Opinión

María Antonieta y los pasteles / Análisis de lo cotidiano

Una leyenda de la Revolución Francesa tuvo como protagonista a la emperatriz María Antonieta en 1788, de quien se asegura que al ser informada que una manifestación popular a las puertas del Palacio de Versalles clamaba a gritos su hambre por la falta de harina de trigo y en consecuencia por falta de pan, la frívola mujer exclamó “No tienen pan, pues que coman pasteles”. Aún cuando la leyenda probablemente sea falsa, refleja la indiferencia y el desapego de la clase gobernante con sus súbditos. La señora en cuestión creía que todos tenían abundancia como ella y la falta de pan para comer, era mero capricho de los andrajosos que gritaban afuera de su mansión. Y resulta que el pan, posiblemente sea el más antiguo de los alimentos elaborados que comió la humanidad. En Egipto, en las paredes del templo dedicado a Ramsés III existe un friso muy detallado con escenas de la panadería del faraón. Se pueden apreciar con toda claridad todas las etapas de la elaboración del apreciado alimento. El pan comenzó a comerse desde que el hombre conoció la agricultura y hasta la fecha, sigue siendo el alimento más común en todo el orbe. Varias religiones lo tienen incluso como una comida sagrada. La comida rápida más popular en todo el mundo es la hamburguesa que tiene que ser entre rebanadas de pan. Y además el sándwich, emparedado, baguette, pannini, pita y el hot dog conocidos en todos lados, implican al pan. Incluso nuestros antepasados aztecas comían pan de maíz, antes de la llegada de los conquistadores. Una bola de masa fermentada con hongos tomados de la tortilla contaminada, se convertía en pan, que era horneado en cazuelas de barro. Así nació el pan de muerto, que era endulzado con miel de agave. Pues con toda la universalidad del pan, todo parece indicar que la infame frase de María Antonieta se ha convertido en realidad. El pueblo no come pan, come pasteles. A diferencia de la época de la Revolución, ahora la sociedad sí tiene pan al alcance de la mano, pero prefiere los pasteles. En México, la casa Bimbo creó en 1957 (hace 60 años) el pastelillo llamado Gansito que de inmediato alcanzó enormes índices de venta y a la fecha es el bocadillo más vendido de esa empresa, que ya creó muchos otros, también con notable éxito comercial. En reciente encuesta realizada por una casa de estudios de mercado, el 92% de los escolares de primaria y secundaria reconocieron al muñequito que identifica al bocadillo, pero no recordaron el nombre del iniciador de la Revolución Mexicana. Más del 75% de las madres de familia incluyen alguno de estos pastelillo o galletas empaquetados en el “lunch” que sus hijos llevan a la escuela. La semana pasada el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) informó que el pan de dulce subió de precio en un 6.7%, con lo cual quedará fuera de muchas mesas. El pan de caja y las galletas dulces subieron un 6.5%. Pero los pastelitos embolsados solo subieron un 5% de manera que seguirán siendo los preferidos. El bolillo solo aumentó en un 3.3% pero es que tiene precio controlado o subvencionado. De nuevo le reconocemos su mérito profético a la emperatriz ¿Cómo supo que doscientos años después su stupide commentaire sería realidad? Madame Marie Antoinette no está sola, ahora ha surgido una lista interminable de enemigos del pan, acusándolo de ser el causante de las demencias, la epilepsia, el déficit de atención, la esquizofrenia y una gran cantidad de padecimientos mentales. Si ello fuese cierto, imagine usted qué habría sido de la humanidad después de 22 siglos de estar comiendo el gluten y el almidón que vienen dentro del sabroso pan. No es verdad, pero como siempre existen los creyentes de las profecías del desastre, seguramente muchas personas dejarán de comer y darle pan a sus hijos. ¿Y que les darán? Pues ya lo dijo la Reina, pasteles, porque no existe ninguna campaña en contra de los deliciosos aunque antinutritivos bocadillos. Podemos dejarnos de temores y profecías malignas, disfrutemos el alimento humano y divino que ha estado en nuestra mesa desde que abrimos los ojos, y gocemos como dijo nuestro admirado López Velarde:

 

“Tu barro suena a plata y en su puño

su sonora miseria es alcancía

por las madrugadas del terruño

en calles como espejo se vacía

el santo olor de la panadería”

 

 

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Héctor Grijalva

Héctor Grijalva

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