el nepotismo y que sería inimaginable aquí”4.

Por todo lo anterior, para Putin era importante tener una impresión de primera mano sobre cómo funciona y qué se piensa en la Casa Blanca bajo la administración Trump, previo a la conversación telefónica que sostuvo el día de hoy con Trump. Para los estadounidenses fue una “buena” plática; para los rusos fue un diálogo “constructivo”.

A pesar de sus diferencias notorias con respecto a Siria, Ucrania y el trato a la comunidad LGBT en Chechenia, Merkel y Putin no dejarán de hacer el amor violento porque:

“L’amour tyran

C’est trop de joie

C’est trop d’amour à la fois”

Aide-Mémoire.- En Venezuela, el llamado de Nicolás Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente es una treta que ha sacado de quicio a la oposición venezolana y sus promotores en Miami y Washington.

  1. – Kornelius, Stefan. Angela Merkel: the Chancellor and Her World. Richmond, Alma Books, 2013, p. 18
  2. – Lee Myers, Steven. The New Tsar: The Rise and Reign of Vladimir Putin. New York, Alfred A. Knopf, 2015, p. 41
  3. – Szabo, Stephen F. Germany, Russia, and the Rise of Geo-economics. London, Bloomsbury, 2015, p. 62
  4. – Sigmar Gabriel alleges “nepotism” in Trump White House https://goo.gl/TsVOz8

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Soren de Velasco Galván

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