Opinión

Bajo la lupa / Debate electoral

Desde hace algunos años, muchos de quienes gustamos no solamente de practicar el futbol, sino de gozar (y sufrir) con las transmisiones televisivas, tenemos un ritual que comienza en ocasiones desde el lunes, cuando sabemos contra quién se va a enfrentar nuestro equipo y continúa toda la semana mientras se analiza seriamente la tabla de posiciones, se escuchan las declaraciones de jugadores, directiva y cuerpo técnico. Se analiza lo que puede suceder el día del juego de acuerdo con los elementos que se van conociendo a lo largo de la semana: alineaciones, arbitraje, lesionados, castigados, rachas positivas y negativas, horario, clima y demás.

Desde el viernes en la tarde, hasta el domingo a la media noche, en semanas de temporada regular, ligas, liguillas, mundiales y copas, el partido comienza mucho antes del silbatazo inicial y termina mucho después de que el árbitro finaliza el encuentro en el campo, porque todavía es menester hacer un recuento de los daños, hay que escuchar nuevas declaraciones de figuras y entrenadores y por si fuera poco, en la noche del domingo escuchar a los analistas de televisión abordar todos los partidos de la jornada en donde emiten sus comentarios, todos con valor, pero algunos con más razón.

Una de las secciones menos favoritas, pero más vistas del análisis del futbol de los domingos por la noche, era la que se refería al desempeño del árbitro durante el juego, analizada por un experto en el arbitraje y que tenía el mismo nombre de la columna de hoy. El nombre no era gratuito, así como el oficial señalaba las infracciones cometidas por los jugadores durante el partido, el experto analizaba el desempeño, con la tecnología disponible en el momento, de quien impartía justicia en la cancha. El gran ojo que todo vigila, a su vez estaba bajo la lupa de millones de ojos sintetizados en el del analista televisivo.

Podría pensarse que, entre todos los factores que inciden en un deporte, el jueceo debiera ser el menos relevante, ante la contienda. ¿Cómo pretender ver la parsimonia del de negro, cuando podríamos maravillarnos de observar a verdaderos artistas del balón, haciendo fantasías con los pies, defendiendo a muerte su bando contra el rival? ¿Quién en su sano juicio echaría porras al árbitro en el estadio?

Al contrario, culpable en muchas ocasiones, defenestrado, sometido a presiones, blanco de groserías, humillaciones, empujones, tachado de ciego, de falto de valor al no cobrar una falta, de localista, de obedecer línea, de no ser imparcial y lo peor entre lo peor, de venderse al mejor postor, es por lo que, en el gremio, son conocidos como nazarenos, yendo por la vida cargando la ira reprimida y humillados camino al calvario.

Es por lo anterior, no tanto lo de nazareno, por lo que los institutos electorales han sido comparados con el árbitro en la contienda electoral. En este largo partido de futbol casi un año de duración, nueve equipos saltan a la cancha con la idea de ganar, conociendo de antemano las dimensiones de la cancha y las reglas, cada uno con su uniforme, y haciendo gala de sus mejores jugadores a la defensiva y a la ofensiva, pretender obtener el triunfo.

La comparación es sencilla para efectos didácticos, pero no es la más real. Me explico:

Más allá de pitar durante el partido, los institutos electorales organizan el terreno de juego, ven que el pasto sea verde y lo delimitan con líneas blancas. Registran ciudadanos y les emite credenciales para votar, calculan y reparten el dinero que servirá para que cada contendiente pueda usarlo durante la campaña, además registra a los candidatos-jugadores, les indica cuáles días son los de campañas, integra y ubica casillas, las dota de elementos para que la gente pueda votar, capacita a quien recibe y cuenta los votos y establece mecanismos para recopilar resultados, de tal manera que ahora es una costumbre irse a dormir el día de la jornada electoral con ejercicios estadísticos que anticipan con precisión el resultado oficial.

Insisto, no es la mejor comparación la de los organismos electorales y el árbitro del juego, básicamente porque este último tiene la última palabra durante el partido y su función principal es la de impartir justicia entre los contendientes, mientras que los primeros en cita, no pueden hacer eso. Por sistema, la última palabra la tienen los tribunales. Por más que la legislación les haya proporcionado las atribuciones de dirimir una serie de conflictos entre los partidos, la naturaleza administrativa de los institutos electorales no debe dejarse de lado.

Por diversas modificaciones a la legislación electoral, INE a nivel nacional o el IEE en nuestro Estado, han debido modificar su estructura para dotarla de más elementos técnicos que operen las facultades que ahora se les ha otorgado en cuestiones jurisdiccionales, que han provocado desgaste en la relación con los partidos políticos. Más aún, han provocado que los Consejos de dichos institutos hayan transitado de un muy eficiente organizador de elecciones a un verdadero nazareno defenestrado, acusado de parcial, de no realizar adecuadamente sus labores, e incluso, de haber recibido prebendas para estar a favor o en contra de alguno de los jugadores.

En tiempos como los que vivimos y ante la cercanía de las elecciones 2018, se requiere de un análisis más certero y despojado de subjetividades. Las acciones que los organismos electorales hacen, de acuerdo a su naturaleza administrativa, no reciben cuestionamiento, las realizan conforme a derecho y ha sido así desde hace más de veinte años, donde ha quedado constancia de su perfeccionamiento al paso del tiempo. Los conflictos han surgido precisamente cuando, al ser nueve contendientes, solamente uno va a ganar y los demás no se verán favorecidos con el resultado de la población, por lo que se tiende a culpar al árbitro y su supuesta imparcialidad.

Ante las voces que han surgido, válidas en una democracia como en la que queremos vivir, de remover a los miembros de los Consejos de los institutos, debemos partir de ese análisis objetivo propuesto: cuáles de las funciones asignadas a la labor administrativa no han sido cumplidas a cabalidad y cuáles funciones que posteriormente han sido atribuidas (algunas con calzador) han sido las que causan escozor entre los partidos que no obtienen el triunfo.

Se requiere que, quienes verdaderamente estén atraídos por la actividad electoral, no solamente se entusiasmen el día del juego. Hay que ver estadísticas, empaparse del tema, escuchar análisis, allegarse de elementos para disfrutar la contienda y una vez concluida, desmenuzar lo ocurrido para formarse un criterio completo y no únicamente ver, bajo la lupa, el desempeño del árbitro sin tomar en cuenta otros elementos.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

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