Opinión

La política de los gritos / Política For Dummies

 

Hay quienes piensan que la política se hace a los gritos, la verdad es que sí se podría hacer política gritando, pero si todos hiciéramos política gritando, nadie se escucharía. Hacer política se sustenta desde el verbo escuchar, desde el verbo donde por nuestros oídos entran las inquietudes de otros y en conjunto proponer soluciones que beneficien a todos y en primer lugar a la sociedad.

La política no se hace planteando ultimátum y presionando para lograr alianzas, la política no se hace gritando. Y no con esto quiero decir que la política se hace en secreto, en mesas de negociación o con unos tragos, se hace transparente, formal, abierta, con las cartas sobre la mesa y de la mano de una comunicación efectiva.

Pero siempre y reitero, siempre por el bien común, por un fin que logre aumentar la calidad de vida de los habitantes.

Cuando en la política se grita, generalmente no hay acuerdos, generalmente hay golpes, ataques, hay frustración, hay despilfarro, hay corrupción y los más afectados son los ciudadanos. La política de gritos pone plazos a cumplir, para minimizar al adversario, pone al adversario como el enemigo, descalifica, no busca acuerdos, la política de gritos, descalifica e insulta.

La política de gritos va de la mano con superioridad moral, establece que uno de los actores involucrados por su posición moral es superior a otro, por ser ciclista, por ser de izquierda, por ser intelectual o por ser el funcionario con más cargo. Esa política de gritos le hace daño a todos.

Para exponer lo que hace la política de gritos, propongo dos casos, el de Andrés Manuel López Obrador y el de la consulta popular en Jalisco.

Andrés Manuel López Obrador es el candidato opositor con mayor preferencia electoral, según las encuestas para ganar la presidencia de la República en México. Es el presidente del Partido Morena, partido que en 2017 compite de manera muy cercana con el partido en el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional. López Obrador lanzó un ultimátum a los partidos de izquierda para aliarse con el suyo y lograr vencer al PRI, puso un plazo fatal y sin ofrecer nada a cambio puso el tema en la cancha de los partidos de izquierda.

El Partido de la Revolución Democrática, Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo, han tenido diferentes reacciones. En primer lugar Movimiento Ciudadano afirmó que la política no se hace con ultimátum, el candidato del Partido del Trabajo mantuvo una postura abierta para establecer una alianza, pero esperando negociar y el PRD negó la alianza.

Los resultados de la política de gritos son evidentes: no funcionan.

El segundo caso es el de la consulta popular en el estado de Jalisco, según la legislación los ciudadanos pueden solicitar una consulta popular. Cumpliendo con un cierto porcentaje de firmas, los ciudadanos determinan la delimitación geográfica, delimitan la pregunta y proponen el tema. La única limitación es no consultar sobre derechos humanos.

La pregunta de la consulta popular respaldado por 2 mil 500 ciudadanos plantea si debe o no permanecer una ciclovía en una avenida. La autoridad electoral, limitada por la legislación, determinó que no se someta a consulta los derechos humanos. La consulta popular no es un ejercicio vinculante y servirá para que los ciudadanos opinen sobre un tema en particular.

A partir de la decisión, la política de gritos se hizo presente. Los ciclistas y usuarios de la ciclovía encontraron a su enemigo: el instituto electoral que organizará la consulta. Llevar la política a un escenario amigo-enemigo, no es sano para las instituciones ni para la democracia. El debate se vulgarizó, el debate se realiza entre los usuarios y el Instituto. Los promoventes de la consulta popular no entran en el debate, la política de gritos crucifica a las instituciones y mediatiza las posturas populares, está por encima de la legalidad y del estado de derecho, eso no es digno de gritos ni de mediatizarlo.

A gritos no se resuelve nada, los gritos interpersonales alteran, los gritos son sinónimo de cerrazón y de intolerancia. Si todos gritamos nadie escucha. Si todos gritamos no acordamos y si todos gritamos, la sociedad no se compone.

A gritos no se cambiará nada, Donald Trump hace política de gritos, a tuitazos, hace política de gritos despidiendo a los funcionarios y parece que no escucha. El verbo clave en la política es escuchar, la política, es como la música, la música se escucha, pero no se puede escuchar sin partitura, la partitura es delicada, la partitura es sensible, la partitura no es robusta, no es dura, no grita, sino que entabla una melodía.

La política no se grita ni se plantea desde la confrontación. La cultura mexicana es compleja, es caldo de cultivo para este método de hacer política, se confronta y no se acuerda, se busca el éxito a cualquier costa, se es maquiavélico y no importan los medios, pero una policía vanguardista, con visión humana y ciudadana, nace de la deliberación y del diálogo, no de los gritos.

@caguirrearias

 

The Author

Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

No Comment

¡Participa!