Opinión

Taktika / De Londres a Doha

 

Colegio de Estudios Estratégicos y Geopolíticos de Aguascalientes, A.C.

Londres, Inglaterra. 3 de junio de 2017. El conductor de la camioneta tipo van color blanco atraviesa, como relámpago, el puente. El furgón siega, simulando a una gigantesca guadaña, a los sorprendidos transeúntes. Súbitamente, los ocupantes descienden del vehículo y acuchillan sin piedad a los peatones, mientras aúllan: “¡Allahu akbar!”. Minutos después, la policía londinense abate a los terroristas como si fueran lobos hidrofóbicos.

El energúmeno neoyorquino, Donald Trump, aprovechando la ocasión, acarrea agua para su molino cuando tuitea: “7 muertos y 48 heridos en ataque terrorista y el alcalde de Londres dice que ‘¡no hay razón para estar alarmado!’”.

La escena arriba descrita se relaciona con el presente artículo, el cual tiene por objetivo tratar de explicar una serie de acontecimientos ocurridos en Taormina, Berlín, Beijing, San Petersburgo, Londres y Doha influyen en la realidad mundial.

El 26 de mayo, en la ciudad de Taormina, Sicilia, se reunieron los mandatarios del llamado G-7. La agenda estaba ocupada por: el cambio climático, la lucha en Irak y Siria, y Ucrania.

El cambio climático generó las discrepancias entre seis miembros del G-7 y la Unión Americana. Durante las conversaciones, la canciller Angela Merkel, quien había soportado con germánico estoicismo los desplantes imperiales de Trump, sintió que sufría una apoplejía cuando, tras agotar todos los argumentos habidos y por haber, Trump permanecía inamovible en su decisión de retirarse del Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

Merkel dijo: “Si la principal potencia económica del planeta se retira, el campo será ocupado por los chinos. Xi Jinping es inteligente y tomará ventaja del vacío creado”. Trump afirmó que la decisión estaba tomada. Finalmente, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se levantó de la mesa y, dirigiéndose a todos, afirmó: “Ahora China lidera”1.

Macron y Merkel asumieron el rol de Casandra quien, de acuerdo a la mitología griega, tenía el don de la profecía: el 1 de junio el primer ministro chino, Li Keqiang, afirmó que su país respetaría los acuerdos sobre el cambio climático y urgió a los europeos a sumar esfuerzos. Todo ello pareció un bálsamo para los oídos de Merkel, tan acostumbrada a lidiar con la testarudez de Trump.

De igual manera, el gobernador demócrata de California, Jerry Brown, visitó la capital china, Beijing, para entrevistarse con el presidente Xi Jiping. Tal y como lo vaticinaron Macron y Merkel, California signó acuerdos sobre las emisiones de carbono.

De Beijing nos trasladamos a la mítica ciudad a las orillas del Támesis: Londres, la cual sufrió su segundo ataque terrorista en un lapso de dos meses. Su Majestad Británica, apenas repuesta de la hecatombe en Manchester, se hace de la vista gorda pues los británicos saben quién es el epicentro del terrorismo islámico: Arabia Saudita.

Es un secreto a voces que el dinero saudita financia a los extremistas islámicos: Sigmar Gabriel, ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, afirmó que “tenemos que dejar claro a los saudíes que el tiempo de voltear hacia otro lado ha terminado”2. Finalmente, el diario israelí, Jerusalem Post, concluyó: “El wahabismo de Arabia Saudita es directamente responsable por la creación del Talibán y Al-Qaeda y la propagación del islam en Occidente”3.

De Londres nos trasladamos a la gélida Rusia, donde se celebró el Foro Económico de San Petersburgo. Ahí Vladimir Putin, el hombre que evitó que Rusia se convirtiera en “una reserva natural etnográfica” (Vladislav Surkov dixit), se reunió con los líderes de Austria, India, Moldavia y el ministro de Exteriores germano. Asimismo, Putin ha sido buscado por el presidente de las Filipinas para obtener su apoyo en la lucha contra el extremismo islámico, el emir de Qatar ha solicitado la ayuda de Rusia para solucionar el diferendo diplomático con Arabia Saudita y viajó a París para entrevistarse con su contraparte francesa.

Fue precisamente el mandatario galo, Emmanuel Macron, quien dijera sobre el país de las estepas: “Ningún problema de envergadura en el mundo puede ser solucionado sin Rusia”.

Imitando a Aladino, viajamos en una hipotética alfombra mágica hasta los desiertos de Arabia para presenciar la pugna diplomática entre Arabia Saudita y Qatar. Los sauditas han decidido castigar a Doha por; establecer, apoyado en sus reservas de gas natural, una política energética independiente e implementar una política exterior libre de los dictados de Washington, la cual le ha llevado a tender lazos con: Rusia, Turquía e Irán, el archirrival de los sauditas.

Trump ha acordado un pacto faustiano con el Mefistófeles saudita: luz verde para aporrear a Qatar por sus ligas con Irán. A cambio, los sauditas comprarán armamento con valor de 350 mil millones de dólares. De esta manera, la mano de Trump ha sido lubricada generosamente por los petrodólares sauditas.

Qatar, por lo tanto, es objeto de un bloqueo diplomático y económico dirigido por Arabia Saudita, con la ayuda de Egipto, Libia y Yemen. El golpeteo contra Qatar alcanza al mundo del fútbol: se habla de que la FIFA retirará la sede del Mundial de Fútbol 2022 a Qatar.

El mundo vive horas decisivas: la dupla sino-rusa reafirmará su liderazgo en Astaná, Kazajistán; Arabia Saudita y Qatar están al borde de la confrontación; y Donald Trump continúa aislando a la Unión Americana.

Aide-Mémoire.- El peso mexicano se apreció por dos factores: la crisis diplomática entre Arabia Saudita y Qatar; y la apretada victoria del oficialismo en el Estado de México.

 

  1. Donald Trump’s Triumph of Stupidity https://goo.gl/K1aEXk
  2. – Saudi Arabia ‘funding Islamic extremism in the West’, German vice-chancellor Sigmar Gabriel claims https://goo.gl/qDw96L
  3. -Analysis: what is the new sheriff in the middle east up to? https://goo.gl/gkw3lo

 

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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