Opinión

Diálogos con el feminismo / Piel curtida

 

Durante una charla con amigas y amigos, uno preguntó sobre algunos escenarios hipotéticos en los cuales se podría presentar un acto machista y que, tal vez, podrían ser controversiales para algunas personas. La discusión propuesta no trataba de hacer señalamientos obtusos contra el feminismo, mucho menos tratar de categorizar algunas de sus perspectivas o agendas como fundamentalistas, sino que representaba un ejercicio reflexivo donde un hombre, heterosexual, cuestionaba su posicionamiento en una sociedad segmentada por la visión masculina y machista; y no es que la perspectiva de género busque causar conflicto o amedrentar de manera directa a los varones, sino justamente impulsar la conciencia sobre la desigualdad en un ámbito particular: la división sexual.

Por ejemplo, si dentro de una relación de pareja la mujer busca a su compañero para sostener relaciones sexuales después de que éste se haya sentido por una negación previa, ¿se estaría presentando un acto de violencia? La respuesta primigenia en la mesa fue nunca olvidar la desigualdad persistente y la violencia histórica, transversal y naturalizada contra las mujeres, para después considerar la existencia de antecedentes que pudieran exponer un gesto que,  en vez de ser plenamente autónomo y por empatía, fuese impulsado por el miedo, ya sea a causa de agresiones psicológicas, económicas, físicas o por reminiscencias del  amor romántico complaciente que antepone el sacrificio al bien-estar y a la convicción que, en este último caso, hablaría de violencia simbólica -introyectada-; esto sin dejar de cuestionar el porqué ofendería la negativa en el contexto de un entorno aún más amplio de intimidad que permitiría la discusión profusa de las ideas, imaginarios o monstruos mentales emergentes. Las opciones para evitar incurrir en una práctica nociva se sustentan en el diálogo y el ser consciente de estas complejas implicaciones: ¿estás segura que estás de acuerdo?, ¿te sientes bien al respecto?, podría entender si prefieres que lo dejemos para otra ocasión… Lo cual plantea el feminismo: la racionalidad, la reflexión, el diálogo, la empatía y el actuar desde el reconocimiento de la necesidad urgente por la equidad, por igualar la capacidad de ejercer el poder de cada uno en diferentes ámbitos.

Al feminismo se le adjudica indignación cegante, pero el argumento vuelve a recaer en la misma visión masculinizada. Al igual que la ciudadanía, se ha enfrentado a una serie de sucesos que no han recibido la justicia de manera pronta y expedita. Justo comentó una amiga: así como se presencian movilizaciones de vecinos para defenderse de la constante delincuencia ante un Estado que no ha dado respuesta oportuna para brindar un entorno de seguridad; las mujeres -y los hombres en menor medida- continúan siendo objeto de la violencia machista, siendo muchas de ellas las que observan y viven la injusticia ante la falta de actos determinantes que busquen la real implementación de la perspectiva de género en las diferentes esferas de la vida pública. Si bien se requiere propugnar por la racionalidad y siempre preservar el trato digno a todo individuo, como estipulan los Derechos Humanos, se deben reconocer las causas de indignación.

Hace poco tiempo una amiga recibió un mensaje por Whatsapp de un “admirador secreto”, lo cual se trataba de acoso. No era posible argumentar un intento de flirteo pues, en todo caso, la persona interesada se podría haber presentado y exponer sus intenciones de salir de manera cordial, civilizada y empática, pero todo se resumió nuevamente en la ansiedad por indicar lo atractivo, la capacidad de ser -un- objeto de deseo; y aunque se buscase plantear la participación de un hombre con baja autoestima que buscaba aproximarse desde el anonimato, incluso en ese caso es necesario retomar la perspectiva de género que ha incapacitado a varones y mujeres a expresar de manera sana, congruente y libre sus emociones reconociendo la otredad, sus obligaciones como ser social y derechos que no deben vulnerar a las y los demás.

Otra muy querida amiga me preguntó un día sobre la posibilidad de vernos como personas, más allá de categorías académicas o sociales, y si bien sería el ideal llegar a un escenario que posibilitara esta preposición, no podemos negar que necesitamos de estas visiones que permiten identificar nuestra posición en la sociedad, la inequidad y la injusticia. Así como la consciencia de clase propuesta por Marx plantea el punto de partida para buscar formas de producción y acciones que minimicen la desigualdad en una economía que segmenta, condicionando sus oportunidades de desarrollo. Por ello, la perspectiva de género es la oportunidad para analizar nuestro entorno y solventar una gran deuda que nos cuesta vidas.

@m_acevez

[email protected]

 

The Author

Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

No Comment

¡Participa!