Opinión

No me callo, no se callen / Cocina Política

 

Una vez más, caló mi pluma. Ahora se metieron “hasta la cocina” y pretenden usar mi libre expresión, en contra mía. Reproducen el texto que ahora le daré a conocer, apreciable lectora, querido lector, en mi perjuicio; en un asunto judicial de carácter estrictamente particular: civil.

Lo que causó la reacción es una parte de mi escrito publicado en este espacio, el 25 de abril de este año, con el título “El valor de difundir: marcha anti-taurina” y es el siguiente: la de la pluma, su amiga cocinera, estimada lectora, apreciable lector, fue directamente reprendida en nombre del entonces mandatario, por la defensa de los circos sin animales. Dice el Sr. Gobernador que ya no hable del tema, me espetó, un emisario. ¡Por supuesto que no obedecí! Y como consecuencia sufrí un castigo económico.

En esta ocasión es un emisario diferente del mencionado antes. De hecho, se esconde tras de un firmante, que supongo de buena fe, para lanzar su mensaje: ya lo leímos, más vale que te calles.

Que se escuche fuerte y se vea claro ¡No me callo! En este espacio presento mi verdad, de manera respetuosa y propositiva. No la defiendo como la única, es mi opinión personal. A nadie falto al respeto y busco, en lo posible, proponer. Agrego, cuando el tema lo amerita alguna dirección o número de teléfono que ayuden a la acción ciudadana, a forjar ciudadanía y, ante todo, no recibo a cambio de estas sencillas colaboraciones semanales un solo peso por ellas. No cobro por opinar. No cobraría por callar. Así de claro, así de simple.

No se callen. Tres de catorce, son aproximadamente el 25 por ciento del total. Del total de un grupo de estudiantes de la carrera Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, que ¡no se callan! y denunciaron públicamente actos que podrían configurar violencia sexual llevados a cabo en una clase y promovidos con una supuesta intención didáctica.

La denuncia de posible violencia sexual, no la presenta una estudiante, no se trata de una sola percepción, la comparten otras dos compañeras de grupo y clase. Las estudiantes agotaron una a una todas las instancias administrativas y jurídicas internas de la universidad, obteniendo desde el silencio cómplice hasta un “tómenlo como una experiencia de aprendizaje (¿?) y no hablen con nadie más del tema” e inexplicablemente, no fue separado el agresor señalado, del ámbito de agresión como obliga todo protocolo en materia de violencia sexual, obligando a las tres jóvenes a ser ellas quienes no acudieran más a la clase en cuestión, con lo que ponen en riesgo su progreso académico.

El supuesto agresor, dramaturgo de profesión, envió a los medios de comunicación, dramático ocurso a manera de respuesta al señalamiento, que no hubiese sido público sin la intervención oportuna de la asociación civil Observatorio de Violencia Social y de Género.

Poco hay que discutir en torno a la pomposa defensa elaborada (muy, pero muy elaborada) por el señalado como agresor. Chuy Tinoco, conocida activista en favor de los derechos de género me lo explicó con claridad: no hay ofensor que no se declare ofendido; no hay agresor que se reconozca como tal, porque en su cultura propia sus actos no constituyen transgresión; raza tabla los agresores oponen en su defensa a una conducta agresora, su propio prestigio profesional o personal y que son gente de familia; tristemente, según Chuy Tinoco, el agresor no sabe que lo es y que esas conductas que fomenta o realiza, no son admisibles y que constituyen faltas o delitos.

Vamos a decir esto de manera simple y por demás clara. Una mujer que recibe una bofetada, puede tener distintas percepciones sobre ese acto, puede acreditarlo como un derecho del agresor por ser su esposo/pareja o puede reconocerlo como un acto violento y denunciarlo. En sentido contrario, el propio agresor puede creer que ejerce un derecho, el de esposo/pareja y que su actuación es adecuada ¡pero!, para eso gozamos las mujeres hoy, de las leyes de acceso a una vida libre de violencia en todas las materias, por lo que, las instituciones deben encargarse de re-educar al agresor y castigar esa conducta en particular.

Mejor es concentrarse en el valor que tuvieron las tres jovencitas. El valor de romper el silencio. El valor de enfrentar las consecuencias de su percepción. El valor de oponer su formación como mujeres que no soslayan, ni aceptan algún tipo de violencia por mínima que pudiera considerarse y el valor de arriesgar su propia situación académica para hacer público lo que se realiza cobijado en la privacidad de una clase y el claustro de la academia.

A esas tres jóvenes mujeres, les brindamos en este espacio solidario apoyo en la difícil experiencia por la que atraviesan. No están solas y su valor, el de romper el silencio va en beneficio no sólo de ustedes, sino de muchas que aún no se atreven a cuestionar lo que les han enseñado como incuestionable. La verdad saldrá a relucir. La verdad que libera y reivindica. ¡Resistan!

¡Nos vemos en la próxima!

CODA ciudadano. Denuncia situaciones que tú percibas como violencia en tu contra, en Facebook: Observatorio de Violencia Social y de Género. Recuerda que el silencio no nos protege.

 

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Socorro Ramírez

Socorro Ramírez

1 Comment

  1. venado
    23/05/2017 at 22:18 — Responder

    Totalmente de acuerdo…todos tenemos derecho a una vida libre de violencia. Sobretodo libres de la violencia ejercida en nuestra contra por los servidores públicos que, aunque parezca un slogan no lo es….SOMOS LOS QUE PAGAMOS y POR ESO EXIGIMOS.

¡Participa!