Opinión

El orgullo de la disidencia y cuentas pendientes / Piel curtida

Did I say something wrong? Oops, I didn’t know I couldn’t talk about sex.

Did I stay too long? Oops, I didn’t know I couldn’t speak my mind.

Human nature, Madonna

 

El cuerpo y la sexualidad son los puntos de partida del estigma y la discriminación contra las personas que no cumplen con la heteronormatividad, por lo que durante la Marcha del Orgullo Gay son mensaje y símbolo de resistencia, del orgullo de la disidencia: el asumir públicamente que se rechaza la imposición de lo heterosexual como parámetro para determinar lo sano, lo correcto, lo justo y las vidas que importan. Es así que durante el Pride los cuerpos travestidos, transgénero, las plumas, lentejuelas y lo festivo se exponen como discurso para visibilizar aquello que se niega y aborrece por algunos que no aceptan la diversidad en la cama, el corazón y la corporalidad ajenas.

Aunque la sociedad presenta una profunda e insana ansiedad por saber sobre las prácticas sexuales del vecino, lo que incomoda a algunas personas es observar la insurrección, por lo que llegan a cuestionar cómo se exige respeto cuando siendo hombre se usan tacones, cuando se exponen el cuerpo en las calles como si fuesen playa o los nuevos senos de una chica que se aproxima a ser lo que siempre soñó de sí, pero son justo esos elementos los que denuncian estereotipos, violencia, la doble moral a la que le causan morbo los placeres sexuales pero niega hablar de sus problemáticas. Durante los actos del Día del Orgullo Gay no se realizan prácticas sexuales, como algunos creen o intentan hacer creer, al contrario: familias, amigos, padres y madres marchan en un ambiente de mayor consciencia sobre las historias y los símbolos de una serie de asesinatos, muertes y de esperanza que utilizan como recurso narrativo, lírico y poético los elementos físicos, mentales y abstractos del escarnio cotidiano: mi cuerpo, mis gustos, mi identidad, mi ser. Sí, se busca el reconocimiento de derechos históricamente prohibidos, pero no a cambio de una falsa búsqueda de empatía disfrazada de convención, sino mediante la aceptación de la diferencia de condiciones y circunstancias que vulneran a aquellos seres humanos que no responden al mandato ficticio de lo heterosexual.

La Marcha del Orgullo Gay no desfila para ser como el resto de los heterosexuales, cuyo cuerpo biológico corresponde a su identidad, cuyo vestuario asume los convencionalismos de lo masculino y lo femenino, cuyas prácticas sexuales y amor no es sometido al escrutinio para evaluar su ética, profesionalismo y calidad humana. El Pride es irrupción, es gritar que son los sobrevivientes al odio, es hablar por aquellos que han aceptado una vida en el closet por miedo o por conveniencia al reconocer el difícil escenario de desigualdad; pues aunque no se castiga la existencia de lo diferente, sí el que ésta se haga evidente, que se manifieste con orgullo… aunque sea por algunos momentos de aparente seguridad, al menos bajo la protección de la colectividad.

Sin embargo, es menester no dejar de exponer las necesidades sociales, de salud, políticas y civiles de la disidencia sexual; como el acceso sin condicionamientos de identidad a la educación, a procesos hormonales salubres y seguros,  así como a una verdadera representatividad en los diferentes poderes y niveles del Estado. Además, para el contexto de Aguascalientes es trascendental reconocer dos sucesos que deberían hacer eco entre la población para consolidar una sociedad democrática y justa: la muerte de Rojo y la marcha por las familias diversas durante la movilización del Frente Nacional por la Familia.

El fallecimiento de Rojo, un joven que fue arrollado mientras el contingente de la Marcha del Orgullo Gay se aglomeraba, dejó para Aguascalientes dos mensajes, uno para la función pública y otro para los activismos locales. A pesar de que en su momento el Ayuntamiento de Aguascalientes argumento que se brindó la seguridad, los elementos y el equipamiento que fue solicitado por parte de los organizadores, fue evidente el tratamiento diferenciado hacia el contingente, pues mientras se aglomeraba no se implementaron medidas de inseguridad precautorias como el acordonamiento o bloqueo de algunos accesos, lo cual permitió que una persona siguiera a toda velocidad y diera muerte al joven. Aunque se puede hablar de un accidente vial, no es posible negar las omisiones en el entorno, la querella contra las movilizaciones sociales. Después de los últimos sucesos en torno a Cañada Honda que fermentaron la polarización de la sociedad en la entidad es realmente preocupante que algún grupo, plenamente convencido de estar ofendido por los manifestantes a favor de los derechos iguales para todas y todos, ejerza actos de violencia argumentando que se vulneran sus derechos de tránsito o a la buena moral. Será necesario evitar que la barbarie vuelva a arroparnos en un escenario de efervescencia a causa del embate político, mediático y social entre las opiniones encontradas. El otro mensaje que dejó Rojo fue para los activistas locales, quienes agrupados en dos sectores realizan diferentes actos con motivo del Día del Orgullo Gay en fechas distintas, minimizando las posibilidades de reunir a una mayor cantidad de gente que puedan fortalecer las consignas y su mutua protección; pues algunos ajustan su actuar a la agenda de la Ciudad de México, en vez de priorizar su presencia en lo local para sumar esfuerzos en un lugar con años de rezago social y cultural frente a la capital mexicana.

El otro suceso que debería ser reconocido como un parteaguas para la vida democrática en el estado e impulsar la participación de la ciudadanía en estas movilizaciones fue el día que, en respuesta a la manifestación del Frente Nacional por la Familia, se unieron el sector académico, artístico y una parte de la ciudadanía a la disidencia sexual para exigir “derechos iguales a lesbianas y homosexuales”, “todos los derechos para todas las familias”, “no más odio, más amor”; un momento verdaderamente histórico en el cual se reconoció la necesidad de combatir la desinformación, la vulnerabilidad por ignorancia y los dogmas sustentados en visiones inquisitivas para avanzar hacia un verdadero Estado de Derecho, con apego a las garantías individuales y al pleno desarrollo de los individuos en un entorno libre, sano y seguro. Por lo que dicha eventualidad, también circunscrita en el mes de junio, debería impulsar año con año la unificación de la ciudadanía con una mayor consciencia de sus problemáticas y retos, para hacer eco en aquellas personas que por diferentes factores quedan a merced del mito, el terrorismo y la fobia a lo diferente.

Un querido amigo me preguntaba el porqué escribía sobre temas que él consideraba de sentido común, ya muy discutidas, y me decía que las personas homosexuales están más allá de una categoría académica de análisis sobre la sexualidad; a lo cual le respondí que debería agradecer el estar en una posición que le permitía tener una visión más amplia sobre lo que nos acaece; y aunque ser gay, lesbiana, travesti, transexual transgénero, intersexual, pansexual o queer no determina en última instancia nuestra calidad humana o proyectos, mientras exista violencia, desigualdad y se niegue el desarrollo equitativo seguirá siendo necesario gritar con orgullo que somos parte de esa disidencia.

 

@m_acevez | [email protected]


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Juan Luis Montoya Acevez

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