Opinión

Las leyes que nos preparen para la justicia / Disenso

Esta semana se conmemoró el día internacional contra la Homofobia. Según la información de Wikipedia, este día coincide con la fecha en que, hace 27 años, se eliminó de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud la condición. La Apa (Asociación de Psiquiatría Americana) había quitado ya en 1973 su desafortunada inclusión en la categoría de “desviaciones sexuales”, que la mantuvo ahí veintiún años. La categoría se dio sin pruebas científicas; la pérdida de la categoría, porque esta misma ausencia no daba para demostrar de ninguna manera que la condición se pueda clasificar como una desviación.

El último “argumento” (es un decir) para quienes catalogan a la homosexualidad como una enfermedad lleva casi treinta años contrariado por el mundo especializado y cumplirá pronto medio siglo de olvidado por la comunidad científica ante la falta de evidencia clínica.

Quienes aún pretenden sugerir alguna desventaja psíquica o emocional en la condición misma de la homosexualidad tienen un retraso de décadas conforme a la literatura científica seria. Casi nadie ignora de la misma manera a la comunidad especializada en otros temas. El peso de la desavenencia no es racional sino meramente ideológica y emocional. Los detractores de la libertad ya no luchan en el campo de la sexualidad (dirán -aunque con cara de repulsión- que cada quien es libre de hacer lo que quiera, pero no en la vía ni en las instituciones públicas). Ello quiere decir que en el fondo todo se trata de lo público: de mantener una sensación de monopolio sobre ello. Que la vida social se viva según sus creencias, que, en los oscurito, donde el poder no alcanza, viva cada quien según quiera, pero que en la calle no les “agredan” actuando contra lo que quieren ver como la realidad, ni que celebren contratos que de suyo son públicos, porque decidieron no estar en la “normalidad”.

Quienes mantienen una extraña cruzada contra la libertad civil, arguyen que México no está preparado para aceptar el matrimonio igualitario. ¿En qué sentido no estamos preparadas y preparados? ¿En el sentido de que aún sospechamos que es una condición desfavorable? (contra décadas y comités especializados) tampoco, aunque parezca de mal gusto escribirlo, el “argumento” (por llamarle de alguna manera) de la enfermedad podría siquiera sostenerse: permitiríamos -evidentemente- que cualquier pareja heterosexual en su sano juicio llevara a cabo la unión civil sin importarnos su condición de salud.

Las razones para no estar preparados se reducen a: 1) Los creyentes católicos tenemos ciertas creencias y esas creencias no nos lo permiten. 2) La constitución dice una cosa (como si no pudiera discutirse la conveniencia de los cambios). 3) Crecimos con la idea de que esto no es posible.

Ninguna se sostiene por sí misma. Lo más importante es recordar que vivimos en un país laico y que, independientemente de lo que crea o descrea la mayoría, debemos guiarnos por los acuerdos internacionales, por el espíritu de las leyes y de la justicia para la todas y todos; que podemos, y debemos, de hecho, revisar permanentemente las leyes, porque son revisables y perfectibles. Y que entre más pronto las cambiemos más pronto estaremos “preparados” pues las nuevas generaciones crecerán en un estado de derecho incluyente en donde lo atípico sea que los contratos sociales no amparen a todas y todos en mayoría de edad y en plena voluntad para su celebración.
/Aguascalientesplural

The Author

Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

No Comment

¡Participa!