Opinión

Anthony: ¿Horrores de la familia natural? | Cinefilia con derecho

Si los defensores de lo que estúpidamente se ha llamado familia natural (sistema papá-mamá-hijos) parten del supuesto de que es mejor que los menores se críen en un entorno donde prevalezcan progenitores heterosexuales, hay malas y deprimentes noticias: Anthony, nació en el seno del núcleo biparental, sin embargo, fue abandonado a su suerte, a la tortura, a ser amarrado, a tener cinta canela en su boca, cuando un pequeño de escasos años de edad, lo único que debería recibir, son cariños y abrazos, educación, su principal preocupación del día es qué jugar, conocer un mundo que esté lleno de bondad y cosas hermosas y no el horror.

Si los defensores de la familia natural, quieren sostener que es mejor que un niño tenga modelo en la heterosexualidad, es necesario recordarles una nota igual de trágica: hace 5 años, un pequeño de también cinco años aproximadamente, fue privado de sus ojos por su propia mamá. Esta semana Excélsior (2 de julio del 2017) daba cuenta en un artículo de que en la actualidad, se ha perdido la pista del menor.

A ellos, los que creen en un pensamiento unívoco, pregunto ¿De verdad pueden espetar el maniqueo “con mis hijos no te metas”? Bajo esa premisa, los padres y tíos de Anthony decidieron, legítimamente, encerrarlo en un sótano, apagarle cigarros en la espalda ¿No saben que estamos en un país que trata de ser social-democrático y en el cual hay límites que se deben de respetar? Entre ellos, el que refiere a la integridad del niño, pero también a su educación, aunque no les guste, es obligación, de ellos y del estado, enseñar valores acordes al modelo de sociedad que exige la Constitución.

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Esta función de inculcar los “valores democráticos” y no “sus valores” es una cuestión de ley y no de conciencia, lo sostuvo la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su tesis CCLXXXVIII/2016 (10a.) como un contenido mínimo de la educación: “La provisión de principios de racionalidad y del conocimiento científico disponible socialmente; la exposición a una pluralidad de planes de vida e ideales de excelencia humana (incluido el conocimiento, desde un punto de vista crítico, de distintos modelos de vida y de virtud personal, ideas religiosas, no religiosas y antirreligiosas, etcétera); la discusión crítica de la moral social vigente; el fomento de los valores inherentes a una sociedad democrática como los derechos humanos, la tolerancia, la responsabilidad y la solidaridad; y la construcción de las capacidades requeridas para ser miembro activo de una sociedad democrática, como la de discusión racional sobre las cuestiones públicas” Las anteriores características no son optativas, son obligatorias, no se puede alegar una objeción de conciencia, ya que son un requisito sine qua non para vivir en nuestro país.

Mientras veo a mi hijo jugar y ser feliz, gozar de todas las bondades de este país, leo las pésimas noticias sobre Anthony (pienso en tantos casos que no salen a la luz pública) y me pregunto por qué, como En el niño con el pijama de rayas (2008) dos pequeñitos que son física y biológicamente iguales, pueden ser socialmente diferentes, cuando no tienen sino un solo destino: jugar. La cinta, narra la historia del hijo de un militar alemán que es asignado a Auschwitz, ante la falta de otros menores, a escondidas, se hace amigo de un niño judío que está recluido en el campo de concentración, sólo los separa una malla, y a pesar de eso, se hacen amigos. Alerta de spoiler: debo aclarar que odio esta película, me parece que muestra una especie de “justicia divina” bastante cruel, se castiga a una persona (un padre nazi) en la persona del hijo; cuando el pequeño alemán decide incursionar con su amiguito al otro lado de la cerca, por una serie de malas circunstancias, termina, junto con el judío, en las cámaras de gas del Reich.

Como lo he sostenido antes, conozco personas que, independientemente de su tipo de familia o preferencias sexuales, son excelentes padres, pero también los hay pésimos. Defensores de la familia natural o normal: la maldad, no deviene de un modelo de preferencias sexuales o integración del núcleo comunitario más básico de nuestra sociedad, tiene su fuente en otros factores. Y lo mismo, para los demás tipos de familia, no depende de preferencias sexuales o de organización.

Coda: Ya en la cárcel, deseo con fervor que a los responsables del sufrimiento inenarrable de un niño, se le dé un castigo justo y acorde con sus hechos.

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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