Correo Ilustrado

Rechaza Alfredo Vargas Ortega acusaciones de un grupo de alumnas de la UAA

  • La ejecución de los ejercicios teatrales de mi materia son conducidos de manera ética, profesional y respetuosa; jamás se antepone ningún sesgo de género, orientación ideológica ni de creencia
  • Estoy dispuesto a acudir ante las instancias correspondientes para que sea comprobada la verdad, de manera directa y clara

 

La Jornada Aguascalientes.

Señor Director.

 

El día de ayer se celebró una conferencia pública citada por el Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes, dentro de la cual se me señaló como culpable de la comisión de un delito de índole sexual en contra de tres jóvenes mujeres que forman parte de un grupo de alumnos y alumnas al cual imparto cátedra en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

De las declaraciones de las personas involucradas en dicho Colectivo Social, se desprende expresamente la acusación directa de la calidad de agresor sexual con la que me sentencian, sin ninguna prueba que no fuera atender únicamente la versión de las tres alumnas y, sin mediar ninguna prueba ni claridad en sus señalamientos, se me establece como responsable total de tan delicado señalamiento. Sobra decir que este acto irresponsable, injusto sobre manera y completamente violatorio de mis derechos humanos, me ha entregado a una serie de recriminaciones populares y, en mi completa indefensión, ha vertido sobre mi persona un linchamiento público. Nunca, ni en mis más obscuras pesadillas, pude adivinar que estaría inmiscuido en un torbellino de calumnias y falacias como las que ahora me sepultan, al más puro estilo de una escena de Las Brujas de Salem, de Arthur Miller.

Entiendo, del todo, la responsabilidad del medio de comunicación puesto enseñanza sus manos relativa a recabar la información que le resulta relevante y, por ello, que la relatoría de dicho evento fuera recogida en una nota publicada en su diario el día de hoy. Sin embargo, estoy seguro que entenderá que ante lo establecido en dicha nota, poseo el más cabal de los derechos de réplica y, para ello, apelo a su buen actuar y le solicito sea publicada, también, mi versión de las cosas, que no es otra sino la verdad acerca de estas humillantes falacias a las que he sido sujeto.

No hago sino agradecer, de modo antecedido, su disposición, pues no tengo referencias suyas que no sean aquellas de ser un periodista serio y un profesional de su materia, que ha dado todas las muestras de honestidad y justicia en la alta encomienda de informar y pugnar por la búsqueda puntual de la verdad.

Anexo archivo y quedo a sus completas órdenes.

Alfredo Vargas Ortega

Docente y director de escena

 

Mi nombre es Alfredo Vargas Ortega; soy creador escénico y maestro de teatro, principalmente.

Mi nombre es Alfredo Vargas Ortega; antepongo mi nombre porque es, en esencia, mi más valiosa pertenencia y, en el último de los casos, todo lo que tengo. Mi nombre lo declaro fuerte, claro, contundente, orgulloso de quien soy y de lo que me ha formado, en paz y haciendo frente a la mentira, la difamación y el arrebato que quieren hacer, de mi nombre, una vileza. Mi nombre es Alfredo Vargas Ortega; públicamente me muestro y declaro que ninguna sombra me encubre, ninguna vergüenza me envuelve y nada que pueda atemorizarme me impide levantar la voz ante quienes me atacan.

Lamento profundamente calumnias como de las que soy objeto, cuando mi único propósito como docente y como profesional del teatro, ha sido, siempre, buscar que las alumnas y alumnos construyan herramientas que los conduzcan a desempeñarse como mejores ejecutantes de la escena. Me causa un gran pesar saber que algún ejercicio de mi metodología sea manipulado hasta el punto de desvirtuar su finalidad teatral, convirtiéndolo en una tergiversación sin fundamento, volviéndolo un ataque punzante y una ofensa desmedida.

El día de ayer, en la Conferencia de Prensa que fue convocada por el Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes se manifestó, entre otras cosas, lo siguiente: “Yo, prácticamente lo que quiero hacerles del conocimiento, es que, en los asuntos de índole sexual existe incluso jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de que como son generalmente delitos que se comenten sin testigos, a obscuras, a escondidas, este, en lo privado, pues, no hay muchas pruebas, luego, de ese tipo de delitos, entonces el dicho de la víctima es preponderante siempre y cuando hayan más pruebas que lo fortalezcan (sic).” Pues bien, las jóvenes que me denuncian participaron de varias dinámicas, incluida de la que se duelen, con absoluta libertad y junto a todo el grupo del que soy maestro y esto es imprescindible distinguirlo. No existió, ni por asomo, actividad alguna que fuera realizada sin testigos, a obscuras, a escondidas o en lo privado. Dentro de un salón de clases, en un edificio público y de total acceso, dentro de un horario de clase regular, y, sobre todo, frente al total de los alumnos y alumnas que forman parte de mi cátedra, fue desarrollado un ejercicio escénico en el que no se violentó, por absolutamente ninguna persona, los derechos de nadie. Semejante prueba y obvia referencia, el testimonio del resto del grupo y su intervención en la misma dinámica, no ha sido tomado en cuenta por quienes me establecieron, a priori y fuera de todo proceso, como responsable de la comisión de un delito de índole sexual. Espero, entonces, aquellas otras pruebas que fortalezcan esta versión.

Durante la citada declaración pública y ante medios de comunicación citados ex profeso a efecto de establecerme como agresor sexual ante la sociedad, se dieron contextos humanos, legales, procesales, de protocolos institucionales, se leyó un comunicado oficial, un pliego petitorio y, luego de que miembros de los medios de comunicación insistieron una y otra vez fuera establecida la cantidad de personas que me acusan, se admitió por fin que tres alumnas (únicamente, del grupo entero de catorce personas) establecen que soy culpable “de haber generado un contexto para que alumnas del Centro de las Artes y la Cultura fueran violentadas en su libertad sexual, seguridad sexual, normal desarrollo físico y psicosexual, así como en su libre desarrollo de la personalidad, incitando a la violencia y a la discriminación de un grupo, afectando la dignidad de las mismas…” En toda la citada conferencia pública, de la cual poseo una versión grabada completa del tenor en el que sucedieron las declaraciones, no existe una sola referencia clara, el más mínimo señalamiento concreto, el menor establecimiento de una acción determinada ni la explicación seria, legal y contundente de como “generar un contexto” me convierte en el delincuente que fue acusado en toda la extensión de la palabra. La ejecución de los ejercicios teatrales de mi materia son conducidos de manera ética, profesional y respetuosa; jamás se antepone ningún sesgo de género, orientación ideológica ni de creencia.

El teatro aborda contenidos que deben enfrentarse con ética e integridad. En esta línea he llevado cada uno de los procesos académicos en el nivel más propicio para el desarrollo de los futuros y jóvenes actores, con apego absoluto a la libertad y el respeto. Mi trayectoria profesional y personal, está acompañada por personas de distintas actividades dentro de la vida cultural, artística y académica, así como de otros ámbitos y medios profesionales, con perfiles reconocidos y reconocibles, de elevada calidad humana y ética, a nivel local, nacional e internacional. Estas personas, respaldan mi integridad humana y moral. Si existe una víctima que ha sido violentada en su derecho, en su intimidad, en su reputación, en su vida académica y profesional, es quien esto señala.

Entiendo por completo a quienes, solidarios y solidarias, acogen el reclamo de defender hasta sus últimas consecuencias la libertad de la mujer y el respeto de sus derechos más elementales. No sólo lo entiendo, sino lo comparto de modo irreductible. Suscribo lo estipulado por el CEDAW sobre todas las formas de discriminación hacia las mujeres. a lucha contra el acoso y la violencia ejercida contra las mujeres es uno de mis más férreos postulados y me parece indispensable sostenerlo hasta el final, incluso dentro de las presentes circunstancias. Sin embargo, llamo a la honesta reflexión de cualquiera que, sumado a esta noble batalla, lo único que no ha hecho hasta el momento sea suponer que al final resulte ser, como lo soy, enteramente inocente.

Soy un hombre que confía en el Derecho y en las instituciones formales de este país. Mi más absoluta tranquilidad descansa en saber que existen leyes, procesos y autoridades que velan porque los seres humanos no seamos rehenes de maquinaciones personales y linchamientos públicos. Ante cualquier situación que vulnera mi derecho, me protegen ordenamientos concretos que impiden que se levanten acusaciones sin fundamentos que puedan destruir, para siempre, la única actividad a la que me dedico de modo profesional. Soy un ciudadano que conoce sus derechos y obligaciones y no se amedrenta frente a los huracanes mediáticos que vulneran la permanencia de los principios elementales de los que nadie puede desprenderme. No existe, y esto vuelve a ser imprescindible, una sola sentencia judicial, un solo dictamen formal o una mínima declaratoria oficial que me declare culpable de la comisión de cualquier tipo de delito. Ante la vulneración del principio elemental de presunción de inocencia, fui declarado delincuente abierta y públicamente por personas, todas, de quienes se tiene clara referencia pues por sí solas se han manifestado libre y expresamente, se identificaron y son responsables absolutas de sus declaraciones.

Estoy dispuesto a acudir ante las instancias correspondientes para que sea comprobada la verdad, de manera directa y clara, pues no tengo más opción que dar la cara, de manera enérgica y puntual, como cualquiera lo haría en mi lugar sabiéndose inocente. Activaré todas las acciones legales relativas a que mi persona, mi buen nombre, mi calidad ética, moral y mi imagen profesional, no se vean afectadas. Respondo ante lo que considero una agresión y no me mueve ningún afán de revancha ni animadversión personal. Mi actuación corresponde a la necesidad por defenderme de calumnias porque eso es actuar decididamente ante la impunidad. En este país, hoy más que nunca, se requiere desterrar la impunidad de todos los niveles que atañen a una sociedad civilizada y espero dar ejemplo de actuar en consecuencia de dicho valor.

Rechazo categóricamente las acusaciones y señalamientos en mi contra, por parte de un grupo de alumnas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) del Taller de Integración Teatral (TIT) de 8vo. semestre, a quienes mueve un conflicto de origen claramente didáctico y del cual existen pruebas, constancias y documentos recabados a lo largo de procesos escolares que se llevaron puntualmente ante las propias autoridades universitarias. Las alumnas presentaron una petición formal para ser removido de mi cátedra, de acuerdo y sólo a partir de sus consideraciones en calidad de estudiantes que no ven satisfechas sus expectativas académicas. En reunión de Academia de la Licenciatura en Artes Escénicas, Actuación, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes celebrada el día 12 de abril del año en curso y habiendo escuchado todas las argumentaciones al respecto, se decidió que mi procedimiento de enseñanza y evaluación se sostendrían hasta el final y el grupo debía atenerse al término regular de la cátedra que imparto. Los señalamientos ulteriores y que intentan señalarme como un agresor sexual que actuó con violencia en su contra, carecen de verdad y tergiversan hechos que, insisto, fueron desarrollados también ante otras personas que no están interesadas en perjudicar mi imagen, mi reputación, mi integridad y mi trayectoria profesional. Todas estas pruebas serán puestas ante las autoridades ante las cuales acudiré en búsqueda de la protección de mis derechos y ante cualquier otra hacia la cual sea llamado virtud de quienes, no importa como lo intenten, suponen que existen elementos que podrían condenarme. No sólo celebro, sino aliento decididamente, cualquier procedimiento legal que juzgue mi caso cabalmente, me dé oportunidad de defenderme y pondere las pruebas que existen al respecto de este caso.

Mi nombre es Alfredo Vargas Ortega y nunca, a lo largo de mi vida y de mi ejercicio profesional, he sido objeto de acusaciones parecidas ni de supuestos relacionados con esta clase de conductas. Mi educación familiar y mi historia personal, han estado siempre ligadas a preceptos éticos y morales, basados en el respeto y la tolerancia, la lucha por la justicia, la equidad y la diversidad. Altos principios, que junto con la libertad y la defensa de la honra, merecen el total de nuestros empeños y por los cuales, en palabras del Quijote, se debe aventurar la vida.

Aguascalientes, Ags. México 16 de Mayo, 2017.

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