Opinión

El Estado contra la diversidad I: rezago económico y social / Piel curtida

Los discursos de odio contra las normalistas de Cañada Honda, la violencia contra los normalistas de Michoacán, el autobús naranja de CitizenGo anclado frente al Palacio de Gobierno, la reunión de diputados con el ConFamilia y el FNF, el rechazo a llegar discutir en el Congreso la homologación del matrimonio igualitario y el proceso para la concordancia sexo-género, así como las manifestaciones contra el feminismo, la diversidad, los derechos sexuales y reproductivos que se han presentado durante las últimas semanas evidencian un fenómeno del cual Aguascalientes no puede escapar: el desarrollo social y democrático de las sociedades a nuestro alrededor, ante el cual sólo se incrementa el rezago de la entidad acalitense. Lo más preocupante son diversas expresiones y actos de diferentes funcionarios públicos que deben ser sometidos a juicio analítico pues, al representar instituciones, poderes y niveles del Estado, se suman y respaldan por su investidura el embate contra la diferencia (différence), no sólo quebrantando Derechos Humanos, sino también prolongando una economía poco competitiva, un entorno sin plusvalía, servicios públicos incompetentes, una insalubridad mental, social y pública que promueve el asesinato de mujeres (feminicidio) y el suicidio.

La política “formal” debe estar al servicio de la población para honrar el pacto social por el cual las personas entregan algunas de sus libertades para vivir bajo un Estado que les protege e impulsa para su desarrollo, pero lamentablemente se ha convertido en un trabajo por subcontratación entre amigos y familiares que buscan preservar sus altos ingresos, por lo cual se busca la simpatía de los grupos con poder económico y más activos en la democracia procedimental (el voto). Dinero y acción política, dos elementos que paradójicamente podrían ser oportunidades para exigir el respeto a las garantías individuales, a los Derechos Humanos, y la construcción de escenarios óptimos de desarrollo.

Legislar y gobernar por la diversidad y la inclusión es subsanar las desigualdades que afectan a gran parte de la población mediante acciones equitativas, es decir, reconociendo los privilegios de algunos frente a las carencias de los otros, los enmudecidos, negados y en ocasiones vulnerados por la jurisprudencia irreflexiva, aquella que no reconoce su historia, sus omisiones, fallas y, peor aún, su futuro. Sucesos como la época feudal, la inquisición, la Segunda Guerra Mundial, los genocidios Armenio, en Ruanda, Siria, e incluso los feminicidios en Ciudad Juárez, evidenciaron los vicios del poder absoluto: el poder que se detenta con una única perspectiva frente a la complejidad, multiplicidad y dinamismo de la sociedad; por lo que se ha impulsado el desarrollo de los Derechos Humanos que buscan defender el principio de dignidad e igualdad -de oportunidades-. Sin embargo, en Aguascalientes se muestra el apego a visiones dogmáticas y personales unívocas que evitan la prosperidad del estado.

La perspectiva de género, el reconocimiento a los Derechos Humanos, la educación científica y el rescate de la memoria colectiva de los grupos permiten una mayor consciencia sobre la historia, problemáticas y necesidades de una sociedad; las circunstancias, autonomía, libertad y responsabilidades de cada persona consigo misma y los demás; lo cual impulsa la conformación de una ciudadanía que, en caso de llegar a ostentar el poder, estará más preparada para el buen gobierno. El reconocer los derechos sexuales y reproductivos de las personas, al igual que las desigualdades a causa de la división sexual, amplía las posibilidades de desarrollo en un ambiente seguro y de respeto.

En las naciones donde se ha legislado a favor de la diversidad, la educación científica, la perspectiva de género, el matrimonio igualitario y el reconocimiento a distintas orientaciones e identidades sexuales, se ha logrado llegar a los más altos nivel en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Australia, Dinamarca, Canadá y Reino Unido superan el valor de 0.9 del IDH y, aunque no son Estados -totalmente- laicos, su jurisprudencia, procesos legislativos y gobierno han reconocido la importancia de actuar en favor de la diversidad; mientras que México o Venezuela, donde imperan los prejuicios y dogmas religiosos, apenas llegan al 0.7 del IDH.

A diferencia de los escenarios de prosperidad, en Aguascalientes se promueven: el discurso del amor romántico que se sacrifica, e incluso acepta la violencia, con tal de mantener unida a la familia sustentada únicamente en el coito reproductivo; los estereotipos e imaginarios sobre las mujeres como personas que provocan los delitos de los cuales son víctimas por imprudencia, vanidad o naturaleza pecaminosa, por lo que deben mantenerse en el hogar o, por lo menos, compaginar sus proyectos personales con la maternidad y la crianza; el silencio sobre la sexualidad que impide a niñas, niños, hombres y mujeres reconocer o hablar de violencia sexual por la pena de hablar de sus cuerpos; la homofobia disfrazada de tolerancia y aceptación, a manera de quien siente compasión del enfermo. En suma, se genera un escenario de miedo y odio.

A quienes abrazan la disidencia, el ejercicio político de defender su identidad, derechos y libertades, se les orilla a buscar de manera prematura e impetuosa la independencia económica, muchas veces en condiciones inseguras y precarias, o en el mejor de los casos a la migración. ¿Cuántas mentes brillantes se habrán perdido por el hastío a una sociedad que se niega a avanzar? ¿Cuántas personas buscan una nueva vida en un lugar más incluyente? No es azaroso que las ciudades con mayores oportunidades económicas y de empleo sean las que también cuentan con un mayor activismo social y un mayor apego al Estado de Derecho, como Guadalajara, Monterrey, Cancún, Guanajuato, Querétaro, Puebla y la Ciudad de México. Ante una mayor diversidad entre la población se multiplican las necesidades productivas y económicas, incrementando la especialización del trabajo, demandando más servicios y respuestas creativas a nichos de mercado. Por ejemplo, según la Organización Mundial de Turismo, esta actividad económica crece anualmente sólo un 3.8% a diferencia del turismo rosa con 10.3% de incremento al año; lo cual es un elemento para explicar el gran empuje de Puerto Vallarta y Cancún, declaradas Gay Friendly o ciudades amistosas, que no han logrado otras playas. Incluso se estima que el mercado rosa representa el 25% del gasto nacional a través de tarjetas de crédito. En vez de ampliar las posibilidades de desarrollo, en nuestro estado se cercenan y somete a las personas a vías únicas de realización.

Una querida amiga me dijo que habíamos llegado a una época de oportunidades porque las ideas retrógradas, inquisitivas y punitivas se habían quedado en las mentes de sólo algunos, pero esos pocos acumulan más poder político y económico, convencen a otros de vivir en la farsa por una posición más acomodada, y mientras persisten a cientos se les mutila la posibilidad de una mejor calidad de vida. Por ello, es tiempo de que las organizaciones de la sociedad civil, las personas que asumen el feminismo, la disidencia sexual, la lucha por los Derechos Humanos y el pensamiento científico, robustezcan su actuar para sumar personas, informar sobre nuestras necesidades, retos y oportunidades de una manera holística para que así se fortifique la voz de la racionalidad. Es necesario que muchos salgan del closet para evidenciar lo que hemos perdido, lo que han construido, el soporte que dan a la vida cultural, social y económica de Aguascalientes.

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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