Opinión

Opciones y decisiones / Notas sobre la planeación

No me engaño pensando que todas las fuerzas vivas de Aguascalientes estuviesen acrisoladas de profunda inquietud y rumorosamente aguardando el momento ansiado de la publicación, finalmente, del Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022 para Aguascalientes, por el gobernador Martín Orozco Sandoval. Gracias a la puntual y atinada reseña presentada en este diario, bajo la firma de La Purísima Grilla de ayer viernes 9 de junio, se da cuenta del evento revelador de tan gran secreto celosamente guardado, durante el primer semestre de su Administración.

Lo que me exime de intentar hacer una reseña similar, y además de confesar que no fui oficialmente requerido ni invitado, a pesar de haber estado entre las huestes presentes en la jornada de consulta ciudadana, en aquella fiesta de La Feria de las Ideas, en que se fraguó -supuestamente- el presente plan. Yo participé en el eje de Desarrollo Social, en la mesa de Organizaciones de la Sociedad Civil, representando a la Fundación Intervive, A.C. En la que una veintena de organizaciones signamos la petición urgente y expresa de instalar a la voz de ya, la Junta de Asistencia Privada (JAP) al 16 de febrero del año en curso, sin la cual las heroicas OSC’s no somos nada o muy poco a los ojos avizores de las y los diputados locales del Congreso del Estado. Del que por cierto ya vamos en la Legislatura LXIII y no acusa recibo ni toma nota de nuestra petición ciudadana, siendo que muchas de nuestras organizaciones civiles rebasan las dos décadas de existencia.

En efecto, Aguascalientes carece de tal instancia de segundo nivel de organización social -la CTM y la CROC, por ejemplo, aglutinan el tercer nivel de organización social-, razón por la cual no somos interlocutores de peso completo ante el gobierno del estado; nuestra opinión es prescindible y, por tanto, eventualmente, podemos recibir discrecionalmente la deferencia de ser escuchados, de cuando en vez, siempre que la oportunidad política o mediática lo aconseje. Entre tanto, nuestra palabra no es voz pública que mueva siquiera las sentaderas de las y los diputados en ejercicio -expresión inmemorial del Padre José Guadalupe Díaz Morones, irrepetible y recordado extinto director del Colegio Portugal-, dicho aplicable a cualquier audiencia o interlocutor. Y respecto de “en ejercicio”, hasta el término resulta paradójico.

Lo anterior tiene su jiribilla, su chanfle en términos futboleros o su curva en los beisboleros, porque nos permite hacer un contraste entre diferentes modos de gobernar, que intelectualmente y con gran agudeza describió nuestro preclaro historiador de México don Daniel Cosío Villegas, como “estilo personal de gobernar”. Que, sin otro afán que el de ilustrar, paso a referir.

Corría el mes de noviembre de 1992, los teclados de las computadoras batían a toda máquina en aquel taller de diseño gráfico, sito en calles de la colonia Roma Sur de la Ciudad de México y comandado por un miembro de la famosa y reconocida familia Azuela, por su destacado progenitor y célebre novelista Don Mariano. Corría ya la última decena del mes, y el fragoroso esfuerzo de 8 hombres en 3 turnos diarios contratados como experimentados capturistas del Fondo de Cultura Económica, no se daban abasto para teclear las páginas incluso manuscritas que debían integrar el Plan Estatal de Desarrollo 1992-1998. La instrucción que yo tenía era la de supervisar junto con el afinadísimo corrector de estilo asignado -colaborador inmediato de la secretaría de la Presidencia de la República-, los textos ya digitalmente formados del documento final. La portada quedó a cargo del dueño del taller y su esposa, experimentada diseñadora gráfica. En las pausas, yo me solazaba observando la maestría con que manejaban aquellas MacKintosh -de más de treinta mil pesos c/u- para gráficos que producían escenas de maravilla en la pantalla, mezclaban colores y ponían en cualquier ángulo la perspectiva de una toma real o ficticia; al final se grabó el perfil del Cerro del Muerto en un fondo rojo quemado.

La instrucción de la Secretaría General de Gobierno me llegó inequívoca, tenía que presentarme al día siguiente de una noche, sin dormir, en la oficina del Sr. Gobernador para presentarle el ejemplar primo del Plan Estatal de Gobierno, apenas seis días antes de su toma de posesión: el 1 de diciembre de 1992. Esa mañana hacia las 05:30 AM salía yo con ese ejemplar recién impreso en las manos, que hizo inevitable dejar alguna huella impresa en su lomo, dirigiéndome hacia el aeropuerto de la CDMX, y con el gran favor de ser conducido en el automóvil del mismo dueño y diseñador en jefe del taller. Aprobado que fue el documento impreso por el Lic. Otto Granados Roldán, se entregó febrilmente a las prensas de Talleres Gráficos para su edición; el responsable de su impresión ocupó a renglón seguido el cargo de Talleres Gráficos del Estado.

Lo que en tiempos y espacios intensivos de trabajo ocupó los casi 5 meses posteriores a la elección de gobernador. Y el Plan Estatal de Desarrollo 1992-1998 del Lic. Otto Granados fue bautizado y presentado al gran público el mismo día de su toma de posesión. Los tiempos legales de presentación no importaron.

Con el Sr. Felipe González González, los tiempos justos de presentación de su Plan Estatal de Desarrollo 1998-2004, se cumplieron en tiempo y forma; después de una consulta pública, cuyas sesiones se realizaron en palacio de gobierno y adoptaron la modalidad del tiempo para la participación ciudadana, bajo el esquema de “ponencias” de expertos, conocedores, investigadores, catedráticos y técnicos convocados expresamente para esbozar asuntos y proyectos temáticos y, así, convertirlos en políticas públicas. Confieso que esta terminología de “públicas” siempre me ha chocado, porque de acuerdo a la ortodoxia de mi aprendizaje y maestros en Sociología, las políticas o son públicas o no lo son; pero debido a la deferencia de respetar el orden de la iniciativa privada, de emitir también “políticas”, hoy debemos connotar que las políticas de Gobierno son “públicas”, para distinguirlas de las privadas. O sea, aparte de inexactitud pecamos de deferencia. Y, sí, aquí los tiempos de presentación sí importaron.

Con el Ing. Luis Armando Reynoso Femat, su Plan Estatal de Desarrollo 2004-2010, adoptó el cariz de planear un Aguascalientes de 10. Todo se subordinó a que calificáramos en el ranking de los estados mejor evaluados y posicionados del país. Ojo, fuera o no fuera sustentado por sus parámetros reales en los planes sectoriales de desarrollo. La política sectorial en conjunto era de 10 y eso bastó; así quedaran obras faraónicas inconclusas y más depauperadas las clases trabajadoras. La prensa local se cansó de publicitar menciones, reconocimientos, posicionamientos y calificaciones de 10 para Aguascalientes. Al final, también el Poder Judicial se cansó en sumar litigios que simbólicamente se tasaran en 10 y pusieran los pies en polvorosa a una quinteta de sus más connotados funcionarios. La base del plan de desarrollo se ventiló en una enorme base de datos, en la que fue obligatorio registrar el curriculum personal, si se aspiraba a ocupar una posición en la plantilla de trabajadores, así fuera la más humilde o la de puestos más encumbrados. Se debía cumplir a cabalidad el criterio de la “afinidad”, para gobernar sólo y estrictamente con los afines. Adivinó usted bien, no pude incorporarme en esta instancia del abnegado servicio público. Y sí, se cumplió en tiempo y forma.

Lo del Ing. Carlos Lozano de la Torre. Se cumplió en tiempo y forma, el Plan Estatal de Desarrollo 2010-2016. Más bien azorrillando al moldeable ejército burocrático del estado, bajo la mano implacable del primer Jefe de Gabinete, cuyo imponderable ánimo rigió los destinos de gobierno, hasta poco antes de su anochecer en que fue separado del cargo. El indiscutible impulso a la inversión económica en la planta fabril de nuestra entidad, contrastó con el pálido desempeño sectorial del resto de gobierno, y un Tercer Anillo sin re-encarpetarse.   

Hoy, con la presentación oficial del Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022 para Aguascalientes, quedamos ante la expectativa de que se cumplan los sueños de los niños y estudiantes, las aspiraciones de la población económicamente activa y el futuro que nos aguarda, pues la vara de medida son los próximos 25 años por venir, que desde ya nos observan en nuestro deambular hacia el desarrollo íntegro y compartido. En suma, dignificar la política y alentar las esperanzas de un mejor futuro, en el bienestar de todos, es la traza que bosqueja las políticas que nos habrán de dar resultados medibles y comprobables. Del contenido en sí, habrá que consultarlo, ahí tenemos a disposición el documento. Y, no, según mis datos, los tiempos de presentación del Plan no se cumplieron. Lo que consolida la percepción ciudadana de que no hay prisa. Las cosas se van haciendo a su paso, y como dijo Clavillazo: “la cosa es calmada”, perdón por el chistorete generacional.

Y, sí, al observar los distintos y sucesivos planes estatales de desarrollo se constata que a no dudar existe “un estilo personal de gobernar”, criterio que debemos tomar en cuenta muy aparte de lo que la ortodoxia de las leyes de planeación y desarrollo indiquen. En unos la anticipación enérgica, en otros el vaivén de las cosas, y en otros más el no-tiempo que se mide por los resultados del futuro. ¿Estamos?

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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