Opinión

Voraz: totalitarios del cuerpo / Cinefilia con derecho

 

Voraz (2016) de Julia Ducournau, es una sardónica y sangrienta crítica a todo lo friendly: los vegetarianos (veganos incluidos), los derechos de los animales, los derechos de la comunidad LGBT, pero, además, hila estos tópicos, con una interpretación singular de dos placeres fundamentales para las sociedades occidentales, la comida y el sexo. Esto le permite al filme una trama que, a través de los extremos, reprocha los totalitarismos sobre el cuerpo humano, principalmente la discriminación hacia la mujer.

Con obvias referencias a los personajes literarios del Marqués de Sade, Justine y Juliette y a Carrie, tanto de la novela de Stephen King como su versión cinematográfica (Brian de Palma, 1976) la cinta francesa nos cuenta la historia de Justine, una adolescente vegetariana que, en un rito de iniciación (novatada) de la facultad de veterinaria, es obligada a comer carne, lo que despierta en ella un deseo enfermizo por la sangre, al grado de que, en el extremo de este placer gustativo, prueba la carne humana, lo que la impulsa a una vertiginosa y peligrosa pasión que se ve robustecida cuando se inicia en la vida sexual.

Es divertida la forma en que la película logra ironizar sobre lo políticamente correcto. El inicial vegetarianismo de la protagonista, parece una sinrazón en un país repleto de restaurantes que incluyen grandes cantidades de carne en sus menús, en donde cada cuadra tiene por lo menos una charcutería, repleta de deliciosos platillos hechos con productos de la más amplia variedad de animales, con proteína en exceso para el odio de las corrientes europeas que impulsan la sana alimentación libre de sales, de gluten, y en general libre de, ponga usted su toxina favorita.

Sobre los derechos de los animales, la situación es tajante: mientras desayunan dos alumnos discuten sobre la historia urbana de que el SIDA deviene del sexo entre seres humanos y primates, Justine equipara eso a una violación, para el desagrado del resto de los comensales que reprueban esta comparación. Frente a la idea de la protagonista que alega la conciencia de los animales, puesto que se miran a sí mismos en el espejo, el resto de la cinta muestra el utilitarismo de las especies, únicamente usadas para deleite de los hombres.  

La sexualidad gay es manejada, de igual forma, sarcásticamente. El compañero de cuarto de Justine es un joven homosexual que salió del closet, después de 20 años de esconderse. Una noche, al calor de un cigarro de mariguana, la protagonista tiene relaciones sexuales con su roomie. Ésta es tan placentera que el chico estalla en ira, pues no cree posible que después de tanto sufrir en el ostracismo, ahora que por fin manifiesta públicamente sus preferencias sexuales, una chica le comience a gustar.

Voraz es una película de actualidad, ejemplifica el acoso escolar, el bullying en el ámbito universitario no sólo con las novatadas, sino también con la cantidad de fiestas, drogas y alcohol que excitan una serie de conductas impropias que son grabadas por decenas de celulares, creando videos que en minutos se transforman en trending topics, para desgracia de los protagonistas.

Ciertamente, como se ha criticado, las noticias en torno a Voraz y los presuntos efectos de sus fuertes escenas (desmayos, vómitos, etcétera) han desviado otros aspectos interesantes de la directora, pues como dice Fernanda Solórzano en su blog Cine Aparte en la página web de Letras Libres “opacan las ideas que tienen que ver con mujeres que se sienten excluidas de círculos sociales”, o, agregaría yo, el fascismo de un solo modelo de belleza, sin vello (la protagonista es dolorosamente depilada) y delgada al grado que, Justine vomita una y otra vez la carne que come, le dice una mujer en el baño “si te metes dos dedos es más fácil”. La cinta rompe este totalitarismo, con los parámetros de normalidad que exigen los convencionalismos sociales, de forma sumamente excepcional: a través de las perversiones sexuales, el cumplimiento de la más amplia variedad de parafilias que son certeramente referenciadas o fotografiadas (los guiños son sumamente pensados y a veces sutiles) y van desde la zoofilia, el onanismo (excelsa la escena de Justine besándose en el espejo) hasta la hemofilia, una reseña deliciosamente vampiresa (Drácula de Bram Stoker de Coppola) que lleva a asociar la sangre y al sexo, símbolos pecaminosos, como mecanismos de libertad.

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

2 Comments

  1. Laura Gómez
    29/05/2017 at 14:31 — Responder

    Interesante y enriquecedor análisis, pero muy a destiempo. Esta película la vi reseñada por primera vez hace dos meses además de que ya salió de la cartelera comercial, incluso de salas alternativas. La oportunidad de una publicación es pilar del periodismo.

    • Ruben
      29/05/2017 at 22:52 — Responder

      Gracias por leerme. La intención de la columna no es hacer periodismo, por ello su objetivo no es reseñar películas, sino hablar de tópicos que afectan a nuestra sociedad. En este caso Voraz me pareció buen vehículo para hablar de cómo la mujer es sometida: para ello, no importa que, ciertamente, la peli estuvo en salas hace tiempo. Insisto, gracias por leerme. Saludos.

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