Opinión

Segunda vuelta electoral: necesaria / Política For Dummies

 

Con el creciente pluralismo a nivel internacional y en México, es necesario plantear de manera urgente la segunda vuelta electoral como obligatoria. En el caso francés, que celebraron elecciones en segunda vuelta electoral este domingo, no se plantearía una Francia en orden y con un gobierno legítimo sin segunda vuelta electoral. Veamos en la cercanía que significan los resultados electorales de Francia a México, que de no existir la segunda vuelta electoral un gobernante pudiera ser electo con el 24.01% de los votantes, en el caso francés del 77% de los franceses que participaron en elecciones. Es decir, el 75% de los votantes no hubiera votado por el candidato electo.

En segundo lugar, la principal contendiente, de ultraderecha y al parecer de un mundo lejano, obtuvo 21.3%, el tercer lugar, 20%, el cuarto lugar 19.5%, el sexto lugar 6.36% y así sucesivamente hasta el onceavo lugar que obtuvo 0.18%. Sí, se presentaron a las elecciones 11 candidatos; lo cual es sano en una democracia, de hecho indispensable. La pluralidad es una característica democrática, cimentada en los principios franceses: libertad, igualdad y fraternidad.

La segunda vuelta electoral se construye sobre un concepto clave para el funcionamiento de los gobiernos: legitimidad. Ser legítimo significa tener la confianza de los electores, sin confianza no se puede conducir a un gobierno a buen puerto, porque como ya hemos descrito, el gobierno no puede solo, necesita de todos, sin legitimidad ese modelo de gobernanza o de gobierno abierto fracasaría de inmediato, por ende, la idea de un gobierno eficaz, centrado en los ciudadanos, también.

La legitimidad que otorgaría una segunda vuelta electoral evitaría, como afirma José Woldenberg que un presidente o gobernador ocupe el cargo con más rechazo que apoyo. Además, en segundo término, evitaría que candidatos no deseados para la democracia, la modernidad y los derechos humanos tengan posibilidad de gobernar.

Volviendo al caso francés, según las predicciones, Emmanuel Macron será electo presidente por alrededor del 61% del apoyo de los ciudadanos, recibiría el 70% de los votos del quinto lugar, el 43% del tercer lugar y el 50% del cuarto lugar, en un claro movimiento del electorado para no dar posibilidad a Marine Le Pen, la candidata populista antiglobalización que solamente recibiría el 31% de votos del tercer lugar, el 3% de votos del quinto lugar y el 12% de votos del cuarto lugar.

La segunda vuelta en Francia sirvió para dos cosas: que Macron tuviera más apoyo que rechazo y se consolidara como un presidente electo con mayoría, además evitar que Marine Le Pen, una candidata no deseada para el régimen llegara a la presidencia. Sin embargo, no se debe meter en la segunda vuelta, la elección de congresistas, esa debe permanecer en la primera vuelta, lo que provocaría que a pesar de que exista un presidente con legitimidad, no se elimina la valiosa pluralidad de las 11 opciones que se presentaron a las elecciones.

En México, el escenario no es tan lejano a la Francia; hay con registro ante el INE, 9 partidos políticos, de los cuales algunos podrían competir en alianza rumbo al 2018, para imaginar un hipotético caso de una postulación de candidatura conjunta entre el PRI-Verde-Nueva Alianza-Encuentro Social, una candidatura del PAN, una candidatura de Morena (candidato antisistema), una candidatura del PRD-PT y una candidatura del partido Movimiento Ciudadano; además de no olvidar la latente opción de múltiples candidaturas independientes, como el caso francés. Lo que nos arrojaría como mínimo 6 candidaturas presidenciales que no buscan ser testimoniales sino protagonistas, cuatro de ellas con amplias posibilidades de fragmentar el voto en cuartos (25% cada una).

En ese sentido, sin segunda vuelta electoral, con el electorado fragmentado y con la muerte del voto duro, la presencia de nuevos fenómenos electorales que no se logran explicar con el simplismo del voto para castigar al actual gobierno, las posibilidades de un presidente electo con un porcentaje menor al 30%, aumentan. Enrique Peña Nieto fue electo con el 38.2% de los votos, Felipe Calderón con el 35.9% de los votos con una diferencia de 0.6% sobre Andrés Manuel López Obrador. Son presidentes electos con mayor rechazo que apoyo.

Algunos simpatizantes del candidato antisistema de Morena, López Obrador, afirman que una segunda vuelta electoral le perjudicaría, porque todos los partidos se unirían para que no lograra la presidencia; un escenario probable, sin embargo, en 2006, con una segunda vuelta electoral, se pudo haber beneficiado a López Obrador para haber sido electo presidente.

Aunque el candidato sea más antisistema, progresista o democrático, la poca legitimidad y desconfianza que su elección en primera vuelta provocaría, con un escenario plural y fragmentado, no le permitiría construir un gobierno de coalición con los ciudadanos.

Con esos mismos argumentos, la ola opositora al candidato antisistema afirma que la segunda vuelta electoral beneficia a López Obrador, porque una vez que el candidato de los partidos tradicionales no logre la mayoría necesaria, el voto se fragmentará por una opción diferente, representada en López Obrador. Esos dos escenarios son probables, sin embargo, lo que es una realidad es que la segunda vuelta es necesaria.

Debe existir una primera vuelta electoral donde la pluralidad del país se vea representada en las Cámaras de representantes y una segunda vuelta electoral que arroje a un presidente electo con legitimidad y que provoque aumento de confianza en la institución presidencial.


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Carlos Aguirre

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