Opinión

¿Vanguardia musical? / El peso de las razones

Seis años atrás Nick Hornby publicó 31 Songs, una simpática colección de ensayos sobre las canciones que podrían formar parte del soundtrack de su vida. ¿Qué sucedería si hiciéramos lo mismo con la historia de la música? Sin duda contribuirían a nuestro soundtrack imaginario Bach, Beethoven y Mozart, luego Cage y Schönberg, más tarde The Beatles, Rolling Stones y Pink Floyd, hace poco Nirvana y Pearl Jam. Y ¿ahora? La pregunta bien podría causarnos un espasmo mental. Nos hace falta un marco conceptual para responderla. Antes, en todo caso, habría que responder esta otra: ¿qué es lo que brinda a una propuesta musical el adjetivo de “vanguardista”?

Pocos negarían que Charles Mingus transformó el jazz de manera definitiva. Led Zeppelin, el rock. Johnny Cash, la música country. Bob Dylan, el folk. Elvis, el rock’n roll. David Bowie, desde sus inicios hasta hoy, ha sido imitado y ha influenciado a decenas de bandas -desde Joy Division y New Order hasta Placebo-. Podría continuar la lista, pero vale la pena preguntar: ¿constituyen casos aislados?, ¿es el azar la causa de que transformaran su contexto musical?, o bien ¿comparten algunas características?

Recorramos sus historias. Desde 1956, con la aparición del álbum Pithecanthropus Erectus, Mingus daría un vuelco al jazz tradicional. Enraizada tanto en los compositores clásicos del siglo, como en la música religiosa afroamericana y el blues, su propuesta musical adquiriría un sello único, que culminaría con el jazz de fusión del Cumbia and Jazz Fusion de 1976, una mezcla de ritmos colombianos con las formas más tradicionales del jazz. Led Zeppelin, a pesar de ser considerada una de las primeras bandas de heavy metal, trascendió el género integrando ritmos del blues, folk, rockabilly, reggae, soul, funk, pop, country, así como de la música celta, india, árabe y latina. Cash, a su vez, no se conformó con ser uno de los cantautores más representativos del country, gospel, rock’n roll y rockabilly, pues creó su propio subgénero, y fue conocido por el sonido denominado boom-chick-a-boom junto a su banda Tennessee Three. Dylan y Bowie, por su parte, han recorrido gran parte de la historia de la música contemporánea. Dylan personalizó estilos musicales, inspirando e influenciando a decenas a partir de diversas tradiciones de la música americana como el folk, country, blues, gospel, rock’n roll, rockabilly, jazz y swing. Bowie, paradigma de la transformación y reinvención, ha recorrido, entre otros géneros y subgéneros, el folk rock, glam rock, soul, incluso la música electrónica.

El mismo esquema experimental se repite con la música instrumental. A inicios del siglo pasado se caracterizaba principalmente por la atonalidad, complejidad rítmica y disonancias sin resolución. Hacia mitad de siglo, además de serialismo e indeterminación, se popularizó el uso de las computadoras y, por tanto, se dio el auge de la música electrónica y minimalista. Ahora resulta casi imposible dar un esquema general de las tendencias y propuestas posmodernas. Entre ellas se encuentra el poliestilismo de Zappa, el minimalismo de Glass, el postminimalismo de Adams, el neotonalismo de Piazzola y la denominada música experimental del Kronos Quartet. Estos últimos resultan paradigmáticos. Al igual que Mingus, Cash, Bowie o Dylan, su obra se caracteriza por el eclecticismo: folk, jazz, tango, incluso scores para películas.

Hoy, con seguridad, si hablamos de vanguardia musical escucharíamos términos como: post-rock, downtempo, shoegaze, dream pop, bastard pop, indie, anti-folk y un gran etcétera. También mezclas de términos que ya conocemos: acoustic folk, punk rock, punk cabaret, indie rock, indie pop, electropop. Otros que se han modificado o han muerto pronto: britpop y grunge, por ejemplo. Así, parecería que la vanguardia consistiría en pertenecer a alguno de estos movimientos. Pero esto es parcialmente falso. En primer lugar, dichos géneros y subgéneros son en extremo volátiles. Alguien, con cierto sarcasmo, podría indicarnos que no estamos hablando de vanguardia, sino de moda. En efecto, tales etiquetas en el mejor de los casos nos sirven para identificar el mainstream del underground. Lo que nos dice poco o nada, puesto que algún sonido puede pertenecer al underground para ser, incluso poco después, parte esencial del mainstream. Ejemplos sobran: el grunge de Nirvana o el punk de The Ramones. También podríamos cuestionar su pretendida originalidad: ¿acaso generan sonidos nuevos, o son simples emulaciones de sonidos anteriores?

Si tratamos de responder la pregunta anterior, puede ser que nos aproximemos a una concepción de la vanguardia musical mucho más precisa. Dichos géneros también están caracterizados por el eclecticismo y la mezcla o collage. Pongamos algunos ejemplos. Cuando en 1994, en The Wire, por primera vez se utiliza el término post-rock, se hace para describir un sonido en apariencia nuevo que hace uso de instrumentos propios del rock para generar ritmos, armonías, timbres y progresiones que no pertenecen a dicha tradición. La mezcla es evidente: música instrumental a partir de otros medios. Para muchos, los máximos exponentes del género son los islandeses de Sigur Rós. Pero el esquema se repite otra vez. Sigur Rós no se ha conformado con las reglas del género: su música no es sólo instrumental, y lo han trascendido usando instrumentos que ya no sólo pertenecen al rock, así como haciendo uso del Vonlenska, un lenguaje construido de sílabas sin sentido que se acoplan a la música.

El caso del Bastard Pop es aún más evidente. Dicho género consiste en la combinación de temas musicales. Su esencia es el collage. Aunque estilísticamente es libre, la mezcla se lleva a cabo la mayoría de las veces a partir de un beat de rap con una versión hip hop vocal. Ahora bien, el collage del Bastard Pop tenía reglas. Hoy encontramos la misma fórmula aplicada sin restricciones en los Mashups. El esquema experimental se repite, pues todo es sujeto de mezcla: sonidos ambientales, pláticas, versiones alternas de canciones pasadas, reflexiones, lecturas.

De este modo, podría decirse que el carácter experimental de la música es lo que define su posible vanguardismo. Arriesgado así una respuesta, la mezcla o collage determinan su grado experimental, pues la novedad viene dada por la yuxtaposición y combinación de distintos ritmos, melodías, y uso de instrumentos fuera de su contexto original. ¿Podría entonces decirse que todo vale? Sí, si pensamos que, desde Bach y Beethoven, terminadas las disputas medievales acerca del contrapunto y la polifonía, todo ha valido. Pero, como cualquier arte, la música evoluciona formas para trasmitir contenidos. No da saltos agigantados, porque es imposible darlos. No puede ni debe desentenderse de la historia y sus reglas. Así que, aunque ahora parezca que la vanguardia musical sale de la historia, no es más que el resultado lógico de sus antecedentes.
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Mario Gensollen

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