editorial

Escuela para señoritas

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No es exagerado decir que nos ha inundado una ola de odio contra la movilización de las estudiantes de la Normal Rural Justo Sierra de Aguascalientes. El descontento de la población del estado surge porque considera que sus peticiones no tienen sustento, que su escuela es una farsa, que las marchas han provocado caos y la paralización de la ciudad, aunque no ha salido nadie a decir que tuvo que denunciar un saqueo o la vandalización de su propiedad, surge porque hay fotos (tres, reproducidas mil veces) de alumnas realizando un grafiti (Martín Orozco, exigimos solución) y porque son mujeres.

Las redes sociales se han volcado contra ellas cargadas de misoginia. La violencia se ha volcado en este aspecto, su condición femenina, ahora más que en cualquier otro de los puntos.

De la violencia en general culpo a los medios de comunicación, esos que con falta de rigor periodístico y con todo lo que parece un apoyo institucional se han volcado a denostar el movimiento de las normales rurales con antecedentes tan terribles como Ayotzinapa.

No parece obvio, entonces, que las normales rurales vienen de ese contexto, el rural, que difícilmente un alumno de la ciudad se inscribiría en alguna de ellas porque tiene algunas más de las oportunidades que los alumnos de aquélla carecen, esas que se le han negado a la gente del campo, y porque a nadie le gusta vivir con carencias. Las normales rurales han sido cuna de profesores con compromiso social, muchos de ellos al egresar serán maestros de zonas marginales de ciudades o del mismo campo, esos lugares a los que tampoco se acerca la Reforma Educativa ni que cuentan con los beneficios de una escuela pública en la ciudad.

De la violencia misógina culpo al machismo que habita en cada uno de nosotros.

Una de las peticiones de las normalistas es que la convocatoria no incluya varones en la escuela. Esta Normal ha sido para esas mujeres un lugar de protección y tal vez la única forma para obtener permiso de sus padres para estudiar.

El argumento del gobierno de Martín Orozco ha sido que la Normal será mixta para promover la equidad de género. No consideran que, si este plantel tiene más de 80 años siendo un internado para mujeres, no cuenta con la infraestructura necesaria para albergar varones, ¿cómo será la convivencia de estos con las alumnas? La solución que encontró fue que los alumnos no vivirán ahí, que al terminar su jornada estudiantil se retirarán a casa.  Habríamos de ver primero lo que el Gobierno del Estado entiende por equidad de género, porque al menos en este primer semestre Martín Orozco se ha especializado en presentarse rodeado de hombres que llevan la batuta en los aspectos de primer grado, relegando a un reducido número de mujeres a puestos clave en su administración: Irma Medrano Parada, en la Secretaría de Turismo; Adriana Jurado, en la Dirección de Comunicación Social; Karla María Gallegos Castañeda, en la Secretaría de la Juventud; Claudia Santa-Ana, en el ICA; y el Instituto Aguascalentense de la Mujer, a cargo de Ruth Pérez Cedillo, mismo que ha tenido nula presencia y voz en estos meses.

Este gobierno debería ser el primer interesado en brindar espacios seguros a las mujeres, tal y como se lo dicta la Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia para el estado de Aguascalientes, por ser el que debe garantizarla, como en el caso de las normalistas, atendiendo al menos dos puntos:

Primero. Históricamente las mujeres hemos sido relegadas por nuestro género a espacios educativos donde los hombres han participado y contado con todas las facilidades. Para contrarrestar este hecho que continúa en las normales rurales de este país, es conveniente que la Normal siga como exclusiva para las mujeres. Las escuelas para señoritas que le han presidido fueron creadas con temáticas propias de lo que consideran para nuestro género y que reproducen los estereotipos de las mujeres delicadas y sostenedoras del hogar. Esta Escuela Normal, con los recursos, la atención y la infraestructura necesaria, daría a las alumnas una educación de calidad que se complete con su identidad de educadora.

Segundo. Integrar a varones como alumnos al plantel restaría oportunidades y lugares a otras mujeres para acceder a la educación. ¿Que esto es una acción afirmativa? Por supuesto. La política la tiene ya con las cuotas de género para integrar diputadas en el Congreso, aunque no sirva de mucho que estén ahí. Así accedió Teresa Jiménez a la presidencia municipal de Aguascalientes. No hay otra manera de acceder a espacios que nos pertenecen pero que nos arrebatan sin explicación alguna.

Junto a esto, el discurso educativo no ha tenido perspectiva de género cuando envía y expone a estas maestras a comunidades apartadas, al ambiente rural, donde la violencia contra las mujeres no ha disminuido ni un ápice en la historia, como tampoco lo ha hecho el hambre.

No observar estos aspectos hace que seamos parte de la violencia institucional del Gobierno del Estado, que no se limita al uso del miedo para obtener lo que busca, a través de presencia policial y acechamiento, sino que también arrebata a las mujeres sus espacios.

Esa violencia institucional que se coló, con apoyo de los medios, hasta el odio de las personas, esas que amenazan con incendiar las instalaciones de la Normal, con violar a las alumnas, con el deseo de que aparezcan en fosas comunes. La misma que al parecer, sigue queriendo escuelas para señoritas.

 

 

@negramagallanes

2 Comments

  1. Francisco

    10/06/2017 at 02:24

    “Segundo. Integrar a varones como alumnos al plantel restaría oportunidades y lugares a otras mujeres para acceder a la educación.” Así como también resta oportunidades y lugares a otros hombres para acceder a la educación, que argumento tan ridículo, piden equidad pero al mismo tiempo privilegios únicos para el sexo femenino, ningún puesto o lugar debería ser dado sólo por el sexo, si no por la capacidad de esa persona, así sea hombre o mujer.

  2. Blanca

    10/06/2017 at 12:51

    A los muchachos pueden ser canalizados a la Normal rural de San Marcos , Zac.

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