Opinión

El Foro / 44

 

Fue un 19 de junio de 1973 el día en que tuvo lugar el acontecimiento de mayor relevancia para nuestra entidad en todo siglo XX: la fundación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. La anterior aseveración es todo menos excesiva o desproporcionada. Con toda objetividad es dable sostener que nuestro estado es lo que es gracias a la Universidad, a su función social y a sus egresados. Quien no lo crea así, debe echar un pequeño vistazo a la historia. A la historia de la educación superior en México y a la historia de nuestra región.

En aquel entonces, me refiero a la época que corre entre los años 50 y 70, mientras el mundo ya escuchaba “Love me do” de The Beatles, en Aguascalientes los jóvenes que aspiraban a tener una carrera profesional se encontraban con que, al concluir su educación media superior, en su ciudad no existían oportunidades de acceder a una educación superior para todos. Quienes tenían la oportunidad, abandonaban sus hogares y su familia para ir a estudiar a Guanajuato, San Luis Potosí o la capital del país. Quienes no tenían posibilidades para emprender esos viajes, veían frustrados sus sueños de juventud. Para dar una idea al lector, en 1950, solo existían 39 instituciones de educación superior en todo el país, lo que significaba que la proporción oferta demanda en cuanto a la educación universitaria respecta, era escandalosamente desigual.

Ante esta situación, un hombre que confiesa haber vivido en carne propia la frustración de no poder estudiar una carrera universitaria en el estado que lo vio nacer, tuvo una visión que cambiaría la historia de Aguascalientes: el contador Humberto Martínez de León quien decidió materializar la creación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Algo que la gran mayoría de los universitarios contemporáneos no sabemos es que la Universidad Autónoma de Aguascalientes nace en un contexto de adversidad. Todo comenzó en 1972, cuando bajo la rectoría del Contador Martínez de León, el todavía Instituto Autónomo de Ciencia y Tecnología, buscó la creación de la Escuela de Medicina (la primera en Aguascalientes) que encabezaría el Dr. Alfonso Pérez Romo.

El proyecto fue presentado al entonces gobernador Francisco Guel Jiménez quien se mostró en inicio interesado, pero meses después, indispuesto a apoyar el proyecto. Aquí iniciaron los problemas para el proyecto de nacimiento de la universidad, la miopía del gobernador Guel que prefirió negarles la oportunidad a los jóvenes de tener educación superior a cambio de seguir viviendo en Pueblo Quieto, libre de “estudiantes revoltosos”. Hay nombres en la historia que los universitarios recordamos para bien y con gusto, el doctor Guel no es ni por equivocación el caso.

Guel detuvo el apoyo al proyecto de la Escuela de Medicina (primer paso antes de convertir el Instituto de Ciencias en Universidad) pero no solo eso, cuando el gobernador en turno se enteró de que Martínez de León y Pérez Romo decidieron continuar con el proyecto sin él, detuvo las ministraciones al Instituto. Las historias dicen que fueron los hombres de confianza de Guel quienes le aconsejaron tomar esta irresponsable decisión. Hay hombres que tienen la gran oportunidad de trascender en la historia, pero cometen el error de enclaustrarse en las opiniones de unos cuantos, sin escuchar todas las voces con objetividad. La historia juzgaría distinto hoy a Guel si tan solo hubiera escuchado la voz de la cordura y no la de sus besamanos.

La Universidad nace pues de la adversidad. La falta de recursos estatales orillo a los miembros del Instituto a pedirle recursos al principal beneficiario de los servicios que el instituto prestaba, la sociedad.

Se sorprenderá al lector, sobre todo el universitario, al saber que el antecedente de nuestra universidad es un maratón radiofónico mediante el cual, en una mesa instalada en la plaza principal de la ciudad, se solicitó el apoyo de la sociedad de Aguascalientes para recolectar 500,000 pesos (de los de entonces) para mantener con vida el Instituto que tendía ya a convertirse en Universidad; la sociedad respondió y mantuvo con vida al Instituto que en ese momento había dejado de recibir recursos del Gobierno del Estado.

Esa es la razón por la cual se dice, y se dice bien, que los universitarios nos debemos a la sociedad. No hay expresión que pueda explicar de manera más literal la relación que tenemos para con la sociedad, porque son las personas quienes con sus aportaciones ofrecen la confianza a los Universitarios para que con nuestro conocimiento hagamos de nuestro estado un lugar mejor.

Tiene mucha razón el actual rector de la Máxima Casa de Estudios, el Dr. Francisco Javier Avelar González, cuando dice que “a quien piense que al ir a la Universidad está estudiando para sí mismo, tendríamos que rectificarle su camino: está estudiando con el tiempo y está estudiando para los demás”, cuan elocuentemente expresa el valor de la responsabilidad social del Universitario. He escuchado personalmente una y otra vez a muchos contemporáneos quejarse de su universidad, dicen con aires de superioridad “a la universidad yo no le debo nada, mucho menos a la sociedad y mi colegiatura ¿qué?”. Como se ve que no conocen a la mujer que solía pedir limosna en el andador Juárez mientras tocaba violín y que, en 1972, cuando nuestra Universidad lo necesitó, donó sus ganancias y su violín, que eran lo único que tenía, con la esperanza de que en Aguascalientes hubiera universidad y que sus hijos y nietos algún día estudiaran ahí. Esa es la generosidad y la visión de futuro que a muchos de los ejemplares de la generación contemporánea (que estamos programados para recibir y exigir, pero no para dar) nos hace falta.

Hoy, 44 años después, en el aniversario de su alumbramiento, quienes fuimos afortunados de pasar por las aulas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, debemos detenernos a reflexionar sobre lo mucho que de ella recibimos, sobre la manera en la que cumplimos con nuestra responsabilidad, sobre la retribución que hacemos o no a la sociedad y, ¿por qué no?, hoy como profesionistas regresar a nuestra casa, pasear por sus jardines, recorrer con nostalgia sus instalaciones y devolverle un poco de lo mucho que nos dio donando al fondo de crédito y becas, aportando libros a la bibliotecas o incluso adoptando a un estudiante que necesite recursos económicos para cumplir sus sueños.

A eso se refiere la frase “estudiar con el tiempo”, eso es lo que significa “estudiar para los demás”.

Feliz Cumpleaños, Universidad. Se Lumen Proferre.

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José Luis Álvarez Sánchez

José Luis Álvarez Sánchez

1 Comment

  1. Nite
    17/06/2017 at 10:49 — Responder

    Felicidades, un gran artículo y totalmente de acuerdo, las instituciones de educación superior siempre serán detonantes de progreso tanto social como economico. Reitero mis felicitaciones por tan excelente artículo.

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