Opinión

No me pidan que tolere lo intolerable / Cinefilia con derecho

No, no me pidan tolerar que se bloquen calles, se destruya la propiedad privada y se perjudique mi legítimo derecho de tránsito. No, no me pidan tolerar que ciudadanos ejerzan justicia por su propia mano y golpeen con saña a un estudiante que se metió, huyendo de la policía, a sus casas. Las dos situaciones, son abusos de derechos que están perfectamente regulados en las normas: la libre manifestación y el derecho a una legítima defensa. Es importante, analizar en su justa dimensión y no polarizar, porque no todo es blanco o negro, sino con matices, lo sabemos, en esa medida, los derechos tienen límites, y no se pueden violentar.  

En el primer caso, la manifestación, claro que se puede y que se debe hacer, y nadie puede estar en contra de eso, a menos que eso implique rayar mobiliario público, destruir llantas de trailers de propiedad privada o saquear vehículos de productos alimenticios. ¿Qué son solo grafitis? ¿Que qué delicada tenemos la piel los hidrocálidos? Dice Molierac que Cuando se vulnera el derecho de uno solo, se pone en peligro el derecho de todos y aún el de la misma nación. La manifestación, puede implicar hacer marchas, llegar a palacio de gobierno, pedir, exigir, emitir posicionamientos, pliegos petitorios, etcétera. Pero, si además de eso, después, van y cierran calles con el único objetivo de molestar a la ciudadanía para presionar al gobierno, eso, es un abuso y está desproporcionado del objetivo, fuera del derecho.

En el segundo caso, el Código Penal señala claramente cómo podemos ejercer una legítima defensa: “Cuando se actúa en defensa de bienes jurídicos propios o ajenos, repeliendo una agresión imprevista, actual o inminente, sin derecho, y siempre que exista la necesidad razonable del medio empleado para impedirla o rechazarla, y que no medie provocación suficiente e inmediata por parte del agredido o de la persona a quien se defienda;” pero, si un conjunto de ciudadanos, saca de la casa de uno de ellos a un estudiante, y emprenden una feroz golpiza, no existe bajo ningún punto una necesidad razonable del medio empleado, es el abuso de un derecho. Esta violencia absurda, quiere, lamentablemente, ser legalizada por un grupo de legisladores de la misma forma que en Nuevo León: no acreditar razonabilidad del medio empleado ni que sea agresión imprevista, porque hay presunción, si entran a tu casa. Básicamente se permite que dispares si alguien entra a tu propiedad.

Lo cierto es que, en su justa dimensión, si permitimos eso poquito de los bloqueos, también es permisible eso poquito de los ciudadanos que le pegaron a un estudiante. Y, entonces bienvenidos también los políticos que “roban poquito”, o como dicen Los Supercívicos, Nomás tantito, justamente uno de sus nuevos proyectos, un libro que han escrito, tratando de construir una especie de manual ciudadano, porque pareciera que una parte fundamental de nuestros problemas como país, tienen que ver justamente con el abuso que el propio pueblo hace de los derechos.

Me gustan este colectivo que comanda valientemente Arturo Hernández y que incluye al brigadier Esewey, el alférez Chuy-vaca y el ingeniero Ramos, todos en el maravilloso vehículo el masiosare. Y digo valientemente, porque lo mismo enfrentan warros, funcionarios, policías, que a los ciudadanos que hacen mal las cosas, el que se estaciona en doble fila, aparta lugares o circula por carriles prohibidos. Su proyecto nació eminentemente visual, divertidos videos donde caracterizados de distintos personajes, denunciaban las injusticias de una ciudad tan complicada como la de México, su canal de youtube cuenta con casi doscientos cincuenta mil suscriptores y en Facebook los siguen un millón doscientas mil personas.

Hoy en día, Los Supercívicos, se han expandido a todo el país y lideran una excelente APP para denuncias, todo con la finalidad de ejercer ciudadanía, y es que, luego de la alternancia, de cambios de colores, sin resultados, todo parece indicar que las cosas no cambiarán si no lo hacemos desde abajo, desde cada ciudadano. No me jacto de ser el ejemplo del buen ejemplo, simplemente trato de respetar el derecho de los demás y pedir que respeten el mío. Por eso, como ciudadano, bajo ninguna circunstancia, ni puedo ser empático, ni ser tolerante con ese “nomás tantito”.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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