Opinión

Cinefilia con derecho / Sueños y normalistas

 

¿Sueñan los ciudadanos comunes y corrientes con manifestaciones que no violenten su derecho al libre tránsito? ¿Se piensan viviendo en el Siglo XXI como habitantes cosmopolitas en comunidades funcionales? En México 2000 (1983) Héctor Suárez hace una película de ciencia ficción, crítica y parodia sobre nuestro país, un futuro que vive la sociedad, donde todos respetan mutuamente sus derechos, donde existe una buena educación, nivel de vida de calidad y por ende se llega a ser una auténtica socialdemocracia. ¿Aspiran los hidrocálidos a lograr algo así? ¿O, más bien, son unos conservadores sin conciencia de clase? Y entonces en realidad asumen una áspera crítica a lo que no es como ellos, le espetan a los normalistas desmadrosos, lo que dijo Cantinflas a los grillosos del 68 en Un quijote sin mancha (1969): “Pelados peludos ¿po’s que no les da vergüenza estar en donde estamos? en lugar de andar de visionudos ahí, debería de arrepentirse y pensar desde qué fechas andan en esas fachas ¿Y ustedes son quienes quieren arreglar el mundo no? ¿Cómo? Si no saben lo que quieren, no saben a dónde van, no producen nada ¿pos’ vamos a hacer una patria grande, no?”.    

¿Sueñan las izquierdas con que esta sociedad hidrocálida algún día despierte y proteste? Esa impasividad frente a los temas de coyuntura nacional ¿es signo de un conformismo o consecuencia de un mejor nivel de vida? Supongo que algunos quisieran que esa tranquilidad que ha caracterizado a nuestro estado se transforme en un activismo cívico, mi teoría es que desde hace varias decenas de años, la construcción de una clase media, que se ha venido consolidado, provoca justamente esta paz social que la identifica y que, ciertamente, se desquicia a la menor provocación, como la de un grupo de alumnos que bloquea las calles utilizando camiones, piedras y autobuses; todo lo anterior deviene justamente en estar en contra de ese tipo de ejercicios de manifestación y provoca que existan muy pocas personas que estén a favor de lo que hicieron los normalistas en días pasados.

¿Sueñan los normalistas con ser el profesor que libere este México de su cacique opresor? A la manera El profe (1971) donde Cantinflas, en su papel de reivindicador de las causas sociales, pelea contra el tirano del pueblo, en pro de la educación y a favor de los niños; yo esperaría que sus protestas, que su movimiento, tenga ese único y primordial objetivo: para nadie es un secreto que en México tenemos un problema con la educación, estamos situados en los últimos lugares de las mediciones de la OCDE, y a pesar de que ciertamente el estado y los papás juegan un papel importante, el último ángulo del triángulo educativo, son sin dudarlo, los maestros, en especial los de la enseñanza básica.  

¿Sueñan los normalistas con confiscar las grandes marcas comerciales a favor del proletariado? Comen gansitos Marinela y toman Coca Cola, la chispa de la vida, supongo que para calmar el susto de ser desalojados, sin haber leído a Máximo Gorki en La Madre que decía, “Cuanto más llena la barriga, más ruin el alma” e  imaginan que, como en Adiós a Lenin (2003) las marcas y fórmulas de reconocidas transnacionales son ganadas en litigios internacionales por los regímenes socialistas que reivindican, y que las transforman en propiedad del pueblo y, entonces, la gordura y diabetes serán universales y no sólo de los pequebús que ven con terror a las normales rurales, exigen su cierre pues “No nos faltan 46 (sic), nos sobran muchos que deberían de desaparecer en fosas clandestinas” alegaría más con riñón que con cabeza un atolondrado locutor que, como otros tantos aguascalentenses, seguramente quedó atorado por algunas horas bajo el terrible sol de junio y que no comprende que el modo de producción capitalista lo hace pensar de esa forma tan bárbara.

Sueños. Solo sueños. Formas de pensamiento que, supongo, en una democracia liberal, aunque esté en ciernes, son válidas. Y en el fondo lo único que no podemos permitir, es la violación del derecho de muchos en aras de la manifestación de unos pocos, países de primer mundo han encontrado los mecanismos ideales para que esto no suceda ¿Será utópico aspirar a ello?

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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