Opinión

Noches Blancas / Alegorías Cotidianas

Los rusos temieron a las expectaciones que levantó el realismo francés; y trataron de que su novela fuera más importante a la francesa. El realismo francés innovó la literatura del siglo XIX, pero opacó el surgimiento de la rusa, ante esto los rusos trataron de evocar su verdad oculta.

Los rusos ambicionaban más que los franceses. Buscaban nuevas técnicas que se solidificaran para plantear los problemas existencialistas de una sociedad conflictiva, que tenía o tiene como enemiga a la verdad.

Uno de los más sobresalientes escritores rusos del siglo XIX es Fiódor Dostoievski, quien se caracteriza por sus frías, crueles y sangrientas obras. Dostoievski era un hombre que sufrió los estragos de una sociedad envenenada por las perturbaciones colectivas de su sociedad. Hijo de un padre alcohólico y misántropo, dejó la escuela militar para dedicarse a las letras, al poco tiempo de publicar su primera novela, fue inculpado de complot, desterrado a Siberia, e indultado cinco minutos antes de su muerte. Aquí comienza nuestra historia.

El principal enemigo de los personajes realistas es la sociedad, pues esta novela habla desde lo más profundo del alma humana, esto quiere decir que dialoga a partir de  esa voz interna que todos tenemos y nadie deja hablar, es simplemente una caminata tranquila pero llena de sobresaltos en los que no sabemos qué pasará, pues en cualquier momento puede suceder cualquier cosa, o nada, simplemente nada.

El punto crítico de la literatura dovstoievskiana es su yo oculto, ya que todos los personajes son como él, un poco enfermos mentales, fracasados, locos o medio locos y ensimismados en ellos mismos, pero estos maniáticos de la mente de su autor, llevan una vida fría y vacía para los que los rodean, pero son más cálidos que la propia Madame Bovary. Esto se debe a que no son las historia comunes y corrientes, sino las historias basadas en el sufrimiento del alma humana.

En las historias dovstoievskianas todos son inquisidores por el simple hecho de ser víctimas de sí mismos, prueba de ellos es que enfrentan problemas discursivos, a los cuales podemos llamar diálogos  monológicos pues nos son tan importantes los diálogos entre personajes, ya que los encabezadores de las obras están más ocupados en el Yo que en el mundo que los rodea  por ello, los discursos de estas novelas generalmente no son  terminados, pues son ideas inconcretas que terminan cuando comienza otra idea en la cabeza del personaje más próximo.

Hablemos ahora de la unidad indisoluble, en la que se pierde Dostoievski, ese truhan que se aprovecha del lector y lo involucra en el tiempo y lugar de la acción de la obra.

introducirse en la lectura de una novela de Dostoievski es peligroso, pues me atrapa y no libera hasta terminar la obra, entrados en la lectura descubrimos que la magia que envuelve los textos encantados es la relación con el tiempo lugar  y sociedad.

Helena Beristáin nos dice que es posible concebir el tiempo como histórico, cuando es objeto de un desarrollo temporal, como en el que se encuentran Nastenka y el protagonista sin nombre. Ellos se encontraron en el tiempo en el dónde se vieron solos, y con el corazón destrozado, el punto que los unió, fue el lugar, ese puente, su dimensión, el amor que los llevó a conocerse, sufrir y continuar la vida juntos, pero en diferentes direcciones.

La historia de Noches blancas comienza cuando los pasos del protagonista y los de la joven indefensa acosada por un borracho se funden en un sólo sonido en la calle, posteriormente encontramos otra unidad indisoluble cuando cruzan las primeras palabras que son las que dan la pauta a las siguientes noches. Pero las más sobresalientes de estas es la unidad temporal social es el desconcierto que los une al no llegar el enamorado de Nastenka, los confunde o más bien los deja tan absortos que se creen dioses poderosos que permiten crear amor nuevo que se quema con las cenizas del anterior. Esa unidad podemos llamarla autocompasión, pues socialmente eran tan miserables que lo único que los unió fue la desgracia espiritual producida por el abandono del ser amado, prometido o simplemente esperado.

Ante esta desgracia, Dostoievski basa su diálogo monológico, pues a través de contar las historias de sus vidas, se conocen y se enreda en una verdad aparente:

  • Silencio… y escuche. Además, voy a ponerle una condición: la de que no habrá de interrumpirme; de lo contrario no sigo.

Pareciera que a nuestro escritor le costara trabajo hacer diálogos.  En Noches blancas los personajes se conocen y desarrollan sus papeles a través de monólogos, permitidos por el otro que se limita a escuchar, sin interrupciones, comandado sólo por aquel que habla y a quien se le deja la tarea de llevar la obra completa.

Al contrario de los franceses, los rusos describen más los sentimientos humanos, dejan a un lado las novelas realistas geográficas que narran,  metafóricamente, el sufrimiento de los pobres.

Los cronotopos son perfectamente dominados para encauzar al lector a un estado de hipnosis que le provocara el desconcierto, si deja la lectura a medias, pues este no se ubicaría en su realidad tan fácilmente como lo hizo en el primer párrafo de su lectura.

Cuando el bueno y el malo son inquisidores nos lleva a una nutrida técnica que probablemente le costó mucho trabajo desarrollar. El tormento narrado por cada uno de sus personajes, no invita a continuar estudiando hermenéuticamente el desarrollo de la novela.

 

Laus Deo

@paulanajber


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Paula Nájera

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