Opinión

McVicar / El banquete de los pordioseros

No sé, no estoy exactamente seguro de que realmente me guste este disco del cantante de The Who, Roger Daltrey publicado en junio de 1980 y que es la banda sonora de la película McVicar. Por aquel entonces yo estaba descubriendo una cantidad increíble de discos y de algunas buenas agrupaciones de rock que en ese momento yo no tenía la menor idea de que existían, pero eso sí, tenía una sed insaciable por conocer nuevas cosas y ampliar mi limitado horizonte en cuanto al conocimiento del rock se refiere.

No sé si en alguna ocasión anterior, posiblemente lo hice en alguno de estos banquetes que tan generosamente aceptas degustar cada viernes, te comenté lo que para tu servidor significa el disco Quadrophenia basado en la obra del mismo nombre del grupo inglés The Who  realizada en 1973 y la consecuente adaptación para cine realizada en 1979. El asunto es que cuando yo tuve la oportunidad de ver la película fue como una especie de gancho al hígado, bueno en realidad, desconozco los términos usados en el box, no sé cómo se llaman muchos de esos golpes noqueadores, pero digamos que fue un upper –¿sí se llama así?- y después de haber visto esa película y después de haber escuchado el álbum doble ya nada fue igual en mi vida, el rock había adquirido un nuevo sentido y The Who se convertiría desde ese momento en una de mis agrupaciones de rock favoritas. Por esos mismos meses vi en la televisión una noticia en la que se comentaba que el cantante de The Who, el ya referido Roger Daltrey haría su debut como cantante operístico en el legendario Covent Garden de Londres Inglaterra, sede de la Royal Opera House, te recuerdo que estamos hablando de principios de los años 80, yo tenía 17 años de edad y sabía que la Royal Opera House ha sido históricamente, una de las principales casas de ópera de todo el mundo y a lo largo de toda la historia de la música, así que me sentí profundamente atraído a conocer más de  este cantante ya como vocalista de rock, ya me había fascinado.

Cuando vi el disco McVicar en la tienda con su portada gris poco expresiva no dudé en comprarlo, no tenía la menor idea del contenido del álbum, pero me bastaba con que fuera el cuarto álbum solista de Roger Daltrey para tenerlo entre mis manos, ansiaba llegar a casa y colocar el disco sobre el tornamesa, ese exquisito ritual de abrir el disco frotando el celofán sobre el muslo para calentar la envoltura y poderlo abrir sin romper más de lo estrictamente necesario, sacar el disco y colocarlo cuidadosamente sobre el plato giratorio, acto seguido, colocar con el mayor de los cuidados el brazo sobre los surcos del disco para que al contacto con la aguja surgiera el mágico encanto de la música mientras que acomodado sobre el sofá, uno podía darle vueltas a la portada, ver los créditos, y si incluía las letras del disco, qué mejor. Esos eran buenos tiempos, sin lugar a dudas.

Pues más o menos ese fue el ritual que realicé al llegar a casa y colocar el disco en el tornamesa, evidentemente el álbum me gustó, finalmente era Roger Daltrey, a quien siempre he considerado el mejor cantante de rock y no puse en tela de juicio el contenido de lo que estaba escuchando, como ya te dije, se trataba de Roger Daltry, motivo suficiente para no cuestionar nada.

El disco inicia con aquel buen rock llamado Bitter and Twisted  y así continuaba con Just a dream away, Escape Part one, White city lights, Free me, My time is gonna come, Waiting for a  friend, Escape part two, la exquisita Without your love y termina con la canción que da nombre al disco, McVicar.

Efectivamente el disco me gustó y rápidamente lo presumí a mis amigos que por supuesto, compartían conmigo -y siguen compartiendo- el gusto por el buen rock, sin embargo no obtuve de parte de ellos el mismo entusiasmo que yo esperaba y el intercambio de opiniones, quizás en algunos casos hasta discusiones, no se hicieron esperar. Pasó el tiempo y el encanto que el disco me despertó en su momento se fue quedando dormido, no así la discografía completa de The Who que en ningún momento ha perdido su vigencia y McVicar quedó ahí en algún lado de mi fonoteca personal.

No hace mucho, de hecho, hace apenas unos días, me encontré con McVicar en disco compacto y al ver aquella misma portada gris poco expresiva que me cautivó en mis ingenuos 17 años me volvió a brincar violentamente. Seguramente han pasado más de 35 años desde que conocí este álbum y de repente, una a una las canciones del disco fueron pasando por mi memoria y no dudé en quedarme con el disco, lo he vuelto a escuchar y con tristeza me doy cuenta que ya no me generó el mismo entusiasmo, ya no me hizo vibrar con la misma intensidad que en mi adolescencia, eso sí, cada una de las canciones era el recuerdo de una época en la que fui intensamente feliz, y es que en esos años mi única gran preocupación, además de aprobar matemáticas con el ingeniero Castañón en la siempre gloriosa prepa de petróleos, era conocer más y más música, y McVicar me transportó a esos momentos intensamente luminosos de mi vida, pero ahora, con tantas referencias musicales inevitables al escuchar un disco, cuestionamos, casi de manera instintiva, lo que tenemos a la mano, y sí, en efecto, McVicar ya no fue lo mismo.

 

[email protected]

 

The Author

Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

No Comment

¡Participa!