Opinión

Copa y grito / Yerbamala

La Copa Confederaciones de Rusia, antesala del Mundial de Futbol del año que viene en el mismo país, ha sido por varias razones insólita ya antes de terminar. Por ejemplo, porque es el primer torneo oficial de la FIFA en que se anula un gol por medio de la revisión de una jugada con arbitraje asistente fuera de la cancha (Video Assistance Referee, VAR). En este caso, el dudoso honor en contra le tocó a la selección portuguesa liderada por el virtuoso jugador y evasor fiscal Cristiano Ronaldo en su juego inaugural contra México, donde el marcador pudo bien haber sido 3-1 a favor de Portugal sin dicha primera anulación y no 2-2, como terminó el partido. Sin duda, lo mejor que ha enseñado la selección mexicana en este torneo ha sido su capacidad de remontar el marcador adverso, pues ya lo hizo tres veces ante su evidente irregularidad y debilidad defensiva. Por ejemplo, en el partido del miércoles pasado, la selección mexicana nos enseñó muchas luces y sombras ante un tozudo equipo amateur de Nueva Zelanda que le hizo ver mal, donde quedó muy claro que algunos de los jugadores mexicanos convocados no están en el nivel competitivo de sus mejores compañeros. Por otra parte, sorprende del juego contra Rusia lo realmente malo que es el equipo anfitrión del próximo mundial, eliminado de éste torneo. También es cierto que pudo haber ganado 3-1, pero los postes, otra vez el VAR y la fortuna, acompañaron a los verdes. Entonces, México conocerá pronto su real nivel futbolístico, pues el próximo miércoles enfrenta en la semifinal a una juvenil Alemania o a un poderoso Chile. También es cierto que la dirección técnica mexicana, en opinión de algunos entre los que me cuento, tampoco está al nivel deseable. Nos sigue gustando más El Tuca, pero tampoco estaría mal El Mati Almeida. O ya puestos a pedir, hasta “El loco” Bielsa o su distinguido alumno Sampaoli. Y no es que Osorio lo haga tan mal, es solo que su extraña manera de dirigir puede ser mejorada habiendo un equipo con tanto potencial.

Este torneo en Rusia también es el primer oficial de la FIFA donde se advierte a un equipo participante y a su afición, que no se tolerará el archiconocido “grito de guerra” al despeje del portero rival.

Tan excepcionales queremos ser los mexicanos, que nos sigue pareciendo gracioso, divertido y oportuno el tal grito y la ridícula coreografía que le acompaña, no importa lo que diga la FIFA o cualquier otra autoridad deportiva o extra deportiva. Aún a riesgo de que la selección quede fuera del torneo si no se acata la censura. Alguien sin mucho seso hasta podría decir que son expresiones imposibles de eliminar, puesto que son “culturales”. E incluso al mismo técnico Osorio no le parece tan grave. Alomejor nadie le ha contado todavía lo que dice la FIFA al respecto.

La anécdota sería hasta graciosa si no fuese un fiel reflejo de la violencia sexual que subyace en el lenguaje y en la idiosincrasia mexicana, de la cual el tal “grito de guerra” es la manifestación más evidente. Las estadísticas disponibles así lo corroboran: la discriminación por preferencia sexual es la tercera causa de discriminación en México (Encuesta Nacional sobre Discriminación, -Enadis-, SDP-Noticias, 17 de mayo de 2014), solo por detrás de la adscripción étnica y el color de la piel. O que tal esta otra: México es segundo en el mundo en crímenes de Homofobia, solo por detrás de Brasil, (Proceso, 11 de mayo de 2015). La misma Enadis 2010, reveló que el 57% de quienes se reconocen como gays o lesbianas consideran que han sufrido algún tipo de discriminación, o que 4 de cada 10 mexicanos no tolerarían convivir con una persona gay o lesbiana en el mismo domicilio. Ello a pesar de que formalmente, México es uno de los 114 países del mundo que no criminalizan las preferencias sexuales, y eso que la no discriminación está reconocida como Derecho Humano por la Constitución.

Ahora, vayamos al terreno de la terca realidad, donde muchos dicen y se dicen “puto”, que es, ciertamente, una palabra común entre “machos”. Incluso a veces más que “güey”. En el futbol por ejemplo, ya sea entre chicos o mayores, se dice “puto” todo el tiempo, como cuando estábamos en la primaria.

Muchos dirán: ¿los quieren castigar por su grito estúpido y su coreografía ridícula? ¡Mal! ¡Que griten lo que quieran! Para eso son las palabras. Porque es cierto que ellos no inventaron el marco social en el que “puto” es tanto un insulto como una instrucción. En realidad ellos sólo repiten lo que saben y hacen desde la primera vez que gritaron “puto” en una “cascarita” infantil. “Grito de guerra”, dicen. Grito de guerra será cuando los putos y solo los putos cantan a coro esa homófoba canción de Molotov. Sí, esa que dice: “matarile al maricón”.

Claro que “puto” no quiere decir siempre y en todo lugar “homosexual”, pero ¿quién duda que tiene mucho que ver? No. No siempre denota homosexualidad, pero siempre tiene una connotación homófoba. Puto es, que duda cabe, una palabra de una violencia poderosa y definitiva. Y las palabras son para usarse, pero también para hacernos responsables de su uso.

Así que muchos y variados aprendizajes sociales pueden extraerse del tema del censurando “grito de guerra” en la copa Confederaciones de Rusia 2017, que ya vio a los primeros dos aficionados mexicanos expulsados del estadio y multados al insistir en el “grito de guerra” contra Nueva Zelanda. Por eso, al parecer contra Rusia el grito desapareció de la tribuna, aún cuando cierta parte de la comunidad gay sostenga que es contraproducente endurecer la prohibición porque esto recrudecerá la violencia contra la diversidad sexual en México (La Jornada, 23 de junio de 2017). Pero no se trata de censurar a nadie, sino de dejar claro que existen expresiones que perturban, discriminan, violentan y agreden.

COLA. Es cierto, la nota es que a estas alturas sea nota que el gobierno espía a los liderazgos sociales que se le oponen (buena maniobra para distraer la atención sobre la limpieza de las pasadas elecciones). Pero bien podrían llamarse “regímenes esquizofrénicos” a esos que condenan la violencia contra los periodistas o los defensores de derechos humanos unos días y otros los espían; como también los que violando los principios constitucionales de política exterior, condenan la ruptura del orden democrático en otros países y callan ante la violación sistemática de los Derechos Fundamentales y los miles de muertos y desaparecidos en su propio suelo.

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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