Opinión

Un balbuceo sobre el feminicidio como delito autónomo / Disenso

 

La comprometida labor de muchas activistas de nuestro estado dio como resultado que esta semana se tipificara el feminicidio como delito autónomo. Seré breve en esta columna porque no soy experto en el tema. Me interesa, primordialmente, reconocer la tarea que estas mujeres han hecho en nuestra entidad. Como se ha señalado, más que un triunfo de los legisladores, que a mi parecer no analizaron del todo el entorno jurídico y blindaron de la mejor manera la iniciativa, es por lo pronto un gran logro para estas mujeres que día a día dedican sus vidas, con energía e investigación seria, para la comunidad hidrocálida. Hay suficientes opiniones de expertos en la materia que debaten sobre la pertinencia de la tipificación como delito autónomo, hay quien incluso la llama aberración jurídica.

Quisiera poner, brevemente, un punto a consideración: es verdad que en este país el endurecimiento de los castigos no es suficiente para desalentar al infractor, toda vez que en un país que más bien da la sensación a sus habitantes de ser inoperante en el cumplimiento de la justicia. Difícilmente alguien dejará de secuestrar, por ejemplo, bajo el motivo de que ahora son más años de pena; como si dependiera de un cálculo económico sobre el riesgo de ser atrapado. Más bien sucede que los infractores gozan, por dolo, por corrupción o por incapacidad de nuestro sistema, de casi total impunidad. Conocemos a lo menos, la historia del delincuente del barrio que incluso cuando entra una y otra vez a un separo administrativo, queda libre para seguir con su modus vivendi. Hace un par de meses fui víctima, en la misma semana, de robo a mi domicilio y de un imprudencial choque de un fulano que, alcoholizado, se quedó dormido al volante -a unos 70 km/hr- y dejó mi carro destrozado. Ninguna de las dos infracciones ha tenido consecuencias. Por un lado, los peritos que vinieron a mi casa con pinta de personajes de CSI y tomaron huellas, fueron los primeros en decirme que no tuviera altas expectativas; por otro, el sujeto que me golpeó, aún con prueba de alcoholemia positiva, ni siquiera ha sido obligado a identificarse. Lo que quiero decir es que apuntar a la discusión sobre el feminicidio en términos de si deriva en una pena más grave o no, es hasta cierto punto estéril, y ahí la solución de equipararlo a un homicidio agravado tiene alcances técnicos, pero no prácticos.

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La parte interesante es lo que apuntan estudiosas y estudiosos del tema y que es avalado por la ONU: una reestructuración con fines metodológicos. Si lo que está de por medio como falla grave de nuestro sistema es su inoperatividad, quienes señalan que el feminicidio tipificado autónomamente tiene como resultado un procedimiento metodológico distinto apuntan a lo más importante: que un criminal parta de que vivimos en un estado donde LO ATRAPARÁN, es una situación mucho más contundente que la de la balanza entre castigos. Parte de que los feminicidios queden impunes probablemente no tenga que ver con razones de género, sino con razones de nuestro fallido sistema. Razones metodológicas. Asesinatos de hombres y mujeres, por razones de género o no, quedan igualmente impunes seguramente. Pero aquí algo importante: la aportación de protocolos, como los establecidos por la ONU, intentan justamente establecer un camino metodológico para los asesinatos específicos que incluyen razones de género: que la tesis de investigación cuando hay estos rasgos de violencia machista conduzca a una forma distinta de abordar el proceso mismo. Quiénes son investigados como posibles culpables, por ejemplo. Este giro metodológico podría abonar a nuestro sistema penal y dar la tranquilidad y el sentido de justicia a las mujeres que viven día con día temerosas y amenazadas por el sistema.

No ignoro las posibles críticas a mi opinión, desde que estoy lo más lejos posible de ser experto en el tema, pero creo que cuando discutimos en términos técnicos olvidamos sopesar que esta lucha no es arbitraria ni un ejercicio de privilegio. Si las mujeres se sintieran seguras en este país, si supieran que los crímenes contra ellas son castigados oportuna y justamente, poco les importaría el nombre técnico. No las mueve el deseo de tener leyes exclusivas, sino el miedo exclusivo de su género. Tal vez a nosotros debería empezar a movernos la empatía.

 

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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