Opinión

A quién debemos reprobar / Alegorías Cotidianas

En México buscamos la excelencia educativa y cada vez es más difícil encontrarla, fomentarla y aplicarla.

Hace 100 años la educación primaria era de otro nivel, los contenidos vastos permitían que la gente fuera culta e inclusive, estuviera tan preparada como si hubiera cursado hasta lo que hoy conocemos como bachillerato. Los conocimientos en física, química, cálculo, español eran superior a lo que actualmente existe en la currícula de grado. Los resultados del aprendizaje correspondían a lo esperado, por tanto, en el siglo XX tuvimos un gran número de intelectuales y científicos sobresalientes.

En el siglo pasado se desarrolló la tecnología, los estudiantes no tenían la desventaja de ella, en contra de sus habilidades cognitivas, como ocurre actualmente. Los jovencitos no se “aburrían” tenía el volumen infinito de su creatividad para divertirse, entrenarse y desarrollar sus competencias. No se les decía “qué hacer” para sentirse productivos pues siempre estaban creando, jugando dentro y fuera de casa con sus amigos, vecinos o familiares.

No había manera de plagiar tareas de Internet y por tanto producían más, eran prácticas de laboratorio vivenciales, tareas auténticas. El enfoque educativo estaba centrado en el alumno y no únicamente en llenar contenidos y formatos. Los padres de familia tenían una actitud diferente, no reclamaban la reprobación de las materias, sino que, apoyaban la figura del profesor como autoridad.

Se promovía más la responsabilidad, la autonomía y el respeto, los estudiantes no eran tan igualados como para hablar de tú a los mayores, mucho menos al profesor, evitaban decir groserías frente a los papás o la figura de autoridad en turno.

En cuestiones docentes no cualquiera podía estar frente a grupo y mucho menos ser llamado profesor, por ello es que la investigación, aún en educación básica de manera metodológica y experimental, los estudios de caso se aplicaban mientras los maestros constataban el resultado y el proceso descrito en los reportes, no como sucede en la actualidad cuando los estudiantes entregan ensayos, prácticas de laboratorio, sinopsis, etc…, pirateados de internet y aunque el plagio sea muy visible, el estudiante recibe, a pesar de ello, un diez en la práctica.

Con el tiempo las cosas cambiaron, la educación se tuvo que masificar y surgieron las escuelas privadas. En sus inicios competían con las públicas por lo que sus programas, enfoque y metodología llegaron a ser superiores con el fin de conseguir la preferencia de los padres de familia quienes elegían inscribir a sus hijos para que, al egresar, pudiera tener mayores oportunidades laborales y salariales.

Ya en universidad destacaban quienes habían cursado la educación media y básica en instituciones particulares, el contenido era consistente, contaba con una metodología, orden y limpieza que lograba diferenciar a los jóvenes de los provenientes de escuelas públicas.

Desafortunadamente, la educación se convirtió en un negocio y se abarató el conocimiento. Un gran número de instituciones educativas privadas sólo venden certificados de primaria, secundaria y bachillerato con sólo tres requisitos: asistir (regularmente) entregar cualquier cosa como tarea o proyecto y pagar.

Muchos universitarios egresan y sin vocación deciden ser “maestros” sin preparación o grado en lo que “encuentran algo” consideran que dar clases es algo sencillo y que se lo único necesario es pararse frente a los estudiantes y hablar, sin tomar en cuenta lo que conlleva un secuencia didáctica, en fin así llegan a trabajar en los bachilleratos y secundarias donde no les exigen planeaciones o secuencias didáctica, no observan sus clases, no tratan los temas, la evaluación es incipiente y lo peor de todo no revisan a conciencia las tareas, los trabajos y, sin corregir, asignan una calificación.

La docencia tiene una gran responsabilidad personal y social derivada absolutamente de la ética. Los profesores no hacen su chamba y los estudiantes egresan sin un aprendizaje significativo que le permita desarrollar habilidades cognitivas.

Los estudiantes de secundaria, sin importar si están en una escuela privada cara o económica, tienen una ortografía terrible, no toda la culpa la tienen los actuales profesores de la asignatura de español sino el desconocimiento de los conocimientos del español como lengua materna de los seis profesores que tuvieron en primaria y la nula búsqueda de la excelencia académica de los padres para que sus hijos adquieran la competencia. Los padres actuales reclaman que sus hijos aprueben, que se les trate diferente sin verificar las tareas en casa que éstas tengan una redacción correcta y la pertinencia al grado escolar.

Lo mismo sucede con los trabajos pirateados, plagiados de internet, lo profesores de asignatura aceptan y se hacen de la vista gorda con tal de no tener problemas o “trabajar menos”, pues revisar puntualmente 20 prácticas de laboratorio de dos cuartillas conlleva un número de horas adicionales al turno, así que es más sencillo hacer como que leen y calificar a ciegas. El no responsabilizarse de la práctica docente de manera consciente provoca que los estudiantes arrastren vicios durante toda su educación y se prolonga hasta el empleo, al egresar de la universidad.

Ya en universidad nos encontramos con alumnos sin capacidad de manejar la frustración que les produce el ver que el 10 de secundaria o bachillerato es un 6 o un 7 por el bajo contenido en fondo y forma, al no saber redactar y carecer de comprensión lectora.

Cuando un gran número de estudiantes plagian tareas, no saben investigar, tienen más de 5 faltas de ortografía en media cuartilla a quién debemos reprobar ¿al profesor o al alumno?

Como docentes no nos queda otro remedio que hacer cursos remediadas de las carencias de la educación básica, media al tiempo que impartimos la asignatura correspondiente aunque eso nos produzca muchas más horas de trabajo, como padres es importante en verificar las tareas de los hijos en casa, el no permitirles plagiar tareas y el hablar con quienes están frente a grupo para que haga los que le corresponde no porque sea nuestro hijo a quien tiene a su cuidado sino porque es un deber ético y laboral.

He escuchado a algunos padres el comentar que sacaron a sus hijos de las instituciones privadas para inscribirlos en las públicas con el firme propósito de trabajar con ellos a la par que los profesores e invertir ese dinero en clases extras de idioma, deporte o cultura.

Ya casi no hay diferencias entre los egresados de escuelas privadas y públicas, los vicios y errores son los mismos, es mejor ahorrarse ese dinero e invertirlo en dar continuidad a otras áreas de crecimiento de los chicos, pero claro eso conlleva más trabajo con los hijos en casa y quizás muchos padres no estén dispuestos a ello.

La escuela es como el dicho: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Laus Deo

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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