Opinión

Dear White People y aferrarse al privilegio / Bocadillo

En cierto sector de la población, vivimos en las olimpiadas de a ver quié es más #woke. Es decir, por traducirlo, quién es más chairo. La o él más feminista. El más humilde. Quién le chinga más, aunque tenga privilegio. Porque pareciera que el privilegio, en esta comunidad, se esconde. Los más ahorradores. El más entregado. Las olimpiadas del sufrimiento, la economía y la superioridad moral. ¿Quién las pierde? Por ejemplo, un tiempo fueron aquellos (como su seguro servidor) que devoran la estúpida cultura del imperio americano, todo por escuchar The Strokes y que no me gusta Silvio Rodríguez. Por querer ir a Disneyland y no a conocer San Cristóbal. ¡Una cosa no quita la otra!

Pero hay niveles. Está la gente denominada [despectivamente, claro] como fresas, especímenes que un día se han vuelto #woke y notan que su privilegio incomoda entre las comunidades del activismo la consciencia social. Entramos al submundo [igual, despectivo] fresa jipi. Van al Yambak (o al Bar Bahía), escuchan indie, no hablan de sus viajes, estacionan lejos su coche brillosito y [esta parte me encanta] hacen el insultante performance de parecer humildes. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguien que-sabemos-tiene-recursos decir que anda bien pobre?

Estos dos párrafos de traumas y juicios personalísimos fueron levantados por Dear White People, una serie de Netflix basada en la película del mismo nombre. En sí, es una indie que tiene las veces de 101 sobre activismo y derechos humanos. El discurso es super básico y los realizadores nunca reniegan de que muestran caricaturas y altavoces a situaciones tanto diseñadas como perfectamente exageradas. La premisa del creador/director Justien Simien es tan genial que ha saltado a la vida real.

Pasa que los americanos blancos se han sentido ofendidos por el título Dear White People, ya que dicen que es una amenaza racista de Netflix, discriminatoria a sus privilegiados consumidores blancos. Lo cual encapsula lo que Simien quiere decir: gente privilegiada, saquen por fin la cabeza del culo.

¿All Live Matters o Black Live Matters? Lo primero es una obviedad, por supuesto. Lo segundo es lo que importa. Debemos de estar del lado de los grupos vilipendiados, las conversaciones poco fundamentadas sobre “igualdad y ser parejos” por parte de aquellos con privilegios sociales y económicos, la verdad se leen como gritos de un grupo de machitos asustados de perder el estatus quo. Stick to the status quo, la canción, es una mejor reflexión que las lágrimas de hombres blancos. O de weros mexicanos que no entienden problemáticas como los derechos del servicio doméstico.

En la serie, un grupo de frat boys planea una fiesta con blackfaces (maquillaje para lucir como afroamericanos) y la cancela por presión social, aunque alguien comente un error y las invitaciones se envíen. Los chicos de una comunidad afroamericana documentan el racista incidente, llega la policía y hay una revolución social en el campus. Samantha, la protagonista, tiene un programa de radio llamado Dear White People, que enoja a los blancos por ser señalados. ¡Qué se siente!, dice Sam.

Los hombres necios, mis compañeros de género, han publicado estos días comentarios contra la reciente indignación por los feminicidios en México. Dicen “matan a más hombres” o “por ellos no hay marcha”. Insisto en que son dinosaurios aferrándose a algo que ya fue. Penosamente, también he leído a mujeres que se burlan de que “ahora todo es machista”, aunque no sé si me vuelva un bully intelectual por señalarlo. Tomaré el riesgo. Es tan sencillo como esto: siempre tiene que ser más visible alguien en situación vulnerable. Siempre.
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The Author

Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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